Una maleta rosa, intacta, resplandeciente desentona entre una colección de objetos magullados, rotos o llenos de barro. Pero ayer se la llevaron. Y ya son menos los familiares que quedan por recoger los trozos de la tragedia que la Policía custodia en el pabellón del Instituto Rosalía de Castro de Santiago. Móviles, bolsos, relojes que siguen marcando las horas como si nada hubiera pasado.... Son los rezagados. Las pertenencias de 185 viajeros ya están en casa.

Sobre el suelo, en fila y perfectamente alineados esperan a ser recogidos por sus dueños varios relojes. De hombre, de mujer, dorados, plateados, digitales o de manecillas. A muchos de ellos se les ha roto la correa o tienen la esfera rota, pero la mayoría siguen marcando la hora. La vida quedó interrumpida para 79 de los viajeros del Alvia pero el segundero de sus relojes no se detuvo a las 20.41 horas del miércoles 24 de julio cuando el tren descarriló en la parroquia de Angrois (Santiago).

Acompañando a los relojes, están los móviles que no dejaban de sonar tras el accidente, monederos, gafas, reproductores de música, libros, neceseres... Son los últimos objetos que quedan por ser rescatados del pabellón del Instituto Rosalía de Castro donde la Policía los ha depositado para que familiares de las víctimas y supervivientes puedan recuperar sus pertenencias.

Desde que el sábado se abrió este espacio se levantaron un total de 185 actas de entrega. Eso significa que se recogieron objetos pertenecientes a un total de 185 viajeros. Cada una de las personas que acude a recuperar estos artículos perdidos durante el accidente se encuentra entre dos o tres enseres de su propiedad o que pertenecieron a alguno de sus familiares fallecidos.

Según la Policía, la mayor afluencia de gente se produjo los primeros días. Ahora hay un goteo, constante, pero cada vez más reducido de personas.

Quedan únicamente cuatro maletas sin dueño y bolsos además de documentación que perdieron los viajeros con el accidente. A través de estos artículos quedan reflejadas las historias de los pasajeros del Alvia. Algunos iban escuchando música, otros leían una novela y alguno incluso estudiaba inglés y llevaba un manual consigo. Los bastones de un peregrino también quedaron sobre la vía. Llegaron a su destino, a Santiago, pero en manos de la Policía. Es otro de los objetos que aún no han sido recogidos.