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Galicia cambia de estrategia: fuego contra los “superincendios”

Arden 40 hectáreas en Santiago. Un incendio forestal calcinó ayer 40 hectáreas (10 arboladas y 30 de monte raso) en la parroquia de Figueiras, en Santiago. Las llamas comenzaron a las 5:50 horas de la madrugada y fueron extinguidas a las 15:11 horas, informó Medio Rural. En las tareas de extinción participaron 4 agentes, 9 brigadas, 6 motobombas, 1 pala y 4 helicópteros. Dadas las condiciones meteorológicas con viento, la Xunta prohibió desde el viernes las quemas de restos agrícolas y forestales de particulares. | XOÁN ÁLVAREZ

Galicia quiere usar el fuego contra el fuego. Sobre la mesa tiene una nueva hoja de ruta: multiplicar las quemas selectivas de montes para crear barreras de contención naturales, regenerar la vegetación y frenar los “superincendios”, esos fuegos de sexta generación que se propagan hasta doce veces más rápido de lo normal y que pueden causar una devastación tremenda, como demostró, por ejemplo, el que afectó a la localidad lusa de Pedrógão Grande en 2017; allí las llamas mataron a 66 personas y arrasaron 500 casas. En octubre de aquel año, tres días sumieron Galicia en una tormenta de fuego que acabó con la vida de cuatro personas y carbonizó 50.000 hectáreas.

El Eixo Atlántico alertó un año después del peligro que se cernía sobre Galicia y el norte de Portugal por culpa del cambio climático. “Tenemos todas las condiciones para sufrir incendios de sexta generación, así que debemos crear, sobre todo, resiliencia en el monte”, advierte el bombero forestal Jorge García. “Y el fuego puede ser un gran aliado, aunque visualmente puede ser malinterpretado”, añade.

Australia, Estados Unidos o Canadá han multiplicado el uso de las quemas controladas de monte como método natural de prevención y Galicia quiere seguir su senda, con el aval científico del Centro de Investigación Forestal de Lourizán.

El nuevo plan de prevención de la Consellería de Medio Rural contempla un cambio legal para impulsar esos usos. Modificará el decreto de 2006 que regula los tres tipos de quemas permitidos en Galicia. Se trata de las agrícolas, las realizadas por particulares en sus fincas; las forestales, también de particulares; y las prescritas, en manos de la administración.

El objetivo del departamento dirigido por José González pasa por simplificar los trámites para poder multiplicar esas quemas prescritas por parte del Servizo de Prevención e Extinción de Incendios, que incluso las utilizaría para las prácticas de su plantilla. “El nuevo decreto busca incorporar las quemas prescritas como posibilidad para la gestión de biomasa –más allá de las ya contempladas quemas agrícolas y forestales– debido a sus beneficios para favorecer determinados hábitats, para eliminar formaciones arbustivas de forma selectiva o para reducir las cargas de combustible forestal en la prevención de incendios forestales”, exponen fuentes de Medio Rural.

En la actualidad, esa figura está ya contemplada, pero se usa poco por la complicación burocrática para obtener autorización y por falta de costumbre. “Ahora se queman de forma controlada entre 1.000 y 2.500 hectáreas al año, en función de las condiciones, pero la cifra adecuada debería ser al menos 10.000 ante la cantidad de combustible que tenemos en el monte gallego”, apunta García.Esa superficie sería un poco menos que toda el área del concello de Vigo. Ese método es viable frente a las rozas: “Sería inviable aplicar tratamientos silvícolas en todo el monte, no habría fondos suficientes”.

Se trata de acciones muy técnicas. “Debe realizarse en lo que llamamos una ventana de oportunidad, es decir, con unas condiciones atmosféricas, de humedad y combustible determinadas en función de la zona donde se va a quemar, siempre muy delimitada”, acota García.

La planificación, por tanto, debe ser exhaustiva en cada una de estas quemas selectivas, que se realizan entre noviembre y marzo con unos niveles de humedad en el ambiente y el suelo idóneos para evitar que se pierda el control de la situación y que se erosione el suelo.

El cambio climático dispara los riesgos de grandes incendios precisamente al generar una gran cantidad de biomasa en el monte que una chispa puede convertir en un polvorín. “Ya tenemos un clima casi mediterráneo y un combustible atlántico, de bosque atlántico, con gran carga de matorral y árbol. La media de combustible es de 11 toneladas por hectárea en España y aquí es de 32”, advierte García.

Esas condiciones facilitan los incendios de sexta generación que avanzan rápidamente y cercan casas en un rural con cada vez menos población y menos agricultura, lo que crea corredores de continuidad entre monte y localidades.

Ante esa situación, Medio Rural apostará por quemas selectivas. ¿Cómo? Pues quemando bajo el arbolado el manto de vegetación para reducir el combustible, pero sin dañar el suelo, o creando áreas de seguridad alrededor de las poblaciones, como cortafuegos naturales, quemando matorral. Si se calcina bajo control la maleza cerca de un fuego, se impedirá que este se propague.

Tres apuntes

Medio Rural simplificará la tramitación de permisos para quemas prescritas. Desde 2016 se realizaron 293 acciones de este tipo en Galicia.

1 Un nuevo decreto para facilitar quemas

Cada quema requiere un plan detallado sobre la zona y sus condiciones (humedad, clima...). Se realizan en otoño e invierno.

2 Un plan y una ventana de oportunidad

Las quemas reducen el combustible para el fuego, ayudan a controlar plagas, favorecen la biodiversidad y protegen las poblaciones.

3 Más biodiversidad de forma natural

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