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El padre Rábago: de alumno de Jesuitas en Vigo a ‘honoris causa’ en Taiwán con 103 años

El padre Díaz de Rábago, en el centro con la beca amarilla, tras ser nombrado Doctor Honoris  Causa ayer  en Taipei

El padre Díaz de Rábago, en el centro con la beca amarilla, tras ser nombrado Doctor Honoris Causa ayer en Taipei

La Universidad de Taipéi honra al misionero, exprofesor en las facultades de Medicina, Farmacia, Bioética y Lenguas

La Universidad de Taipéi, una de las más prestigiosas de Taiwán, rindió ayer homenaje al padre Andrés Díaz de Rábago, sacerdote jesuita y misionero gallego que, a sus 103 años, fue nombrado doctor honoris causa. El pueblo taiwanés, que le dio la nacionalidad en 2017,ha sido el destino de su vocación en los últimos 50 años, donde además de desarrollar su tarea evangélica fue profesor en las facultades de Medicina, Farmacia, Bioética y Lenguas Extranjeras hasta el año 2000. El sacerdote es médico y también licenciado en Filosofía y Teología.

El jesuita Díaz de Rábago

El padre Rábago nació en A Pobra en 1917, en el seno de una familia numerosa e intelectual. A los 7 años, en el colegio Apóstol Santiago de los Jesuitas en Vigo donde estaba interno, conoció las misiones y empezó a soñar con irse a China. Estudió Medicina y tenía novia, pero lo dejó todo para entrar en la Compañía de Jesús. En 1947, durante su formación sacerdotal, llegó a Pekín para estudiar chino.

La alegría de su “primer amor”, como llama a China, duró poco. Llegó la revolución de Mao y los jesuitas se tuvieron que ir a Shanghái. Antes de su expulsión del país, le ordenaron sacerdote. Es el último extranjero que queda vivo ordenado en la China comunista. Conserva el gran crucifijo misionero que llevaba en sus manos cuando el Obispo, después de la última Misa, entonó un Te Deum y sacaron procesionalmente al Santísimo.

Se siente orgulloso del Premio Nobel de la Paz, Ximenes Belo, alumno suyo

En 1952 se fue a Filipinas hasta 1961;de allí a Timor hasta 1969 y luego a Taiwan, donde sigue. En una entrevista en la revista del Colegio Apóstol relataba: “A mi me tocó ir en peregrinación por la vida”, y recordaba jocosa que en los 8 años de su estancia en el colegio de Vigo pasó por las ubicaciones de Bellavista, La Molinera, Arenal y Entre os Ríos, ya en Portugal.

En Timor fue rector del seminario y presume de que un alumno suyo, Ximenes Belo, fue premio Nobel de la Paz. Pero su labor no es algo del pasado, el Padre Rábago mantiene su actividad y una mente preclara con un humor contagioso Habla con la familia y sus amistades por Messenger y correos electrónicos. Su secreto, ha repetido en varias ocasiones: Amar, sonreír y pensar en los demás.

El jesuita Díaz de Rábago con el Papa Francisco

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