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antonio rial boubeta | Psicólogo y profesor de la Universidade de Santiago

“El protocolo gallego de acoso escolar depura responsabilidades, pero no previene”

Rial Boubeta, ayer, en Santiago.

Rial Boubeta, ayer, en Santiago. Xoán Álvarez

La OMS y la Unesco llevan tiempo advirtiendo de que el incremento progresivo de la tasa de acoso escolar y de ciberacoso a nivel global está en la base del aumento de las depresiones infantojuveniles, patología de la que no es precisamente ajena Galicia. Lo advierte el profesor Antonio Rial Boubeta (Cangas, 1970), cuyo grupo en la Universidade de Santiago se ha convertido en uno de los referentes de la investigación en ese ámbito. Y no solo en España, sino también fuera, a través del National Anti-Bullying Centre, de Irlanda. Sus aportaciones en el análisis del fenómeno lo han llevado, junto a la investigadora predoctoral de su equipo Sandra Sanmartín, a integrar el Alto Comisionado de la Unesco para la lucha contra el acoso escolar y el ciberacoso.

–¿De qué se encarga ese Alto Comisionado en el que se integra?

–Se trata de formar parte del consejo asesor del Anti-Bullying Centre para establecer las directrices y las líneas estratégicas de trabajo de la lucha contra el acoso escolar y ciberacoso a nivel europeo y mundial.

–¿Cuáles son los grandes retos?

–Hay tres grandes desafíos. El primero es alcanzar una definición consensuada de qué se entiende por acoso escolar y ciberacoso, porque, si no, se va a medir mal. Se dice que para que haya acoso o ciberacoso debe haber intencionalidad. Sin embargo no necesariamente porque la normalización de la violencia hace que se pierda. Uno de los rasgos de la red es que se acosa o se insulta o se excluye de broma. También se dice que debe haber un desequilibrio de poder, pero tampoco necesariamente. Cualquiera puede hacer daño. Las principales formas de acoso son relacionales: menosprecio, ninguneo, burlas... También que tiene que haber una afectación clara, que la persona que lo sufre debe ser consciente desde el minuto uno, pero pasa como con la violencia de género entre las jóvenes, a veces no se reconoce. Hay muchos chicos que llevan tiempo sufriendo conductas de acoso y dicen que no si se les pregunta porque hay una normalización de muchas conductas y cuando se interioriza y se manifiesta, ya hay una afectación muy severa.

–¿Cuál sería el segundo desafío?

–El problema que no se visualiza no existe. Para que se visualice tenemos que ser capaces de ponerle cifras que deben ser vinculantes para las administraciones. Se trata de hacer estudios para poder comparar. .

–Pero los frentes no acaban ahí.

–El tercero tiene que ver con la detección precoz, porque estudios advierten de que a nivel mundial al menos el 40% de quienes sufren acoso escolar o ciberacoso tardan meses o años en decirlo. Tenemos que mejorar los sistemas de evaluación para no quedarnos en Galicia con una idea de autocomplacencia de que solo un 5,4% (Educonvives) percibe en su centro situaciones de posible acoso. Porque en el mismo informe uno de cada cinco habla de insultos, en PISA las cifras rondan el 18% y en nuestros estudios en provincias y localidades gallegas es una constante que las tasas de acoso son sensiblemente mayores de lo que muestran Xunta y PISA. Se trata de ponerse de acuerdo para definir y medir y que todos hablemos de lo mismo y sepamos cuáles son los perfiles más vulnerables para actuar y a la vez tener una herramienta objetiva para evaluar las políticas públicas. El problema existe y no es exclusivo de aquí, sino global.

–¿Qué le parece el protocolo de acoso y ciberacoso escolar gallego?

–Si la detección precoz es importante, la intervención inmediata también. Galicia fue de las primeras, con Madrid, con un protocolo para el acoso y es un esfuerzo que tiene que ser evaluado positivamente. No obstante, lo que hace el protocolo es gestionar los casos y depurar responsabilidades, pero no resuelve ni previene ni evita. Aunque se toman medidas correctoras, ¿qué pasa cuando el expediente echa a andar? Habría que ser capaces de una intervención inmediata para intentar proporcionar apoyo psicológico a la víctima y a su familia y no se hace. Y más allá de depurar responsabilidades, poner en marcha dinámicas de grupo porque el éxito no está en ser capaces de resolver el expediente en poco tiempo, sino en restaurar la convivencia.

–Y después de las cifras, ¿qué?

–Establecer programas e invertir en prevención. Por ejemplo, uno de los cursos del profesorado que mejor acogida tiene es el de prevención e intervención frente al acoso escolar. Los docentes lo agradecen y reconocen cosas que ocurren en el día a día y de las que no se percataban. Los datos dicen que en un 70-80% de casos los acosadores son de la misma clase: sucede a la vista de todos. Habría que invertir en formación y que llegue a todo el profesorado. Pero hay que distribuir la responsabilidad en más pies: en padres y administración, que tiene la mayor cuota. Hay que invertir recursos y también tiene que ver con un modelo educativo: en primaria hay que revisar los contenidos curriculares de las materias para que realmente haya una formación en valores y en habilidades de vida: trabajar autoestima, empatía... Además hay que invertir en dispositivos de atención. En la Xunta y la Consellería de Educación a nivel de gestión y profesorado hay profesionales muy sensibles y formados y experiencias que se sabe que funcionan. Se le pide a la Administración servir de apoyo para una estructura que perdure y se pueda mejorar.

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