Es la infracción más habitual al volante: casi el 70% de las sanciones de Tráfico son por exceso de velocidad. Pero hay auténticos fitipaldis que llegan a superar el límite en más de 60 kilómetros por hora en vías urbanas o en 80 km/h en interurbanas. Con estas velocidades estratosféricas el conductor ha cometido un delito y se enfrenta a penas de prisión de entre 3 y 6 meses, además de multa o hasta 90 días de trabajos en beneficio de la comunidad y la pérdida del carné de uno a cuatro años. En los últimos cinco años, los agentes de la Agrupación de la Guardia Civil de Tráfico en Galicia interceptaron a un total de 116 delincuentes viarios por pisar más de la cuenta el acelerador. Pese a las restricciones de movilidad impuestas por el estallido del COVID el año pasado, con una caída del tráfico que llegó a rozar algunos días el 90%, 2020 fue el ejercicio con más delitos por exceso de velocidad detectados en la red viaria gallega: 29, un 20% más que los 24 del ejercicio anterior.

“Con este coche no te enteras de la velocidad”. “Los coches y las carreteras de ahora son más seguras y se debería poder ir más rápido”. Son las dos frases que más escuchan los agentes cuando interceptan a un conductor que ha sobrepasado la barrera del delito. “Es cierto que tenemos vehículos más seguros e infraestructuras mejores. Pero el cuerpo humano es igual de frágil hoy que hace 100 años. A nuestro cuerpo, los impactos a mucha velocidad no le sientan bien”, advierte Héctor Teixeira, guardia civil del Sector de Tráfico en Galicia.

126 kilómetros por encima de la velocidad permitida. El conductor de una furgoneta fue interceptado a 206 kilómetros por hora en la N-634, a su paso por Mesía, una vía limitada a 80 km/h y además una de las que concentran una mayor accidentalidad en el mapa autonómico. Este delito, ocurrido el 28 de abril de 2018, es de Libro Guinness, ya que es el más alto respecto al límite fijado. Pero esa furgoneta no fue el único vehículo interceptado a más de 200 km/h en una carretera gallega desde 2016. Casi cuarenta superaban esta barrera, lo que suponen un tercio del total de fitipaldis.

Desde 2016, casi una treintena de conductores fueron sorprendidos a más de 100 kilómetros por encima del límite permitido. De los delitos de velocidad del último lustro, los valores más bajos detectados por las patrullas fueron de 79-80 kilómetros más de lo establecido para esa carretera.

Hugo Barreiro

Red convencional y motos

238 km/h es la velocidad más elevada detectada en la comunidad en estos últimos cinco años. En esa ocasión fue un Audi interceptado en la A-6: en la localidad lucense de Begonte: 118 kilómetros por encima de la velocidad máxima. Y fue en plena pandemia, el pasado 14 de septiembre, a las 08.00 horas. Y a 235 km/h fue interceptado un Ford Focus en la A-52, a su paso por Allariz. Y también destaca la velocidad a la que fue sorprendido un motorista en la N-6 en el concello de Aranga: 170 kilómetros por hora en una vía limitada a 50 km/h (120 km/h por encima de lo permitido). Se trata de la zona de la Costa da Sal, una zona de especial vigilancia por tratarse de una ruta muy transitada por el colectivo motero.

Se graba a 240 km por hora por una autopista de A Coruña R.C.

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Estos ejemplos resumen la hoja de ruta que sigue el Sector de Tráfico en Galicia en los controles de velocidad. En autovías es constante, ya que son las principales rutas de acceso a Galicia, son seguras y los radares las hacen más seguras todavía. “De hecho, hoy llama la atención si alguien te adelanta a gran velocidad”, apunta Teixeira. En cuanto a las carreteras convencionales, la Agrupación de la Guardia Civil ha intensificado la vigilancia sobre la velocidad genérica. “La gente ya tiene interiorizado que en las travesías, donde la limitación es a 50, no se puede correr. Pero todavía hay gente que en la velocidad genérica –advierte– no se controla”.

Los turismos concentran el grueso de los delitos de velocidad en Galicia, con más del 80%. Le siguen los conductores de furgonetas, con el 13% y, finalmente, los moteros, un 5%. Más de la mitad tienen como escenario las carreteras convencionales (casi el 55%), donde suelen ajustarse al límite a 50 km/h, pero donde más se saltan la norma es en la velocidad genérica. En autovías ocurren el 40% de los delitos por velocidad y el 5% restante en autopista.