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Activos más allá de los 70 años

De izquierda a derecha: Juan Alfaya,  Juan Ramón Fernández, Jose Manuel Pena y Marilar Aleixandre

De izquierda a derecha: Juan Alfaya, Juan Ramón Fernández, Jose Manuel Pena y Marilar Aleixandre

Luis Enjuanes, Mariano Esteban y Vicente Larraga son los tres científicos que lideran los proyectos de las vacunas españolas del Centro de Investigaciones Científicas contra la COVID. Siguen en activo porque son investigadores ad honorem pero están jubilados pues tienen respectivamente 75,76 y 72 años. Todos siguen al frente de sus laboratorios para luchar contra la pandemia sin retribución alguna, ya que los ad honorem trabajan de forma gratuita por la “honra” o el interés público de los proyectos. Enjuanes es el director del laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología, Esteban es virólogo y jefe del grupo de vacunas y Larraga es responsable del laboratorio del Centro de Biotecnología del CSIC.

Cada vez hay más profesionales que optan por continuar su actividad profesional más allá de su edad de jubilación y el número de personas que ronde los 70 años es el que más crece. En ocasiones, responde a una prolongación voluntaria de su vida laboral, pero en otros casos obedece a situaciones económicas o al resultado de las bajas pensiones que tienen, especialmente en el caso de los autónomos, que se fijan en función de lo que hayan cotizado.

Los profesionales que relatan su experiencia a FARO DE VIGO, coinciden en que hay que habilitar fórmulas para retener talento, que permitan –a quien voluntariamente quiera y esté en condiciones de hacerlo– mantener cierta actividad profesional y no perder ni la formación ni la experiencia acumulada durante años. Un capital que, aseveran, hay que transmitir a las nuevas generaciones. Proponen ofrecer algún incentivo y también horarios parciales, pues no se trata de mantener el mismo nivel y ritmo de trabajo que se ha tenido durante toda la vida laboral.

El trabajo intelectual, destacan, favorece la prolongación de la actividad profesional al no requerir un esfuerzo físico como ocurre con otras profesiones. No obstante, apuntan que la jubilación es una conquista social y un derecho adquirido. Aunque ellos voluntariamente mantienen su actividad, en algunos casos sin cobrar por ello, no son partidarios de alargar de forma general la edad ordinaria de jubilación que según l legislación actual pasará de los 65 años a los 67 en el año 2027.

“La experiencia de los mayores no debe perderse, debe beneficiar a los jóvenes”

José Ramón Fernández Lorenzo - Doctor

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El doctor José Ramón Fernández Lorenzo, (Vigo, 1950) es el primer “emérito” nombrado por el Sergas en el área sanitaria viguesa en la última década. Durante cuarenta años ejerció su labor asistencial y la compatibilizó con la docencia como profesor en la Universidad de Santiago. Hace diez años aceptó el reto de poner en marcha en su ciudad natal el servicio de Pediatría del nuevo hospital, el Álvaro Cunqueiro. Llegado el momento de su jubilación, el pasado verano, su nombramiento como emérito le permitirá seguir ejerciendo como director científico del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur, cargo que ocupa desde hace seis años. ¿Por qué seguir trabajando con 70 años? Lo tiene claro: “El objetivo es que no se pierda la formación que pueden tener profesionales en beneficio de las nuevas generaciones. Y no me refiero solo al campo sanitario, sino a todo tipo de profesiones. En mi caso, sigo porque mientras uno física y mentalmente se encuentre en condiciones y todavía tenga ganas de seguir funcionado, no es malo. Creo que la experiencia acumulada y los años tanto a nivel pediátrico asistencial como jefe de investigación están ahí y es una perderlo, no por mi caso, sino por toda una serie de profesionales de distintos ramos que pueden seguir aportando sus conocimientos y experiencia. Siempre que tengan ganas de hacerlo, eso es obvio, y que estén en condiciones. Es un problema de motivación y yo todavía la tengo. Supongo que somos una generación acostumbrada al trabajo del día a día, nos educaron así y eso es un factor importante”. Reconoce que el ritmo de trabajo se baja de manera importante, pues ahora de emérito haces unas 15 horas frente a la jornada normal e incluso ampliada a la que estaba habituado:

“Me dedico exclusivamente a investigación y dirección científica del Instituto, con lo cual lo noto agradablemente, en ese sentido mi estatus vital ha mejorado”

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En su opinión, la sociedad ha hecho una inversión importante a la hora de formar a sus profesionales. “Si ellos están en condiciones que lo permitan y quieren seguir, se deben facilitar jornadas parciales, como la que tengo yo. Hay que adaptar el sistema de trabajo a un estatus diferente pero la sociedad no puede darse el lujo de prescindir de esos profesionales. Hay que ver qué pasa en el resto del mundo, la gente tiene una actividad profesional más adaptada a su edad, pero positiva a nivel personal y social”. Si echa la vista atrás, destaca que en los últimos 40 años “la evolución de la medicina es de un salto extraordinario en cuanto a desarrollo tecnológico. y espectacular en técnicas de diagnóstico y también en tratamientos”. Apunta que el futuro es la medicina personalizada. “Nunca pensé vivir una pandemia como esta. Creíamos que eran una exageración en las películas, pero la realidad a veces es más dura que la ficción. Curiosamente a mi me ha tocado la mejor parte, porque a los niños les ha afectado poco. La pandemia supone un antes y un después”, apunta. Responde si dudar cual fue la etapa más dura de su trayectoria profesional: “Mi periodo en Santiago como jefe de cuidados intensivos neonatales. Convives con grandes resultados que producen absoluta alegría al ver salir adelante a los niños, pero también convives muy de cerca con los que no consigues sacar adelantes y eso tiene un coste para todo el personal que los trata muy grande.”

“Si uno está bien y quiere, debe haber fórmulas para seguir trabajando”

José Manuel Pena - Propietario de GARPE

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José Manuel Pena - Propietario de GARPE Ricardo Grobas

El vigués José Manuel Pena, a sus 73 años está jubilado, pero como propietario sigue siendo el alma mater de GARPE servicios gráficos, cuya administración ha pasado a su hijo Fernando, licenciado en Bellas Artes. Aunque ahora se toma con más calma las cosas y va por la tarde un rato al negocio si hace falta, defiende la posibilidad de seguir activo aunque se supere la edad legal de jubilación: “Si uno está bien y quiere tener algo de actividad profesional, creo que hay que habilitar fórmulas que permitan seguir trabajando. No las mismas horas que antes ni con la misma intensidad, pero la experiencia que se tarda años en atesorar no puede perderse. Yo tengo suerte y puedo asesorar a mi hijo porque sigo siendo el dueño, pero hay muchos profesionales con talento que están en otra situación y, aunque quisieran, no podrían mantener cierta actividad”. José Manuel Pena ha sido un emprendedor toda su vida y ahora ejerce de consultor de su hijo Juan. El progenitor empezó como delegado de la papelera Sarrico en Vigo y en 1971 montó Planitec, una empresa de papelería con 40 empleados que transfirió en 2009, momento en que volcó su actividad en Garte, creada en 1970 en las céntricas galerías de Marqués de Valladares. En sus cincuenta años de actividad se cambiaron primero a Camelias y las pasadas Navidades a Portanet, siempre con intención de crecer y “con visión futuro para hacer grandes cosas de cartelería”. La pandemia ha golpeado duro al sector y Juan trata de inculcar en su hijo la visión empresarial:

“Es un joven muy preparado, tiene un máster y está a cargo de la empresa , pero yo sigo por aquí porque le falta el arranque de empresario"

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"Todos los licenciados de Bellas Artes son bohemios, su visión del empresariado es distinta, pero no hay problema. Me gusta echarle una mano e inculcarle mi experiencia. A ver si pasa esta pandemia para poder hacer más cosas. José Manuel Pena reconoce que estar activo profesionalmente con más de 70 años, aunque uno esté bien de salud, requiere otro ritmo más pausado. “Me lo tomo con calma, por las mañanas voy al gimnasio y por la tarde, si hace falta, me acerco a revisar las cuentas y por si se necesita mi consejo. Hay días que no vengo”, explica. En su opinión: “Las jubilaciones ahora se postergan de los 65 a los 67 años, pero yo creo que debe ser voluntario. A la gente que se encuentre bien y quiera seguir con cierta actividad deberían darle un aliciente. Ha cumplido sus años pero puede apoyar, ayudar y enseñar lo que sabe a los que vienen detrás. Hijos de pequeños empresarios y autónomos a veces no van arriba porque les falta lo que sus padres han hecho durante tantos años y ellos pueden ayudarles a no cometer los mismos errores”. Tiene claro lo que ha cambiado durante su larga vida profesional. Aunque la digitalización del sector ha sido un paso de gigante, sostiene que antes era todo más fácil. “Antes había trabajo, los sueldos eran casi como los de ahora, pero en este momento todo resulta mucho más complicado. En los 70 como delegado de Sarrió yo me hacía toda Galicia, me iba a empresas fuertes como Astano, Bazán, Citroën, autopistas... y eran unas ventas extraordinarias. Fui el mejor vendedor de España un año. Hoy cuesta muchísimo y los pequeños empresarios que quieran arrancar lo tienen muy difícil si no tienen una trayectoria previa. Hoy montarse, creo que es un error. Tienen que tener un nombre de muchos años, que te conozcan, porque arrancar es muy difícil y está la cosa muy mal”, advierte.

“Son unha privilexiada, o meu traballo non demanda esforzo físico ”

Marilar Aleixandre - Escritora y traductora

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Marilar Aleixandre - Escritora y traductora Xoán Álvarez

Marilar Aleixandre (Madrid, 1947) leva unha dobre vida:

“Hai unha parte de min que é investigadora sobre razoamento e pensamento crítico na Universidade de Santiago escribindo sobre todo en inglés; outra é escritora en galego. As dúas, por certo, son feministas”.

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Como profesora ad honorem, Marilar Aleixandre mantén un alto ritmo de investigación, no 2019 recibiu en Estados Unidos o premio DCRA, o máis prestixioso da súa área–, ademáis dirixe teses, e escribe artigos, pero “coa vantaxe de non ter que corrixir exames”. “Dar clase sempre me gustou, corrixir moito menos”, engade. “Non ter clases déixame tempo para a literatura. Nos últimos dous anos escribín con María López Sández “Movendo os marcos do patriarcado: o pensamento feminista de Emilia Pardo Bazán”; ao estudar esa época intereseime por Concepción Arenal e o seu traballo no cárcere da Galera, na Coruña, entre 1863 e 1865, de aí a novela “As malas mulleres”, que gañou o premio Blanco Amor, a punto de ser publicada. Nela hai unha protagonista imaxinaria, unha presa, Sisca, de 15 anos, outras personaxes son Arenal, Juana de Vega, Pepa a Loba, que estaba na Galera, segundo as cartas de Arenal, e o libro Cantares gallegos de Rosalía, publicado ese ano”, relata Marilar Aleixandre. Continuar coa investigación é importante para ela: “Entrei tarde na universidade. Nos anos 70 ao acabar Bioloxía, o catedrático (de entomoloxía) díxome que nunca me daría un contrato a tempo completo –tiña un de 4 horas semana– porque ‘as mulleres’, xa se sabe, casades, tendes fillos e non facedes investigación”. Equivocouse, pois Aleixandre fixo as oposicións, foi profesora no IES Castelao de Vigo, e realizou a tesis sobre aprendizaxe da evolución en 1990. “As mulleres da miña xeración tivémolo difícil, había moitos atrancos, algúns nas leis e a meirande parte mentais” , apunta.

“Considérome privilexiada ao ser a investigación un traballo intelectualmente enriquecedor que non demanda esforzo físico. É unha sorte contar con máis tempo para escribir, as novelas requiren un esforzo no tempo; unha novela é como unha doenza crónica”

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Eso si, advirte que que ela siga en activo non implica que estea en contra da xubilación antes: “Creo que a xubilación e o dereito a unha pensión son unha conquista social, sobre todo para traballos duros, moi penosos para xente de máis idade. En Estados Unidos, hai persoas da miña idade que deben seguir dando clase por non acadaren anos abondo na súa institución; non hai pensións do Estado. Ademais é necesaria a renovación. Non estou de acordo con retrasala aos 67 anos (aínda que eu me xubilase aos 70, non todos os traballos son iguais), mais o que si debe acabar é o das xubilacións anticipadas con 55 anos ou menos, iso é un escándalo; as empresas deberían asumir eses custos, non a sociedade”. Ante as dificultades para compaxinar certa actividade profesional e a xubilación,apunta que “por fortuna, este Goberno eliminou a absurda norma de que as escritoras e escritores non puidesen ser remunerados pola súa actividade de creación (si podían cobrar outras cousas como rendas de inversións ou de alugueiros, o que a meirande parte non temos). Porén a Consellería de Educación, na última convocatoria para financiar grupos de investigación, non conta ao profesorado ad honorem como parte dos grupos. É absurdo, queremos traballar gratis e non nos deixan. Os dous grupos que están investigando sobre vacinas COVID en España están liderados por persoas xubiladas”.

“Síntome desilusionado: no 99% dos casos faise xustiza, preocupame o 1%”

Juan Alfaya Ocampo - Magistrado Sección VI, Vigo

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“O 27 de marzo de 1985 os maxistrados da Audiencia Territorial da Coruña Ricardo Leirós Freire, Claudio Movilla Álvarez e Gonzalo da Huerga Fidalgo ditaron a primeira sentenza en galego despois de cinco séculos de proscrición, sendo promotor o Concello de Redondela”, reza unha placa na fachada da casa consistorial do municipio. O maxistrado Juan Alfaya Ocampo, nacido en Redondela fai 71 anos, converteu o extraordinario en habitual ao longo da súa dilatada traxectoria profesional, desde que en marzo de 1987 en Ourense ditou a súa primeira sentenza en galego, un divorcio de mutuo acordo. Acaban de prorrogarlle un ano máis como maxistrado da Sección VI da Audiencia con sé en Vigo e, Constitución en man, explica que o artigo 3 fala “da riqueza das distintas modalidades lingüísticas” e de que todas as linguas “serán obxecto de respecto e protección”. Na súa opinión: “O galego estivo rexeitado polas institucións públicas e tamén mal visto, polo que merece unha compensación. E tamén o utiliza por unha cuestión de legalidade. Coma xuíz creo que a lei está mellor realizada falando e escribindo en galego, porque a Constitución di que hai que usalo”. Incide en que os poderes públicos “teñen a obriga de promovelo”, como lle gusta incluír nas súas sentenzas”.

Lamenta que a Administración de Xustiza sexa a única que practicamente non usa o galego: Resulta inexplicable que o Tribunal Superior de Xustiza practicamente non poña unha sentenza en galego. Ás veces pode haber motivos e moitos xuíces son de fóra, pero creo que no fondo non se fai por comodidade, por temor a un erro ao escribir. A min iso non me importa, primeiro van os feitos, despois as ideas e as palabras ao último”. Alfaya defínese como caótico, vehemente e algo nervioso, pero non dubida en afirmar que a de xuíz “é unha profesión frustrante, non podes falar de moitas cousas e sabes moitas pero hai que controlarse”. Estudou o bacharelato no Instituto vigués Santa Irene e marcoulle o alto nivel do profesorado, entre os que Méndez Ferrín foi un referente: “Facíanos ler moitos libros, entre eles a segunda parte do Quijote, nunca souben por que non a primeira”. Aínda que a súa vocación era “ser biólogo da ría de Vigo”, estudou Dereito e fíxose xuíz. “A Xustiza desilusionoume. No 99% dos casos faise xustiza, pero preocúpame o 1% restante, os que mandan. É indispensable para a saúde democrática. Vai ao cárcere o pequeno traficante, pero o grande escápase... Creo que o día que se despexen todas as X, fíxose xustiza”. Firme defensor da Lei do Xurado que consdiera beneficiosa, tocoulle estar no primeiro xuizo con Tribunal Popular da Audiencia de Pontevedra. Agora empeza a ter volvoretas no estómago “porque o tempo non para” e en ocasións séntese desilusionado: “A Constitución aprobouse por consenso fai 43 anos e é tansitoria. A maioría do seu contido é bo, pero non hai que ter medo a reformala como contempla a propia Carta Magna. O inmobilismo é o peor, cada xeración ten que dinamizar o mundo”, asevera á vez que referíndose ao problema de territorialidade recorda que a Constituciçon recolle o dereito “ás nacionalidades e as autonomías”, como dúas entidades distintas. Integrante do colectivo de Xuíces para a Democracia, asegura que: “Tiña a oportunidade e pedín un ano de prórroga, pero estou desexando xubilarme. Teño moitas afeccións”. Prefire non falar de éxitos para “evitar” contar tamén os fracasos. O asasinato dun mozo nun banco, que nunca se resolveu e lle tocou cando era xuíz de O Carballiño, é unha espiña cravada. “Tal vez puidemos facer máis. Había poucos medios ¡se fora agora!, conclúe.

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