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Los efectos secundarios del COVID: miles de mayores gallegos se quedan solos

Los mayores gallegos que viven solos crecen en 13.000 el año del coronavirus

Los mayores gallegos que viven solos crecen en 13.000 el año del coronavirus

El COVID se ha cebado con la población mayor. No solo les afectó más la enfermedad y hubo más fallecidos sino que además la crisis sanitaria ha incrementado su vulnerabilidad social. Durante 2020 la cifra de ancianos que residen solos en Galicia se disparó hasta los 139.700. En solo un año trece mil jubilados dejaron de estar acompañados y empezaron a vivir en soledad.

El incremento de la mortalidad por el virus deja más viudos al tiempo que se frenó el acceso a las residencias | La cifra de ancianos en situación de soledad se eleva a 139.700

La mayoría quedaron viudos durante una pandemia que elevó las tasas de mortalidad entre la población anciana. Pero además se frenó el acceso a las residencias, muy castigadas por el virus. El resultado es que el número de gallegos de más de 65 años residentes en hogares unipersonales bate récords.

Desde 2013 no se registraba un incremento tan fuerte en la cifra de mayores que viven solos. De hecho, en 2019 incluso se redujo ligeramente la cifra al ganar peso la opción de los centros de mayores. Sin embargo, llegó la pandemia y propagó la soledad. En un año los ancianos que residen sin compañía crecieron un 10 por ciento. Es el quinto mayor incremento de España, según los datos de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE). Solo en Canarias, Asturias, Murcia y Andalucía hubo un mayor crecimiento de hogares unipersonales de personas de más de 65 años.

Los riesgos que trae consigo la soledad de estos mayores son enormes. “Es un problema grave que conlleva un alto coste físico y mental”, explica la psicóloga Sacramento Pinazo-Hernandis, en un artículo que acaba de publicar en el CSIC. Por un lado, estas situaciones “elevan los problemas de salud, disminuyen la capacidad funcional y aumentan la mortalidad prematura”. Cuando los mayores viven solos se alimentan peor y hacen menos ejercicio, además del deterioro psicológico y cognitivo que sufren por el aislamiento.

“La pandemia ha puesto en grave riesgo de soledad a las personas mayores”

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A una mayor soledad se suma que durante la crisis sanitaria del COVID muchos de los recursos públicos disponibles para mejorar el bienestar de los ancianos permanecieron parados o funcionaron con menor intensidad, desde los centros de día hasta los programas y terapias que recibían muchos mayores con problemas de dependencia.

La soledad agrava los problemas de salud y eleva la mortalidad prematura

La Xunta ultima una Estrategia Gallega de Atención a la Soledad no Deseada para abordar la situación de estos mayores. Entre las medidas de este plan, está la puesta en marcha de un sistema de rastreo social para detectar casos de ancianos que vivan solos en situación de riesgo. Según explican, esto sucede sobre todo en momentos de “transición vital” como quedarse viudo, la marcha de los hijos o la jubilación. Y para detectar estas situaciones echará mano de médicos, trabajadores sociales, farmacéuticos o incluso fruteros, que actuarán como una especie de “radar” para localizar a estos mayores y así poder actuar para aliviar su soledad.

Los mayores que viven solos son la mitad de todos los hogares unipersonales que hay en Galicia y que están en continuo incremento. Según las estadísticas del INE, en la comunidad gallega hay 1.096.200 hogares, 6.500 más que un año antes. Pero su tamaño es cada vez menor. Hay casi 7.000 gallegos más viviendo solos –el incremento se debe básicamente a una mayor soledad entre los mayores que compensa el descenso de 6.000 menores de 65 años residiendo en hogares unipersonales–.

Estas viviendas compuestas por un único miembro suman 290.500 en Galicia y son el 15 por ciento del total. El tipo de hogar más numeroso es el de una pareja con hijos (320.400), pero en 2020 se redujo un 0,5 por ciento.

El mayor descenso se dio en los hogares monoparentales, formados por un padre y una madre y sus hijos. De 113.800 se pasó a 105.700.

El tamaño medio de un hogar gallego es de 2,4 personas. Está por debajo de la media nacional de 2,5 miembros.

Hogares cada vez más pequeños en viviendas grandes

A medida que encogen los hogares gallegos y se reduce el número de miembros que los conforman, se van quedando cada vez más habitaciones vacías en las casas. A tenor de los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, los gallegos no sufren excesivas estrecheces en sus viviendas, lo cual es una ventaja cuando una pandemia obliga a hacer confinamientos domiciliarios.

El 80 por ciento de los hogares gallegos vive en pisos o casas de más de 76 metros cuadrados. Solo 19.400 viviendas tienen menos de 46 metros cuadrados. Si se tiene en cuenta el número de miembros de cada hogar, hay 196.400 gallegos que pese a vivir solos disponen de más de 76 metros cuadrados de vivienda. Esto supone que, al final, muchos cuartos se quedan vacíos y desaprovechados. En 284.000 hogares donde solo vive una persona, hay disponibles más de tres habitaciones. ¿Y qué pasa con las familias numerosas? En núcleos compuestos por cinco personas o más, el tipo de vivienda más habitual tiene más de 106 metros cuadrados y siete o más habitaciones. Solo hay 3.700 viviendo en un inmueble con menos de 75 metros cuadrados.

Alquileres

Durante el año de la pandemia se redujeron los hogares que viven de alquiler: nueve mil menos. Si en 2019 más de 165.000 familias pagaban un arrendamiento, en 2020 disminuyeron hasta 156.400.

Por el contrario, siguen al alza las viviendas cedidas gratis o a bajo precio. Casi 78.000 hogares disfrutan de un piso o una casa que le prestan familiares o amigos. Son casi 8.000 más que hace un año.

El encarecimiento de los alquileres y su reducida oferta ha convertido las viviendas cedidas en una opción cada vez con mayor auge.

En cuanto a la vivienda en propiedad, hay 647.100 familias que ya tienen casa pagada o heredada y otras 214.900 que aún están pagando la hipoteca.

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