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Diez años después del 15-M: las cenizas del rupturismo

Una persona observa los resultados en las elecciones gallegas de julio en Santiago | // BRAIS LORENZO

Una persona observa los resultados en las elecciones gallegas de julio en Santiago | // BRAIS LORENZO

“Estamos muertos. Yo seguiré votando a Podemos, pero no volveré a la militancia activa”. “Estoy absolutamente fuera de todo. Tras la debacle, me tomé un tiempo de reflexión y me centré en mi vida laboral”. “Habrá una asamblea dentro de un tiempo, pero no sé mucho más”. Estas tres declaraciones pertenecen a dos integrantes de Podemos Galicia y otro de Anova que formaban parte de la infantería de sus organizaciones, no en los primeros puestos, pero sí claves en las tareas de intendencia. Su paso atrás ilustra el fin de un ciclo político abierto hace diez años con el 15-M cuya primera prueba fue Galicia, con la irrupción de AGE, la inédita alianza de los nacionalistas de la Anova de Beiras y la EU de Yolanda Díaz. La comunidad anticipó la clausura de etapa con la catástrofe electoral del rupturismo el pasado mes de julio, cuando se quedó fuera del Parlamento gallego tras haber obtenido 14 diputados en 2016. La salida de la política de Pablo Iglesias, tótem de Podemos, ilustra ese cierre de puerta a un período de cambio del tablero político que ha provocado una sensación de decepción. “Estamos quemados, en coma”, ilustra un miembro del partido morado.

En 2016, En Marea, que entonces aglutinó a la nueva izquierda y parte de la vieja izquierda al margen del PSdeG y del BNG, cerró su campaña electoral en Santiago. En primera fila de aplausos, su candidato, el juez Luís Villares, con los alcaldes del cambio detrás, Xulio Ferreiro, Jorge Suárez y Martiño Noriega; el histórico Xosé Manuel Beiras; Antón Sánchez, portavoz de Anova; Carmen Santos, líder de Podemos Galicia; y Yolanda Díaz, referente de EU. Esta última es la gran superviviente de esa alineación, pues es vicepresidenta del Gobierno, ministra de Trabajo y está llamada a liderar la refundación de Podemos, aunque no milita en el partido y también abandonó EU. Del resto, solo Suárez mantiene un cargo institucional como concejal en Ferrol. La mayoría dejó la política.

El varapalo sufrido en Galicia dejó en shock a todos estos actores políticos, conscientes de la oportunidad perdida en su apogeo de apoyo popular, que los llegó a las Alcaldías de A Coruña, Santiago y Ferrol como símbolos de un nuevo tiempo de rebeldía contra la troika y los recortes.

Ahora, toca refundarse, pero para ello parece necesaria sangre fresca, nuevo discurso, implantación territorial... reconstruir un edificio calcinado hasta los cimientos. “No hay soluciones mágicas salvo trabajar de la mano de los movimientos sociales ecologistas, de colectivos de defensa de la sanidad pública y del medioambiente. Y aun así, no significa que se vaya a conseguir un éxito y levantar algo a la izquierda del PSdeG y al margen del BNG”, apunta un miembro de Anova.

El partido fundado por Beiras pasa horas bajas, aunque alguno de sus veteranos recuerda que vienen precisamente del activismo, pasando por alto el peso de su histórico creador, sin el cual está por ver su capacidad de rearme. “A corto plazo no hay nada que hacer”, apunta un militante de la organización, que celebrará a final de año una asamblea concebida como refundadora. En el aire, la continuidad de Antón Sánchez, exdiputado, como portavoz nacional. Es el único referente de calado que le queda a la organización.

Pero cualquier futuro será diferente. De predicar la unidad fraterna de mareas y partidos, se pasó a la guerra civil interna en el Parlamento y la ruptura de relaciones. “Con Podemos no hay comunicación”, apuntan desde Anova. Los morados también rompieron con Marea Atlántica en el concello de A Coruña, donde su representante se fue al grupo de no adscritos, síntoma de la disolución de un tiempo político.

A Podemos le tocó dar la cara la noche electoral gallega, pues Antón Gómez-Reino, su líder, era el cabeza de cartel de Galicia en Común. No obtuvo ningún representante, aunque se produce la paradoja de que Yolanda Díaz vive en la cresta de la ola de popularidad, con cierta indulgencia de los medios que han satanizado durante años a Iglesias.

La primera línea de Podemos Galicia es historia, con Carmen Santos, Marcos Cal o Luca Chao en sus respectivos hogares. “Como militante tampoco me llegan comunicaciones, creo que hacen formaciones on line, pero poco más”, apunta un inscrito. Ese parón contrasta con la versión oficial de que cuentan con 27.210 inscritos y 50 agrupaciones activas frente a las 10 cuando Gómez-Reino alcanzó una Secretaría Xeral que mantiene para sorpresa de muchos. También incumplió su promesa de dejar el Congreso para centrarse en Galicia tras no lograr acta en O Hórreo.

Ahora, defiende agotar el año y medio que le resta de mandato para “agrandar nuestro espacio” y evitar repetir de error de centrarse en debates y luchas internas. “Humildemente, nos toca buscar nuevos referentes, que es lo que estamos haciendo, y trabajar para tener una amplia representación en las elecciones municipales [previstas en 2023]”, apunta Gómez-Reino, que considera imprescindible a Podemos para un cambio en Galicia que aparte al PP de la Xunta.

Esa preparación del relevo a su generación es la que se prepara a nivel estatal. “Intuyo que habrá más menores de 30 años en la nueva dirección”, avanza. Luego le tocará a Galicia.

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