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Solo uno de cada cinco jóvenes gallegos puede alquilar o comprar un piso

Hace un año accedían al mercado inmobiliario un 30% de los menores de 35 años | Actualmente solo dos de cada cien optan por la propiedad

Acto de entrega de llaves de un piso a una joven Ricardo Grobas

Dos hermanos que reflejan la realidad a la que se enfrentan hoy los jóvenes ante la complicada coyuntura económica que frustra sus planes para independizarse. Estefanía y Marcos son las dos caras de la moneda de la juventud ante el cada vez más difícil acceso a una vivienda debido a la elevada tasa de paro juvenil (España lidera las tablas en Europa con un 40,4%), pero también por los altos precios y los bajos salarios que no llegan para asumir un alquiler o, casi un misión imposible, costear una hipoteca (el arrendamiento se lleva casi el 20% de los ingresos y en el caso de la compra, el desembolso requiere la quinta parte del valor del inmueble de entrada, más gastos de notaría, registros e impuestos, entre otros). En la actualidad, solo uno de cada cinco menores de 35 años tiene recursos suficientes para poder alquilar o adquirir un piso en propiedad en la comunidad, casi 10 puntos menos que hace un año, según datos de la patronal inmobiliaria gallega.

De ese 20% que hoy trabaja y tiene ingresos que le permiten salir de la unidad familiar, el 88% solo puede permitirse el arrendamiento. Son contados los que pueden decantarse por firmar una hipoteca: solo dos de cada cien jóvenes en la comunidad.

Estefanía, de 27 años, ha optado por quedarse a vivir con sus padres en la casa familiar a las afueras de Ourense, una convivencia a la que también se ha sumado hace unos meses su novio. Los dos trabajan, pero prefieren ahorrar para intentar en unos años comprar un piso en el centro. Su hermano Marcos lleva ya tres años viviendo en alquiler con su pareja; entre los dos sueldos y el extra que saca como jugador en un equipo de fútbol de Lugo tienen para gastos y unos pequeños ahorros, que –lamenta– “por ahora no dan para pensar en comprar y menos con la que está cayendo”.

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Y entre los privilegiados que durante el último año han podido emanciparse están quienes han fijado su residencia en un piso vacío de sus padres o abuelos, lo que se conoce como cesión de vivienda. Es el caso de Chelo, de 34 años, que ha dejado este verano el piso en alquiler en el que estaba con su marido y sus dos hijas al quedar vacío un inmueble que sus padres tenían arrendado desde hace años.

"Nos ahorramos los 400 euros que pagábamos de alquiler más las facturas de luz y agua”

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En su caso, trabajan los dos aunque la crisis ha pasado factura a la tienda de ropa en la que está como dependienta con un ERTE que ha reducido su jornada y, en consecuencia, su nómina. “Dentro de lo que cabe no nos podemos quejar, porque otros se han tenido que ir a casa de sus padres al quedarse en el paro o porque el sueldo no llega para alquilar”, lamenta.

La crisis provocada por el estallido del COVID ha provocado miles de retornos al hogar familiar. Solo durante los primeros seis meses del año casi 5.000 jóvenes gallegos tuvieron que volver a casa de sus padres al no poder hacer frente al alquiler, lo que supone una media de casi 30 cada día.

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Desde la Federación Gallega de Empresas Inmobiliarias (Fegein), su presidente, Benito Iglesias, advierte de que facilitar el acceso de la vivienda a los jóvenes es uno de los “retos” que deben afrontar el sector público y privado”.

“La juventud está inmersa en una década de crisis de magnitudes todavía desconocida y agravada con una temporalidad laboral y sueldos precarios”

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Pero los jóvenes de hoy prefieren comprar a alquilar, lo que hace que la mayoría opten por no emanciparse mientras no reúnan los ahorros suficientes o tengan unas condiciones de financiación favorables para poder hacerse con un inmueble en propiedad.

El sector inmobiliario gallego advierte de la necesidad de un Plan Vive para poder regular el mercado de la vivienda y facilitar su acceso a los menores de 35 años, que por su salario o situación personal no se pueden permitir alquilar una casa y muchos menos asumir el 20% del precio de una vivienda que se solicita como entrada.

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