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Exámenes, mejor en persona si se puede

Las pruebas de selectividad del pasado curso, en Vigo

Las pruebas de selectividad del pasado curso, en Vigo MARTA G. BREA

Profesores universitarios alegan la igualdad de oportunidades, evitar tensiones externas y permitir evaluar no solo conocimientos para preferir en general las pruebas presenciales

Estudiantes de todo el país demandan exámenes no presenciales ante la evolución de la pandemia. No obstante, los campus gallegos mantienen por ahora sus planes y proclaman su vocación de presencialidad. Lo mismo hacen, en general, sus docentes, para quienes los test cara a cara tienen ventajas, como el hacer “más fácil el garantizar la igualdad de oportunidades entre el alumnado”, evitar “condicionantes externos”, como los relacionados con los aspectos técnicos de la conexión a la hora de hacer las pruebas, y el permitir medir las capacidades no solo en conocimientos, sobre todo en carreras más técnicas, como explica, por ejemplo, la profesora de Telecomunicaciones de la Universidade de Vigo (UVigo) Inés García.

Copiar también influye, aunque hay quien le resta importancia, como María Bastida, que imparte clases en la Universidade de Santiago (USC), cuando afirma que lo mismo se puede copiar en los exámenes presenciales y ella presume que su alumnado se va a comportar “honestamente”, mientras que para otros, como Alberto Vaquero o Higinio González, de la UVigo, o Jorge Mira, de Santiago, es una de las cuestiones que tener en cuenta en la evaluación a distancia. Aunque, como defiende Inés García, se solvente en cierta medida dedicando más tiempo a preparar las pruebas y enfocándolas de modo diferente.

Algunos docentes ven más fácil copiar “on line” y otros creen que se puede minimizar

“El método de evaluación más justo es el mismo que se emplea en las oposiciones o en la ABAU, que es el presencial"

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Higinio González, profesor de la Escuela de Enxeñaría Aeronáutica de la UVigo, cree que sería posible una evaluación continua y “tal vez” el examen no fuese tan “importante” con grupos de 10 o 12 alumnos. Ahí incluso ve factible un examen oral on line donde puedan demostrar lo que saben sin la sombra de si copian. Pero eso no “lo común”, sino que los profesores suelen dar clases a 50, 60 o más alumnos, por lo que, “al final,”, dice, “el método de evaluación más justo es el mismo que se emplea en las oposiciones o en la ABAU, que es el presencial, en el que garantizas que quien está allí es la persona que estás evaluando y es complicado copiar”. “Puede haber métodos mejores”, concede, pero “al menos es garantista”.

El profesor titular de la UVigo Alberto Vaquero explica que el año pasado recurrió a la evaluación continua, porque así se trabaja en Bolonia, y que el examen final, on line, lo hicieron pocos alumnos. “La experiencia no fue mala, pero defiendo la presencialidad en los exámenes”. “Es lo mejor para el alumnado” al “garantizar la igualdad de oportunidades y la equidad”. Apunta que muchas universidades no presenciales lo hacen así y “es por algo”. Por otro lado, juzga “evidente” que las posibilidades de copiar con exámenes desde casa “son mayores”, si bien se puede evitar con cuestionarios tipo test con un repositorio muy amplio de preguntas y limitando el tiempo para hacer las pruebas.

“La presencialidad es mucho más garantista”

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Un sistema parecido aplicó este año el catedrático de la USC Jorge Mira. Optó por el “truco” de hacer el examen en un tiempo cortísimo, y con cámara encendida, en Laboratorio de Electrodinámica. “Copiar era casi imposible”, señala, y en las notas obtuvo una distribución que, a su juicio, avala su afirmación. Eso sí, a posteriori hizo “adaptaciones y tuvo que “modular” porque con este sistema los alumnos “sufren muchísimo”. “La presencialidad es mucho más garantista”, sostiene, “porque la alternativa es hacer exámenes en un tiempo brutalmente corto” y “te queda la duda de si estás valorando conocimientos o la sangre fría”.

También Inés García, de Telecomunicaciones, es de las que acortó tiempos y recurrió a preparar bancos de preguntas aleatorias el año pasado. No obstante, de elegir, prefiere el examen presencial, dado que posibilita “evaluar conocimientos, habilidades, destrezas y aptitudes que una pantalla no siempre te permite conseguir”, sobre todo en las carreras técnicas. Entiende que “es más fácil garantizar la igualdad de oportunidades entre los alumnos” y se evitan “condicionantes externos” a la hora de las pruebas on line, como el “nerviosismo, el no manejar las herramientas o que se cuelgue” el equipo.

Desde la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Santiago, María Bastida comparte el preferir la presencialidad en todas las facetas docentes, pero es de las que quitan relevancia a la posible copia para aparcar la opción telemática. No solo porque hay herramientas, apunta, para evitar comportamientos “indeseados”, como cámaras y micrófonos, preguntas variadas o límites temporales. De su alumnado, esta docente presume que se va a comportar de forma “honesta” y en última instancia indica que las pruebas presenciales no están libres de estas conductas. En su caso, dado el carácter más teórico en el que se mueve, y aunque no ha tenido sensación de “inseguridad” al dar clases presenciales, “si con el hecho de hacer una prueba telemática” puede “contribuir a reducir la movilidad, y el que el alumnado esté más tranquilo, adelante”.

Los campus defienden su vocación presencial mientras las autoridades sanitarias lo permitan

Cuando el pasado curso la Consellería de Educación planteaba que las tres universidades gallegas extendieran la enseñanza virtual, desde los campus proclamaron su carácter “presencial”. Ese es el rasgo que, en general, vuelven a esgrimir para insistir en que, mientras las autoridades y la situación sanitaria lo permita, los exámenes puedan hacerse en esa modalidad, pese a las demandas estudiantiles. Porque la situación no es “comparable” a la del segundo cuatrimestre del curso pasado.

“Quedó claro entonces que tanto el profesorado como el estudiantado preferimos la docencia y la evaluación presencial"

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Así lo señala el vicerreitor de Ordenación Académica e Profesorado de la UVigo, Manuel Ramos, quien, además, quiere “recordar la defensa sin fisuras de la presencialidad” que hizo la comunidad universitaria en general. “Quedó claro entonces que tanto el profesorado como el estudiantado preferimos la docencia y la evaluación presencial, tanto por razones técnicas como pedagógicas. Es mucho más fácil y cómodo tanto para unos como para otros”. Por ahora, entiende, “no hubo razones para pasar a modo no presencial ni las clases ni los exámenes”, añade, si bien apunta que cuando así lo requieran las autoridades sanitarias, así se hará, incluso para la evaluación del segundo cuatrimestre.

Desde la Universidade de Santiago apuntan que en su momento recomendó a su profesorado incorporar la evaluación continua por si se repitieran las circunstancias del curso pasado. No obstante, enfatizan que la USC es una universidad “presencial” y, atendiendo “siempre” a las directrices sanitarias, la presencialidad “segura”, que es “garante”, entre otros, de la “igualdad de oportunidades”, “debe ser siempre el objetivo”.

En la UDC se pronunciaba el rector, Julio Abalde, al respecto anteayer para puntualizar que las autoridades no habían indicado que las pruebas no pudiesen ser presenciales y que el comité clínico no “cuestiona” la seguridad de los centros, sino que busca reducir la movilidad y la interacción social.

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