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Experiencias para devolver la vida a áreas despobladas

Pueblo abandonado de Barxelas, en Ourense.   | // BRAIS LORENZO

Pueblo abandonado de Barxelas, en Ourense. | // BRAIS LORENZO

No hay recetas mágicas, ni sencillas, para devolver la vida a los pueblos que van languideciendo conforme sus habitantes mueren o se desplazan a otros lugares en busca de mejores opciones laborales o condiciones de vida. El 42% de los ayuntamientos españoles –41 de ellos en Galicia– está en riesgo de desaparecer si no revierte una dinámica demográfica que lleva a la despoblación a 3.403 municipios, según el diagnóstico que acaba de hacer el Banco de España. La entidad no profundiza –por ser un problema demasiado complejo y poliédrico– en las medidas que se deben tomar para mitigar la dimensión de la España vaciada; tan solo hace una aproximación y cita tres experiencias internacionales, en Escocia, Japón e Italia, a las que convendría mirar para tomarlas como referencia, no para copiar directamente, ya que habría que adaptarlas a la idiosincrasia española.

En todo caso, se trata de políticas aplicadas para afrontar el problema de la despoblación de los ayuntamientos rurales por falta de oportunidades. Y entre esas medidas, el tan socorrido incentivo a la natalidad que a veces se presenta como el santo grial, no figura como pilar.

Una agencia “milagrosa”

En las Tierras Altas de Escocia la clave de bóveda que permitió darle la vuelta a la dinámica demográfica fue la creación de la agencia Highlands and Island Enterprise (HIE), que como una de sus acciones más destacadas figura la adaptación de la oferta educativa a las necesidades del tejido empresarial con el objetivo de identificar y retener el talento joven de la región. “Esto es especialmente relevante en el contexto español a la luz de la evidencia”, sostiene el Banco de España.

La agencia escocesa también apostó por una estrecha coordinación de las acciones formativas con otras políticas de promoción del emprendimiento a escala local, en parte a través de empresas pertenecientes a la llamada economía social –aquellas actividades privadas que persiguen un interés colectivo común y que sobre todo buscan un fin social más que en la remuneración del capital, pero sin que por ello dejen de tener viabilidad económica–.

De casi medio millón de habitantes a mitad del siglo XIX, el declive poblacional llevó a las Tierras Altas a 380.00 vecinos en 1961, cuando se puso en marcha la agencia. Desde entonces, la población aumentó hasta 2011 un 22,4% –pasando de 380.000 a 466.000 habitantes–, cifras totalmente inéditas en cualquier otro territorio rural y de montaña europeo.

Gran parte del éxito se debe al hacer de la HIE. Se financia con fondos públicos, pero dispone de total autonomía de acción con respecto a las administraciones públicas y está totalmente despolitizada. Es muy flexible en sus actuaciones, pero la combina con una planificación estratégica consensuada con los agentes políticos y sociales, con las empresas, las administraciones públicas regionales y locales y con las universidades para no dejar nada al azar, tanto en los aspectos formativos como en el desarrollo de infraestructuras.

Además, actúa como un lobby ante las autoridades escocesas, británicas o europeas –antes del Brexit– para identificar y corregir los obstáculos legales y administrativos que impiden implantar las medidas de emprendimiento con los que fijar o atraer población.

Es destacable también en las Tierras Altas su red de internet de banda ancha que facilita el teletrabajo y que los universitarios sean los que más clases online reciban de toda Europa.

Agrupación municipal

El país nipón, según el Banco de España, siguió el ejemplo escocés de poner especial énfasis en retener a los jóvenes. Muchas zonas rurales de Japón parecen atrapadas en una espiral de baja natalidad y elevadísima población mayor que lleva a que la mitad de sus municipios, si continúan con las actuales tendencias demográficas, esté en riesgo de desaparecer para el año 2040.

Su actuación para corregir la despoblación del rural estuvo centrada, como elemento más destacado para el Banco del España, en la estrategia llamada “compactar y conectar”, consistente en la agrupación y reducción del número de municipios, que pasó de 3.200 en el año 2000 a 1.700 en 2013.

Este proceso ha constituido, en síntesis, no solo en una agrupación de entidades administrativas, sino que se hizo una planificación integral con el objetivo de aprovechar las ventajas comparativas y oportunidades de cada grupo de ayuntamientos en torno a un núcleo central que actúa con capacidad tractora para atraer población y, sobre todo, retener al sector más joven.

Gestión de fondos europeos

Como tercera experiencia a la que mirar, el Banco de España señala la Agencia por la Cohesión Territorial de Italia, constituida en 2013 y considera como un ejemplo de buenas prácticas por su desarrollo de una estrategia integral de lucha contra la despoblación rural.

Un elemento fundamental de su proceder es el diseño y la coordinación de los diferentes proyectos financiados con fondos europeos para acometer políticas de desarrollo local e innovación en la provisión de servicios en zonas rurales con una visión de conjunto a nivel nacional.

El caso español

El Banco de España solo hace una “aproximación” al papel que deberían asumir las políticas públicas en nuestro país, dado que el problema, profundo y complejo, necesita un análisis exhaustivo y, como no, una estrategia integral que aborde la provisión de servicios de internet y financieros en el mundo rural, la apuesta por las energías renovables o la mejora y provisión de servicios a una población envejecida y dispersa.

El Gobierno tiene en marcha el “Plan 130 medidas frente al reto demográfico” dotado con 10.000 millones de euros, si bien de momento poco más hay desarrollado que el anuncio de los objetivos que se buscan y los ejes de actuación.

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