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Cuando beber y conducir se convierte en delito

Control de alcoholemia y drogas en Cambados Noé Parga

El próximo mes de abril se cumplen 36 años de la campaña “Si bebes, no conduzcas” con la que la DGT se proponía atajar las negras estadísticas de consumo de alcohol al volante. Pese a los continuos operativos de sensibilización sobre el nefasto binomio “alcohol y conducción”, la radiografía de los accidentes mortales en Galicia y el balance de positivos ponen de manifiesto lo difícil que resulta concienciar del riesgo que entraña ponerse al volante tras haberse tomado una copa de más. En la actualidad, uno de cada tres siniestros con fallecidos es causado por el consumo de alcohol y más de un centenar de conductores son interceptados cada mes con tasas de alcohol tan elevadas que se enfrentan a penas de prisión. En los últimos cinco años, las patrullas de la Guardia Civil de Tráfico en Galicia sorprendieron a más de 7.500 delincuentes viarios ebrios, al superar los 0,60 mg/l en aire espirado. Por encima de esta tasa, el Código Penal tipifica el consumo como un delito, por lo que el infractor se enfrenta a una pena de cárcel de entre tres y seis meses, una multa o la realización de trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días y la retirada del carné entre uno y cuatro años.

A día de hoy, los delitos por alcoholemia en la comunidad representan más del 50% de las infracciones penales en carretera y suponen casi el 20% de los positivos interceptados. Es decir, dos de cada diez conductores sorprendidos tras haber consumido alcohol circulaban con una tasa tan elevada que los llevó al banquillo por un delito viario.

Este tipo de infracciones penales las protagonizan hombres aunque desde el Sector de Tráfico advierten de que el número de mujeres es cada vez mayor. Y en contra de lo que se suele pensar, la gente joven respeta bastante: “Están más concienciados y en las zonas de ocio nocturno ya es normal ver la figura del conductor alternativo y el uso del transporte público”.

Sorprendente

“Los más llamativos son los de los conductores profesionales”, apunta Héctor Teixeira, guardia civil del Sector de Tráfico. “No deja de llamar la atención que el conductor de un transporte escolar dé positivo o que un camionero que circula con 23 toneladas de mercancías peligrosas inflamables vaya dando bandazos por la autovía”, lamenta. No hace mucho se detectó un camionero que, con 40 toneladas al volante, pretendía llegar desde Ourense hasta Lisboa quintuplicando la tasa de alcohol. Fue detectado en la A-52 en Ponteareas.

“Nos preocupa y mucho, de ahí que detectar este tipo de conductas en carretera es un objetivo prioritario. Vamos a poner todo nuestro empeño en evitar que alguien utilice el vehículo después de haber consumido alcohol. No podemos consentir que la gente muera en carretera por algo evitable”, advierte Teixeira”

Los datos de los últimos cinco años en Galicia –más de 7.500 delitos por alcoholemia, casi 1.200 en 2020– ponen de manifiesto que se trata de una conducta difícil de corregir, máxima en una comunidad con dispersión poblacional y una extensa red viaria. Solo de carreteras locales, sin contar autonómicas o provincias, son más de 50.000 kilómetros. Desde la Agrupación de la Guardia Civil reconocen que estas particularidades hacen que el uso del vehículo sea algo habitual para cualquier actividad, y en ocasiones ese exceso de confianza hace que se tome el vehículo con unas copas de más. “En Galicia desde hace años, los guardias civiles realizan una intensa vigilancia y control de estas conductas, bajamos casi con el etilómetro en la mano y se realiza un gran número de pruebas”, detalla Teixeira.

“Agente, haga usted la prueba para ver si el aparato funciona bien”


Pese a ser sorprendidos con más del doble de la tasa permitida, muchos conductores tratan de buscar una justificación. “¿Está usted seguro que doy positivo?”, preguntó un hombre interceptado durante un control en Ribeira. La conversación continuó con el infractor dando explicaciones e incluso requiriendo la colaboración del agente: “Solo he tomado una”, decía, “mientras se tambalea con la mirada perdida y una halitosis que no ocultaba ni la mascarilla”, recuerda el guardia civil que le realizó la prueba. “Debería hacer usted la prueba para comprobar que el aparato funciona bien”, le dijo finalmente el conductor al agente. ¿Cómo reaccionan los infractores? “El comportamiento más habitual son los lamentos”, relata Teixeira. “Una vez detectados vienen los remordimientos. Y lo que no deja de sorprendernos es que nos quieren hacer sentir culpables a nosotros de sus problemas. Me va a dejar sin trabajo, me busca usted la ruina”, suelen decir. “Como si nosotros le hubiéramos obligado a beber alcohol y coger el coche”, añade. Por lo general, es tras la comisión de una infracción (viajar sin cinturón, realizar un adelantamiento prohibido...) cuando se detectan muchas alcoholemias. Y es que norma general se hace siempre la prueba de alcohol tras saltarse alguna norma al volante.

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