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Crónica Política

Las alertas

A partir del agradecimiento, porque nadie puede reprochar que quienes entienden de lo que está por venir avisen –y si es a tiempo, mejor-– y también desde el profundo respeto a su trabajo, quizá no estorben algunas reflexiones. Sobre todo si se tiene en cuenta que los pronósticos son muy malos en todos los aspectos, y casi nadie espera ya que el Gobierno tome las medidas que convienen al país hasta que Moncloa y el entorno vean satisfechas sus propias conveniencias políticas y electorales. Es duro escribirlo, y peor aún digerirlo, pero es lo que hay.

En este punto procede recordar lo que el fallecido señor Pérez Rubalcaba dijo hace tres lustros –“España no merece un Gobierno que miente”–, y que puede aplicarse hoy talcomo. La cita no trata solo, que también, de expresar una opinión personal sino de compartir otra, muy extendida, de que ha llegado a un sectarismo tal que el Ejecutivo elimina de facto el papel –y el control– real del legislativo y busca reducir la independencia del judicial en la medida en que no se pliegue a sus intereses. Y sobre eso es preciso multiplicar las alertas, por si acaso.

Conste que, Murphy dixit, todo puede empeorar, y lo que se describe ocurrirá sin remedio si se añade que bajo el disfraz de una supuesta ofensiva en busca de no se sabe bien qué objetivos antidemocráticos solo existe la propaganda de sus inventores. Entre otros, Iglesias y sus diáconos, expertos en eliminar derechos desde una apariencia legal: lo propusieron como asesores en varios países iberoamericanos, y les salió bien. Ahora son embajadores de esos sistemas en Europa, y habrá que esperar que en la UE el número de pánfilos y/o ilusos sea menor que el de aquí y les cierren el paso a tiempo. Como en Grecia.

Conviene, al hablar de plazos, señalar que el disponible no parece demasiado amplio. En lo sanitario abundan quienes creen que si las decisiones clave las toman quienes no quieren “mojarse”, a mediados de febrero, o antes, habrá saturación hospitalaria y el número de fallecimientos diarios puede llegar a doblarse. Un pronóstico que algunos creen excesivo por pesimista, y ojalá que lo sea: pero la escalada de contagios va en esa dirección y no precisamente en la que vaticinan desde el Ministerio. Y el margen para lamentarse o endosarle la responsabilidad a las autonomías aparenta estar más que agotado pese a las encuestas del CIS.

Así las cosas –y que nadie olvide a Pirandello: así son si así parecen–, viene a cuento la referencia a las alertas de los científicos, la último firmada por el Comité de Bioética que asesora a la Xunta y advierte del deterioro de la sanidad después de la pandemia. Quedó dicho que nunca estorban, pero no sería mala idea que antes del Armaggedon, recomendasen, al menos para sosegar los espíritus, qué sería necesario ahora mismo para evitar lo que advierten que ocurrirá. Y se cita a ese comité porque es conocido, competente y su tarea está ayudando a la Xunta con la eficacia posible dadas las circunstancias. A quien expone la opinión ni se le ocurre reclamar consejo de otros órganos que se dicen asesores: no es preciso, dados sus “éxitos”.

¿Eh…?

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