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Cristina Fernández | Centro de Investigación Forestal de Lourizán

“Hay reticencia social a usar el fuego contra los incendios”

Cristina Fernández. | // O. CORRAL

Galicia quiere usar el fuego contra el fuego. Sobre la mesa tiene una nueva hoja de ruta: multiplicar las quemas selectivas de montes para crear barreras de contención naturales, regenerar la vegetación y frenar los “superincendios”, esos fuegos de sexta generación que se propagan hasta doce veces más rápido de lo normal y que pueden causar una devastación tremenda, como demostró, por ejemplo, el que afectó a la localidad lusa de Pedrógão Grande en 2017; allí las llamas mataron a 66 personas y arrasaron 500 casas. En octubre de aquel año, tres días sumieron Galicia en una tormenta de fuego que acabó con la vida de cuatro personas y carbonizó 50.000 hectáreas. La experta Cristina Fernández, del Centro de Investigación Forestal de Lourizán, ofrece en esta entrevista las claves para entender la iniciativa de la Xunta.

–¿Qué ventajas tienen las quemas prescritas como método para prevenir los incendios? Choca el uso del fuego para esa tarea.

–Hay falta de pedagogía en el papel del fuego en la evolución de los ecosistemas naturales. La ecología del fuego busca una gestión más natural de los espacios forestales y naturales teniendo en cuenta un agente típico de evolución de los sistemas. Renunciar al papel ecológico del fuego es hacer evolucionar a los ecosistemas a situaciones que no son muy naturales. Eso a Europa ha llegado más tarde y es bastante difícil de entender, pero muchas de nuestras especies vegetales están adaptadas al fuego. Si no se queman y se renuevan, se vuelven senescentes y pierden su capacidad de reproducirse, como algunas especies matorrales. Necesitan ser rejuvenecidos y la forma más natural es quemarlos.

–¿Qué objetivos tiene?

–En una zona puedo saber que voy a tener la progresión de un gran fuego en verano que va a causar muchos daños. Antes, lo quemo yo controlando la situación, reduciendo el posible combustible. De hecho las quemas se hacen en invierno, con más humedad y lluvias.

–¿Se eliminaría maleza, por ejemplo, alrededor de las casas, creando cortafuegos naturales?

–Esa es la idea: defender el territorio usando el fuego. En muchos lugares se pide que se queme. Por ejemplo, gente con ganado en el monte. A sitios impenetrables muchos animales tampoco pueden entrar o puedes tener más cerca de casa el jabalí.

–Pero, ¿es mejor quemar que podar? ¿No se erosiona el suelo?

–Una quema prescrita se hace en invierno, con determinadas condiciones de humedad del suelo para evitar que este resulte dañado. Es una prescripción como la receta de un médico. Eliminas o reduces el combustible, la vegetación, pero sin afectar a otros componentes del ecosistemas. En el CIF hemos comparado los efectos con un desbroce. ¿Qué es mejor? Los desbroces muchas veces no se pueden hacer por las condiciones del terreno, de peligrosidad, pendiente... y en ocasiones no pueden reproducir los efectos del fuego. Algunos brezales, por ejemplo, solo se reproducen por semilla y necesitan luz. Si están cubiertos por maleza y no se quema el mantillo, no nacen.

–¿Y por qué no se usa más esta vía, que ya está permitida?

–El uso de las quemas prescritas está muy limitado en la normativa y hay una especie de reticencia social a usar el fuego como técnica de prevención; defenderse del fuego con el fuego aún se entiende mal. Ahora se pretende hacerlo más flexible. Además, el terreno aquí se recupera rapidísimo. En 4 o 5 años se puede tener la misma cantidad de combustible que antes de un fuego.

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