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Los riesgos de (mal) vivir en un piso compartido

Una joven observa los anuncios del escaparate de una inmobiliaria en Vigo. |   // ALBA VILLAR

Una joven observa los anuncios del escaparate de una inmobiliaria en Vigo. | // ALBA VILLAR

Las dificultades para emanciparse y la precariedad laboral obligan a varias generaciones a compartir vivienda

Los desahucios causados por la falta de empleo de miles de personas en Galicia han derivado en un éxodo de adultos con sus familias a casa de sus padres, donde de repente en poco espacio deben convivir varias generaciones, con cuartos compartidos para mayores de edad o parejas que tienen que utilizar una estancia para dormir con sus hijos, fenómeno que coincide con las dificultades para vivir de forma autónoma de muchos veinteañeros y treintañeros a los que el mercado laboral solo les ofrece precariedad y sueldos insuficientes para pagar por sí solos un alquiler. Este tipo de sobreocupación de viviendas se ha disparado en Galicia durante el último lustro hasta el punto de que 40.089 gallegos viven hacinados en pisos con poco espacio, casi un 50% más que en 2015.

Las dificultades para emanciparse se han incrementado con la crisis causada por la pandemia de COVID-19 y la subida de los costes asociados a la vivienda, con la electricidad a la cabeza, lo que ha multiplicado la necesidad de apelotonarse en pisos más pequeños –de ahí el auge de los llamados “minipisos”– y, por tanto, más baratos o a que abuelos, hijos, nietos e incluso bisnietos convivan bajo el mismo techo.

La juventud, la víctima

“Está claro que ese aumento en los últimos años se debe a factores económicos y al retraso en la emancipación de los jóvenes, que hace que vivan juntos varias generaciones”, apunta el sociólogo Benjamín Porto. “Los grandes perdedores de la crisis de 2008 y de la del COVID son los jóvenes, especialmente aquellos con poca formación. Pagaron y están pagando el pato con una gran dificultad para acceder a la vivienda. Otro efecto es el retraso, por ejemplo, en la edad del matrimonio, que está ya en torno a los 5 años”, ilustra.

La mitad de casos de “sobreocupación” en hogares se registran en Pontevedra

La incidencia de esta “sobreocupación” de las viviendas pasó del 1,25% en 2010 al 1% en 2015 y repuntó hasta el 1,5% el año pasado, lo que supone 34.159, 27.117 y 40.089 gallegos en esa situación, según los datos del Instituto Galego de Estatística. Este organismo considera que se produce este fenómeno cuando una vivienda no tiene al menos una habitación por pareja, por persona soltera de 18 años o más, por pareja de solteros del mismo sexo entre 12 y 17 años o por pareja de niños menores de 12 años.

El aumento, además, se ajusta a la advertencia realizada por la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada), que sitúa la vivienda como primer factor de exclusión social en Galicia.

Pontevedra aparece como la provincia más afectada por este fenómeno, pues registra prácticamente la mitad de casos con 19.464 tras los 13.695 del año 2015. A Coruña pasó de 9.753 a 15.428, y Ourense de 1.752 a 3.782. Lugo fue la única provincia donde se produjo una caída del dato: de 1.918 a 1.415, según el IGE.

"Hace falta un sueldo superior a 1.000 euros para independizarse”

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“Compartir piso por parte de adultos e incluso familias es una manera de acceder a una vivienda. Hoy tener un apartamento puede costar como mínimo 400 euros de alquiler, a lo que hay que añadir un encarecimiento de la luz y el gas, que suponen otros 100 euros como poco. Hace falta un sueldo superior a 1.000 euros para independizarse”, describe Porto sobre los problemas para la emancipación.

La esperanza de vida también constituye, paradójicamente, un obstáculo. “Se hereda cada vez más tarde. Lo ideal es recibir una herencia como empujón para iniciar una vida adulta, pero si heredas a los 45 o 50 años de edad de poco vale. Ya las has pasado canutas”, explica antes de referirse a otro problema derivado de esta coyuntura.

Retraso de maternidad

“Este retraso de emancipación afecta también a la maternidad, cuya edad se va retrasando. Por eso aumenta el negocio de las clínicas de fertilidad. Se pospone tanto que luego las mujeres disponen de un periodo corto de fertilidad. Si no logran quedarse embarazadas pronto, acuden a estos centros con sus parejas”, ilustra sobre unas dificultades que vincula con la necesidad de “sueldos decentes” que permitan a los jóvenes independizarse y emprender proyectos vitales adultos.

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