El martes se cumple un año del hallazgo en la ría de Aldán de un narcosubmarino cargado con 3.200 kilos de cocaína. Ingenieros rusos, según se sospecha, pudieron idear esta embarcación semisumergible que costó un millón de euros, una minucia si se compara con los beneficios (más de 100 millones) que habría reportado la droga.

Hasta entonces no se había detectado en España este singular método para transportar droga y llevarla desde Latinoamérica hasta Europa. Y desde entonces tampoco se ha localizado ninguna otra.

Porque lo cierto es que en esa ocasión todos los elementos se aliaron para que una nave así, diseñada para surcar los mares sin ser vista, fuera descubierta por la Guardia Civil en un operativo que trascendió fronteras, toda vez que nunca se había apresado en Europa un narcosubmarino.

El capitán Fran Torres, jefe de los Equipos contra el Crimen Organizado (ECO) de la Guardia Civil, integrados en la Unidad Central Operativa (UCO) del cuerpo, relata a Efe el periplo de este semisumergible (definición más acertada que submarino), que acabó su viaje encallado en una ría gallega.

Allí se intervino la droga, en una operación que acabó con la detención de siete personas, tres de ellas actualmente en prisión.

La embarcación tenía unas medidas de 21,47 metros de eslora y 2,1 de alto. Se trataba de un aparato bastante simple, construido con un conglomerado de fibra de vidrio, con un habitáculo y un pequeño timón. Lo bautizaron Che y solo iba a ser usado en esta ocasión, pues sería hundido tras la descarga.

Quien fuera el organizador del viaje, consiguió que volaran hasta la ciudad brasileña de Manaos, en pleno Amazonas, los ecuatorianos y primos Luis Tomás B. M. y Pedro Roberto D. M., para desplazase hasta la zona portuaria de Macapá.

Hasta allí llegó también el español Agustín A.M., un boxeador de 29 años que fue elegido como segunda opción para capitanear la travesía. Recibirían entre 40.000 y 50.000 dólares.

Entre 12 y 16 horas navegaron con el semisumergible por el Amazonas hasta llegar a su desembocadura. Ya en el mar, la tripulación confiaba en que su travesía hasta Europa no superara los 15 días, pero tres temporales prolongaron su viaje otros 15 días. “Lo pasaron bastante mal. Tuvieron complicaciones técnicas también y vieron peligrar su vida”, relata Torres.

Fue la inteligencia británica la que dio el queo al alertar de que podía estar aproximándose a Europa un barco con coca. Y centró más sus sospechas al situar la nave en el sur de Portugal. Poco después, ya la ubicaban cerca del Algarve.

El narcosubmarino intentó hacer la descarga de la droga y trasvasarla a dos embarcaciones, pero una de ellas tuvo un problema mecánico y no pudo salir, por lo que lo más probable es que decidiera navegar rumbo norte y hacer un segundo intento en Galicia.

Ante la hipótesis de que un velero se acercara al Che para recoger la droga, la estrategia de los investigadores se centró en no dejar que ninguna embarcación se acercase para que el semisumergible “se fuera a la costa a toda costa”.

De forma paralela, la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Agencia Tributaria desplegaron en la zona de la ría de Aldán un operativo que dio frutos. Una patrulla del instituto armado detectó un vehículo parado en un sitio un poco extraño por la noche. Sus ocupantes fueron identificados. Portaban tres bolsas con ropa y comida. Los dejaron ir.

La detención

Agustín y los ecuatorianos ya fueron conscientes de que ningún velero podía llegar hasta ellos, pero tampoco podían hundir el semisumergible porque perderían la droga. “No podían aguantar más tiempo en el mar”, explica Torres.

Así que dirigieron la embarcación hacia un punto que Agustín conocía y la aproximaron a la orilla, encallada de tal forma que no se hundiera demasiado para poder ir en días posteriores a recoger la mercancía. Y también porque los ecuatorianos no sabían nadar.

Los tres abandonaron la nave. A las 2.20 horas del día 24 de noviembre fue detenido en la playa de Hío uno de los ecuatorianos, aún con el neopreno puesto. Unas siete horas mas tarde, las fuerzas de seguridad localizaron a su primo andando por una carretera, también con el neopreno puesto, desorientado y con quemaduras en las manos.

Cinco días más tarde, fue arrestado Agustín A.M., agazapado en un galpón en Cangas también con el neopreno puesto.

La operación concluyó con el arresto de otras cuatro personas, entre ellas las que en el coche detectado por la patrulla de la Guardia Civil levaban los tres pack de ropa y alimentos para los tres tripulantes, los únicos que un año después siguen en prisión.

Los investigadores aún desconocen el destinatario de la droga, aunque tienen claro que no era para una única organización porque saben que hoy ningún clan puede asumir tanta cantidad.