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La otra “carrera” de los licenciados extranjeros para homologar un título

De izquierda a derecha: Charlotte Maria Fielden, Joaquín Ramos, Lucero Dámaso, Juan Cid y Ryusuke Ishihara

De izquierda a derecha: Charlotte Maria Fielden, Joaquín Ramos, Lucero Dámaso, Juan Cid y Ryusuke Ishihara FDV

Entre los 15.000 extranjeros que esperan homologar un título universitario en España –una odisea por la pesada burocracia– se encuentran decenas de residentes en Galicia, como Joaquín Ramos (con doble nacionalidad, estadounidense y española), la mexicana residente en Vigo Lucero Dámaso o la inglesa asentada en Pontevedra Charoltte Fielden. El Ministerio de Universidades anuncia que prepara un “plan de choque” para rebajar la espera de hasta más de dos años.

Cinco años: uno de papeleo y otros cuatro de proyecto de fin de carrera. Es decir, lo mismo que tardaría en obtener, a curso por año, una licenciatura en España. Eso fue lo que tardó el arquitecto japonés Ryusuke Ishihara en obtener una homologación de su título para poder ejercer su profesión en su nueva residencia en Galicia. A Vigo llegó tras un viaje por el mundo de tres años durante el que decidió conocer un poco más España y Galicia en concreto. La idea de quedarse aquí unos meses se convirtió... en 15 años. Y encontró a su pareja en la ciudad olívica. De hecho, la pontevedresa Suevia Sobral Santiago le ayudó en los trámites. “Fue casi como estudiar una carrera de nuevo. Fue durísimo. Siendo española, a veces me sentía un poco avergonzada de cómo estaba funcionando aquella universidad. Parecía que los alumnos de homologación no importaban demasiado. Mientras que la Administración funcionó bien –aunque era todo muy burocrático y le pidieron “prácticamente el expediente académico de toda su vida”–, en la facultad en Madrid nos pusieron de todo, menos facilidades”, recuerda Suevia.

Es solo un ejemplo real, sucedido en Galicia recientemente, que ejemplifica a la perfección que hacer efectiva la homologación en de un título en España supone una travesía burocrática que puede ir de los nueve meses a los dos años para los diplomas europeos, pero puede extenderse hasta cuatro años o más si se trata de títulos extracomunitarios como era este caso. La noticia llega del Ministerio de Universidades, que acaba de anunciar que preparan un decreto en el que se compromete a acortar los plazos de espera hasta menos de seis meses, simplificando trámites. Y para las 15.000 personas que ya lo han solicitado, el ministerio lanzará un “plan de choque”, que consiste en digitalizar los expedientes y contactar con los demandantes telemáticamente (desterrando el correo certificado). Es obvio que contar con un título universitario no sirve de mucho si no te permite ejercer. Y de ahí que, cuanto más tiempo transcurre en las homologaciones, más posibilidades existen de que el o la migrante tengan que acabar trabajando en precario.

El ministro Castells ha prometido acortar los plazos de espera a menos de 6 meses

Frente a lo que cabe pensar, lo más difícil para el arquitecto japonés asentado en Vigo no fue trasladar todo su expediente educativo de Japón. Y eso que, como hasta ahora, tuvieron que hacerlo todo “en papel”, no de forma digital como acaba de prometer el ministro Manuel Castells. Tras lograrlo y traducirlo en pocos meses, para ellos, efectivamente, comenzaría una odisea.

Castells anuncia 142, 85 millones para "digitalizar" el sistema universitario Agencia ATLAS / EP

Paciencia

Para empezar, porque en algunas facultades de Arquitectura como la de A Coruña le obligaban a cursar (de nuevo) todas las asignaturas troncales. “La decana de entonces reconoció que había un chico sudamericano intentándolo desde hacía 7 años”, recuerda Suevia poniendo énfasis en que su pareja ni siquiera compartía el idioma nativo, “así que la única opción que teníamos en ese momento se vino abajo”. Luego decidieron escribir a facultades de Arquitectura de Madrid y Valencia. Sería una de la capital española la que les contestaría, requiriendo el requisito de realizar el proyecto de fin de carrera. “Fue bastante duro el proceso total”, reconoce Ryusuke. La situación se extendió desde 2011 hasta 2016. Y fue caro, en todos los sentidos. Al dispendio de sufragar los viajes durante cuatro años (Vigo-Madrid) se une el hecho de no poder trabajar mientras se realiza esa complicada tarea. “Había 20 alumnos, creo recordar, en el grupo de homologación de título al principio. La gente se fue desmotivando y abandonando y al final, se quedaron solo Ryusuke Ishihara y otro alumno japonés”, recuerda Suevia. De no obtener el proyecto en cuatro años, además, se verían obligados a arrancar el procedimiento de nuevo. Hubo de todo. También, peripecias de última hora. En la última semana de clase, le robaron el ordenador con el proyecto finalizado –y todos los planos–, con lo que se vio obligado a rehacer gran parte del trabajo en tiempo récord.

  • “Fue duro: me pidieron hacer el fin de proyecto y en otras facultades, cursar todas las troncales”

    Ryusuke Ishihara - Japón. Arquitectura

Y, como en toda buena historia, la del japonés y la pontevedresa tiene un final inesperado: “Tristemente, la homologación no nos ha valido de nada, porque Ryusuke Ishihara logró trabajo en una empresa japonesa del sector del pescado”, reconocen. “El otro chico japonés que homologó el título junto a él y que vive en Barcelona, sin embargo, sí trabaja de arquitecto”, explican.

La otra cara de la moneda es que la espera por convalidaciones abocaba a muchos extranjeros a trabajos precarios al llegar a Galicia. Son muchos los inmigrantes con una formación invisible que se ven obligados a encadenar empleos de baja cualificación para sobrevivir.

No es raro encontrar a personas que tiran la toalla. Siguiendo por la rama de Arquitectura, Andrea, una chilena afincada en Galicia que obtuvo el título en Chile y luego hizo otra carrera en Alemania está en esa situación. “Empezó con el proceso de convalidación, pero que lo dejó porque le pidieron más documentos y tenía que aportar el plan docente de todas las asignaturas, además de seminarios... y abandonó”, relata su amiga, la licenciada por la Universidad Tu de Berlín, Anna Farr, que vive en Vigo.

Sueño en espera

Otro caso que podría, incluso, acabar en demanda, es el del gallego con doble nacionalidad (española y estadounidense) Joaquín Ramos. “Llevo más de dos años esperando por la equivalencia del título de Filología Hispánica, tras aportar todos los documentos de la mejor universidad pública de Virginia correctamente apostillados, para poder presentarme a unas oposiciones. Para mí es una tragedia porque mi vocación es la docencia y quiero aportar aquí mi conocimiento”, explica desde Valladares, en Vigo, el filólogo. Aunque ahora trabaja para una empresa internacional, Joaquín sueña con ejercer en Galicia como profesor. “He pagado más de 200 euros en tasas y un viaje a EE UU en el que conseguí todos los documentos en dos días, mientras que aquí llevo esperando dos años por la homologación”, lamenta.

  • “Llevo dos años con mi vocación truncada, esperando homologación”

    Joaquín Ramos - EEUU. Profesor filología hispánica

El profesional, nativo en inglés, coincide con las declaraciones del ministro Castells (“es de vital importancia para nuestro mercado laboral atraer el talento que necesitamos para recalificar nuestro país”) y cree que “podrían resolverlo en cuestión de horas”. Por eso apunta a “fallos garrafales” en su proceso, salpicado de exigencias. Y de ahí que valore, incluso, recurrir a una reclamación judicial. “Espero que se resuelva por las buenas; les respondí en enero por registro, email, y formulario de contacto y aún no han contestado”.

En algunas carreras, sobre todo de la rama sanitaria, además de la homologación de las asignaturas cursadas en el país de origen, el Ministerio de Universidades exige superar unos requisitos formativos complementarios para poder ejercer en España. Para ello, las universidades realizan dos convocatorias de exámenes al año. Pero la pandemia alteró el funcionamiento interno de los campus y en algunas facultades han quedado paralizados. La Universidade de Vigo, no obstante, es una de las que ofrece complementos para superar las carencias de formación que exige el Ministerio para la homologación o equivalencia de títulos extranjeros. En el caso de la enfermera Mariela Duarte, que llegó de Uruguay, aunque de su expediente ya se cumplieron 17 años –comenzó en 2003– tuvo que esperar tres años por la convalidación de título para poder ejercer en Galicia. “Hay gente que desistió por el camino”, reconoce.

“La homologación de los títulos básicos, de la enseñanza secundaria se demoró alrededor de seis meses cuando yo lo hice”, explica el chileno asentado en Vigo Juan Cid, que solicitó al mismo tiempo los trámites de residencia al tener una hija nacida en Galicia de madre gallega. “No podía trabajar, pero como sé cocinar, pasé un tiempo de ayudante en el hotel Bahía hasta que ya empecé a trabajar como director artístico de una compañía de danza en la Fundación Igualarte durante dos años. Allí monté dos obras en un proyecto bastante ambicioso de diversidad funcional, porque soy coreógrafo e intérprete”, añade Juan. “Pero con el COVID-19, mi trabajo se redujo a la mitad”, asegura. Ahora se ciñe a lugares alternativos: “Al estar ahora los escenarios prácticamente cerrados, me quedé sin trabajo”. Al haber obtenido el título en Argentina y luego haber pasado por varios países de Europa, Juan Cid no trajo su título de Danza, coreografía e interpretación, así que solo pudo convalidar los estudios básicos. 

  • “Mientras llegaba la convalidación, trabajé de ayudante de cocina”

    Juan Cid - Chile. Artes escénicas, coreografía y danza

Sin contacto

Por su parte, Charlotte María Fielden, llegada de un pequeño pueblo cercano a Manchester, en el Reino Unido, está también a la espera: “Me enamoré de Galicia. En mi estancia aquí tuve varias parejas, pero mi flechazo fue con esta tierra, esta ría y esta provincia son muy especiales”, sonríe. “Aún estoy en proceso de convalidar mi postgrado de Filología y es el tercer año”, asegura. “No hay forma directa de ponerte en contacto con ellos. En cada carta, me piden un documento que ya les he enviado”, se lamenta la joven inglesa.

“El Máster ya me han dicho que no puedo convalidarlo, cuando en Inglaterra soy profesora en cualquier sistema público o privado. Pero si yo quiero trabajar aquí en la pública, tendría que tener convalidado el documento”, aclara. “Llegué a Pontevedra en 2013 y al principio me costaba entender que no podía ser profesora. Me lo tomé con optimismo y me dediqué a aprender gallego, pero ahora estoy un pelín desganada. He perdido prácticamente la esperanza de que pueda ser profesora en el sistema público. Ahora soy docente en academias y en clases on line. Estoy contenta, pero me hubiera gustado trabajar en el sistema público”, lamenta.

  • “Espero desde hace tres años por mi postgrado y doy clase en academias”

    Charlotte Maria Fielden - Manchester (Reino Unido). Profesora

Algo caótico

Precisamente, otra profesora llegada de EE UU y actualmente en Galicia, Emma Westby, añade que tuvo que pedir todas las notas de cuatro años de estudio –e incluso la nota del examen de acceso a la universidad– para empezar la carrera de Ciencias del Lenguaje y Estudios Literarios en la UVigo.. “No sé si afectó la pandemia en lo que ha ocurrido, pero pedí en abril del año pasado todo mi expediente. Luego tenía que traducirlo. Mis padres enviaron los documentos, pero se perdieron en el envío y tuvimos que reiniciar el proceso. Cuando al final entregué todo, tuve que esperar otro mes para entrar en la universidad, cuando por fin, en noviembre, llegó la convalidación de todas mis notas; fue algo caótico”, explica. “Pero fue para acceder a la universidad, no me quiero imaginar si es para conseguir un trabajo”, resume.

El aterrizaje tampoco fue fácil para la mexicana Lucero Dámaso, asentada en Vigo: “Estudié la carrera de Contador Público y Auditor hace veinte años”, explica. “Tengo el título de licenciada en Contaduría –que no existe en España– por lo que gestioné la equivalencia en la Universidade de Vigo a mediados de 2018. Mi titulación aquí equivale a alguna carrera de Económicas y yo elegí ADE. Se adecuaba al plan de estudios que yo estudié en mi país. Además, tengo máster y postgrados en México y Corea del Sur, así como un doctorado en Francia”, relata.

  • “Aún espero tras solicitar hace casi tres años la equivalencia en la UVigo”

    Lucero Dámaso México. Administración y dirección de empresas

“Me pidieron todos los certificados, apostillados y traducidos al castellano de máster y doctorado, así como los planes de estudios de cada postgrado. Me dijeron en el Ministerio de Educación que tardarían unos nueve meses, pero el comité aún no me ha dado respuesta. Me lo esperaba, porque son muchas asignaturas diferentes a las de España”, asegura. Mientras, Lucero trabaja en una oficina en una céntrica calle de Vigo, “donde paso horas trabajando asesorando a un colectivo esencial”, asegura sonriente.

Como resultado de todo ese laberinto burocrático, muchos extranjeros se ven abocados a la precariedad laboral durante meses o años. Por eso, todos aplauden la mejora prometida por el Gobierno.

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