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Un tercio de gallegos del rural no contrata internet por desconocerla o no verla útil

El coste de conexión supone un factor disuasorio para uno de cada seis encuestados | Un 2,2 por ciento de la población vive en zonas donde no se puede acceder al servicio

Una mujer transportando leña en el rural gallego

Una mujer transportando leña en el rural gallego Gonzalo Núñez

La pandemia impulsó la vida digital. El confinamiento no solo implicó aplicar fórmulas a distancia en el campo de la educación, sino que también obligó a la comunicación virtual e incluso forzó a realizar más gestiones de forma telemática. Pero en la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación en Galicia se producen grandes brechas entre jóvenes y mayores y entre el mundo rural y el urbano. Si en las ciudades un 92,5% de los hogares tiene contratada una conexión de banda ancha, en el campo ese porcentaje es diez puntos inferior, del 81,5%, y eso a pesar de que en los últimos cuatro años ese dato de “conectados” ha crecido el doble de rápido que en el entorno urbano.

¿Por qué esa discrepancia? Los datos recopilados por el Observatorio para a Modernización Tecnolóxica de Galicia en colaboración con el Instituto Galego de Estatítisca permiten profundizar en las motivaciones y algunas han ido a más en el último año, como quienes aseguran que no contratan internet porque no la conocen–un tercio– o quienes alegan que tienen pocas habilidades para usarla –un 44%–.

Como los argumentos no son excluyentes, también se elevan a más de un tercio aquellos que consideran que no les resulta útil, un aspecto que puede estar vinculado a que, como reconocen reiteradamente los informes de la Xunta, los dispositivos electrónicos y la conexión a la red están mucho más presentes en familias con niños en edad escolar. De hecho, son uno de los factores decisivos para incorporar tecnología a los hogares.

Este informe sobre el rural lo corrobora: en los hogares donde hay convivencia con estudiantes, todos tienen internet, el cien por cien, mientras su ausencia reduce la presencia de la red a ocho de cada diez. Pero hay que matizar, según el perfil demográfico que incorpora el Osimga en su informe, que en el rural no llegan a una de cada cinco las familias con niños.

Respecto a la principal razón, la alegada por un mayor porcentaje de encuestados del rural, para no engancharse a la red, la de no necesitarla, puede estar vinculada con la ausencia de niños. Más de la mitad de los hogares así lo sostienen, si bien la cifra de quienes proclaman que no dependen para nada de los avatares del mundo virtual va en continuo descenso entre los años 2016 y 2019.

El porcentaje de quienes aseguran que no quieren estar conectados a internet resiste con pequeñas variaciones en menos de la mitad.

La mayoría de quienes prescinden de la red lo hace porque no la precisa

El resto de razones han ido a más. Por un lado, están aquellos que se excusan en que disponen de pocos conocimientos para utilizar internet. El porcentaje llega a un 44,1%, tras dispararse en el último año once puntos. Una posible explicación vuelve a poner el foco en la ausencia de niños, pero del lado contrario: los hogares del rural están más envejecidos y los mayores son uno de los colectivos que acusa más el desfase generacional de las tecnologías. Como permiten constatar los datos del IGE, esa brecha es más bien un precipicio: un 99,17% de jóvenes de entre 14 y 24 años se conectó a internet en los tres últimos meses, mientras que entre sus abuelos ese porcentaje se reduce a menos de una tercera parte.

Pero también se ha elevado el porcentaje de quienes aseguran que no conocen internet hasta llegar a un 35 por ciento. Eso supone que uno de cada tres hogares no contrata el servicio simplemente por desconocimiento, mientras una cifra algo superior, del 36,7 por ciento, que también marca un incremento de siete puntos con respecto a solo un año atrás, consideran que no les parece útil disponer de este tipo de tecnología.

Para uno de cada seis hogares, en cambio, el problema es de índole económica: ven los costes de conexión demasiado elevados. La cifra de quienes se quejan del precio de los equipos es similar. Podrían ser los mismos.

Hugo Barreiro

Aunque en la lista de razones para no tener internet se incluye la imposibilidad de contratarla en el lugar en el que se ubica la vivienda del interesado, apenas un 2,2% de los habitantes del rural alegan ese problema. El último informe de cobertura de banda ancha publicado por el Gobierno central indica que un 95% de la población gallega tendría disponibles conexiones a velocidades superiores a los 30 megas, aunque Galicia destaca por la cola, en el segundo puesto, si se analiza la cifra de cobertura de banda ancha de cien megas o más: solo estaría accesible al 66% de la población.

Con todo, al analizar la cobertura del rural, la cobertura es inferior –en España no llega al 50% a más de cien megas– y hay que tener en cuenta que tres de las provincias de la comunidad –excepto A Coruña– son líderes del Estado en dispersión. En el caso de Pontevedra, la número uno del país, y de Lugo, la número dos, la población que vive en núcleos de pequeño tamaño o diseminados supera la mitad. El Osimga confirma una relación entre la red y la densidad de población: a más dispersión, menos contratación.

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