Martes 12 de noviembre de 2019. La Guardia Civil intercepta en el puerto de ín en un "control rutinario", según se dijo entonces, una partida de 175 kilos de cocaína oculta entre alubias en un contenedor con mercancía legal. Apenas una semana después, los agentes interceptan otros 663 kilos de esta droga en un contenedor, esta vez escondida entre bananas. Una reiteración que hizo sospechar al ECO Galicia, con base en la Comandancia de Pontevedra, que alguna potente organización había establecido una "línea estable" de introducción de cocaína a través de la rada marinense.

Era el inicio de la Operación Cetil, una investigación que, tirando del hilo a raíz de estas primeras aprehensiones en Pontevedra, acaba de desembocar, casi un año después, en la caída de la red de narcotraficantes de cocaína más "activa" de toda Europa, integrada por un grupo de 8 ciudadanos holandeses muy peligrosos, pues tenían antecedentes por delitos de extrema gravedad, según la Guardia Civil.

Los agentes del ECO Galicia tiraron del hilo tras estas dos primeras aprehensiones y pronto surgieron los primeros indicios de que detrás podía estar esta potente organización holandesa que ha sido desmantelada. Todavía se les incautó un tercer alijo más que intentaron introducir por el puerto marinense. En esta ocasión, se incautaron 155 kilos de cocaína.

A la vista de estas aprehensiones en Marín, el grupo delictivo decidió abrir nuevas vías de introducción de la cocaína. Dieron el puerto de Marín por "quemado" y eligieron el recinto portuario de Valencia como punto para "introducir grandes remesas de estupefaciente", según informó ayer la Guardia Civil. Además del ECO Galicia, ya se había sumado a la investigación la Unidad Central Operativa (UCO) del Instituto Armado, junto con los agentes de la Policía de Holanda y de las agencias estadounidenses HSI (Homeland Security Investigations) y CBP (Customs and Border Protection), coordinados por Europol. Ya en el puerto de Valencia fueron incautados por la Guardia Civil cerca de 3.200 kilos de esta sustancia estupefaciente en diversos envíos marítimos realizados entre marzo y junio de ese año. En total, se le atribuye a la organización el intento de introducción de unas seis toneladas de cocaína a través de distintos puertos del viejo continente.

La última intervención que llevó a la detención coordinada de estas ocho personas (cinco de ellas en España y otras tres en Holanda) permitieron también la incautación en el Puerto de Valencia de un último contenedor con 480 kilos de cocaína en su interior.

El núcleo de esta organización estaba asentado en los Países Bajos, pero sus integrantes se trasladaban y reunían en España para organizar y planificar los distintos envíos de sustancia estupefaciente desde Sudamérica.

A lo largo de la investigación se pudo corroborar como varios de sus integrantes contaban con esta gran variedad de antecedentes por delitos tan graves como tráfico de armas, extorsiones o incluso homicidio.

Experiencia militar

Estas mismas fuentes de la Guardia Civil añaden que se trataba de una organización "perfectamente jerarquizada y con distintos roles para cada uno de sus componentes, contando en su aparato de logística y apoyo con personal con entrenamiento militar y experiencia en misiones de guerra, encargados principalmente de hacer contravigilancias en sus reuniones.

Este entrenamiento, las contravigilancias, y sus amplios conocimientos en materia de telecomunicaciones (llegaron a desarrollar sus propias "apps" de mensajería encriptada para comunicarse entre ellos y los proveedores en Sudamérica), complicó enormemente la labor de investigación de los agentes. Todo esto, unido a que algunos de los involucrados pasaba la mayor parte del tiempo en Holanda.

Aún así, el trabajo conjunto de la UCO de la Guardia Civil con sus homólogos holandeses (bajo la tutela judicial de la Audienia Nacional y la Fiscalía Antidroga) permitió identificar a estas ocho personas y la intervención de otros dos envíos de droga a través de la ciudad holandesa de Westland y del puerto de Valencia, con otros 500 kilos de cocaína aprehendidos.

Pese a las continuas pérdidas, el grupo criminal siguió gestionando y encargando nuevas partidas de cocaína, estableciendo su base de operaciones, para una "gestión más directa", en Valencia y Málaga. El continuo cambio de residencia entre urbanizaciones de Marbella y Benalmádena o el uso de lujosas embarcaciones acreditaron el grado delincuencial de esta red, "a la vista de su elevado nivel de vida". Finalmente, a principios de octubre se desarrolló la operación y los 8 fueron detenidos. También se les incautó dinero en efectivo y joyas de gran valor.