En el arte de la guerra, Sun Tzu alerta de la necesidad de adelantarse al adversario. "El que llega primero al campo de batalla espera la llegada del enemigo fresco para combatir. Quien llega tarde al campo de batalla tiene que apresurarse y arriba exhausto al combate", escribió alrededor del siglo IV antes de Cristo. A la contienda electoral por captar el voto de los indignados y las víctimas de la crisis el BNG llegó tarde. La primera vez se le adelantaron Beiras y AGE en las autonómicas de 2012 y en las europeas del domingo, también Podemos. A pesar de esta situación y de que el BNG cayó por debajo de los 100.000 votos por primera vez desde 1989, el portavoz nacional frentista, Xavier Vence, insufló energía a sus huestes. Aseguró que frente a "organizaciones fruto de la volatilidad" se mantiene un Bloque que "no es flor de un día" y "recupera terreno", si bien reconoció que estudiarán como captar votantes en el granero de sus dos principales competidores.

Castigado constantemente en los comicios de la última década, el Bloque elevó la intensidad discursiva a la hora de celebrar haber conseguido el objetivo de lograr que Ana Miranda se siente en Europa de nuevo, donde dispondrá de 18 meses de escaño mientras Bildu tendrá el resto de los cinco años de legislatura, al acordar repartirse el lustro de manera proporcional a los votos recibidos: 79.732 del BNG por 324.534 de la formación abertzale.

"Imagina que tienes que ir a una batalla sin ejército. Ha sido muy duro. Algunos no pensábamos en llegar a 60.000 votos", reconocía ayer un dirigente frentista tras defender el balance triunfalista de Vence, que en la noche electoral calificó de "fantástico" el resultado. Ayer insistió en su argumento al recordar las "circunstancias" en que el BNG tuvo que concurrir a las urnas, en alusión al "silenciamiento" por parte de los medios públicos -la Junta Electoral les negó espacio alegando que en las anteriores elecciones concurrieron en coalición-, la "campaña de acoso y criminalización del PP" por su alianza con Bildu, y el castigo a todas las formaciones "con historia" debido a la crisis, según informa Europa Press.

A ello añadió el desgaste sufrido por las guerras internas en el seno del Bloque que desembocaron en la traumática asamblea de Amio, tras la que Xosé Manuel Beiras creó Anova y luego impulsó AGE para superar en escaños a su antigua familia política en la Cámara autonómica. Entonces le robó el voto desencantado e indignado vinculado al 15-M, como ahora Podemos. Y ahí es donde quiere iniciar su recuperación el Bloque, que "está muy interesado en ser el referente de todas las personas que votan en contra de las políticas de la troika y de los que destruyen derechos", según Vence. Por ello, analizarán "a fondo" el perfil político de estos votantes para "tomar nota" y emprender la recuperación.

A pesar del crecimiento de la izquierda alternativa, el BNG no solo no ha logrado captar nuevos votantes, sino que se ha reducir al 7,9% del electorado, el porcentaje más exiguo en las contiendas en las urnas desde los ochenta. Para algunos dirigentes han tocado suelo, lo que tratan de interpretar desde el prisma más optimista. "Los que nos han votado ahora son los que siempre nos votarán tras un proceso doloroso con muchas heridas personales", apunta un dirigente en alusión a las escisiones emprendidas tras la guerra fratricida de 2012.

En ese contexto, Vence lanzó de nuevo un mensaje de confluencia de la izquierda, si bien el Bloque parece tener ahora escaso peso en una posible negociación, al tiempo que responsabilizó veladamente de la fragmentación del nacionalismo a Beiras. El BNG trata de "reforzar el espacio nacionalista", dijo cerrando la puerta a IU o Podemos. "No nos vamos a dejar impresionar por la fiebre de un determinado momento", añadió el líder frentista.