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La Brilat inicia el rastreo: "Nos interesamos por el estado psicológico de los confinados"

En esta fase inicial, los militares realizan tan solo seguimiento de contactos estrechos con positivos - Comprueban que guarden la cuarentena y alertan si desarrollan algún síntoma

El capitán Santiago Martínez y la sargento Toledo Cortés ayer con su equipo de rastreo.

El capitán Santiago Martínez y la sargento Toledo Cortés ayer con su equipo de rastreo. // Rafa Vázquez

Miembros de las Fuerzas Armadas iniciaron ayer su labor de rastreo de posibles contagios por Covid-19 en Galicia. Una labor que coordina la Brilat desde la base General Morillo de Figueirido, dado que son militares de la propia Brigada Galicia VII los que conforman el grueso de estos rastreadores, aunque también con apoyo de efectivos de la Armada.

Desde la base de la Unidad de Vigilancia Epidemiológica de Figueirido, los propios miembros del dispositivo explicaron a FARO como es su trabajo. Al frente de la Unidad de Rastreadores Militares de las FAS para Galicia está el comandante Guerreiro, quien señala que, en esta primera fase del operativo, el Sergas les pidió que hagan "una labor de rastreo básico y seguimiento de contactos estrechos de positivos, que parece lo más prudente teniendo en cuenta que estamos iniciando todo el proceso".

Es decir, se trata de telefonear a personas que ya han sido llamadas por el Sergas para decirles que han sido contacto estrecho de un positivo y que, por lo tanto, deben guardar cuarentena a la espera de que las autoridades sanitarias determinen si deben someterse o no a una prueba PCR. La misión de los militares es comprobar, fundamentalmente, dos cuestiones: "Que están guardando la cuarentena que se les ha indicado o si han notado algún síntoma o posible desarrollo de la enfermedad". El comandante Guerreiro explica que esto es solo el principio y que en el futuro, el Sergas podrá demandarles un rastreo más complejo como intervenir para localizar positivos en posibles brotes, si lo consideran necesario.

En la Unidad de Vigilancia Epidemiológica de la Base General Morillo de Figueirido ayer trabajaron ya a pleno rendimiento dos turnos de diez militares cada uno de 9 de la mañana a 21 horas. A esto hay que sumar que está activo ya un turno de fin de semana y que así como avancen los días se irá incrementando la capacidad hasta llegar al máximo previsto de 180 rastreadores (80 de la Brilat y 60 de la Armada). También trabajaban ya otros diez militares de la Armada desde las bases del Arsenal de Ferrol y la Escuela Naval Militar de Marín.

Coordinando la Sección que ayer se estrenaba en estas funciones de rastreo estaba el Capitán de Artillería Santiago Martínez de Lagos. "Como en todos los comienzos hubo algo de incertidumbre al principio, sobre todo por cuestiones informáticas, pero pronto alcanzamos el nivel de eficacia y ahora estamos haciendo ya muchas llamadas", explicó. De hecho, en uno de sus sondeos contabilizó "unas 20 llamadas por rastreador en una hora", una cifra que puede aumentar dado que es solo el primer día. "Se trata de 20 llamadas en una hora; si lo multiplicas por diez rastreadores que estamos hoy aquí y que están trabajando de forma continuada de 9 a 21 horas, es sin duda un volumen de contactos importante", explica el capitán jefe de la sección. Cabe recordar que el número de rastreadoras llegará a 180 en breve.

Cada equipo de rastreo tiene también un supervisor. En la mañana de ayer desarrollaba esta labor la sargento Toledo Cortés. "La gente a la que llamamos está reaccionando muy bien", explica. Antes de nada, los rastreadores se identifican como militares y esto no está cogiendo a la mayoría de los ciudadanos por sorpresa: "Nos dicen que lo han visto en las noticias por lo que no les extraña la llamada"; asegura. "La gente está siendo muy receptiva a nuestra llamada y no suelen poner pegas para guardar la cuarentena que se les recomienda", explica Toledo Cortés. "Nos preocupamos también por su situación, si tienen algún síntoma y si es así lo apuntamos y lo volcamos en la información del sistema", añade. La labor de los rastreadores militares no se ciñe exclusivamente a la situación sanitaria del entrevistado, sino también al estado de su entorno y a su situación mental ante un trance como el confinamiento preventivo: "Les preguntamos cómo están sus familiares y nos interesamos también por el estado psicólogido de la gente que está en cuarentena para darles ánimos", indica la sargento Toledo.

De hecho, explica que están detectando que estas llamadas de seguimiento provocan en los contactados una sensación de mayor seguridad a la hora da afrontar el confinamiento al que se ven obligados por ser contactos estrechos de un positivo: "Hay gente que está preocupada y personas mayores o no tan mayores que no tienen tan fácil acceder a la información o a las noticias y nosotros le servimos de apoyo psicológico y de fuente de información", explica la supervisora de este grupo. "También hay gente mayor que ven como la nuestra es la única llamada que reciben en todo el día y está agradecida de la atención que se le está prestando, por eso creo que la labor que hacemos por la población está siendo bastante importante",añade esta sargento de la Brilat.

"Nuestra labor es comprobar que siguen las normas y transmitir tranquilidad y cercanía"; resume el capitán Martínez de Lagos, quien señala que este seguimiento "evidencia que hay una preocupación de los organismos públicos por la situación de estas personas y que se está intentando hacer todo el esfuerzo por tener el virus lo más controlado posible y eso es algo que la gente agradece".

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