WhastApp, llamadas de último minuto e incluso fotografías colgadas poco antes del accidente en las redes sociales hicieron del siniestro de tren en Angrois algo distinto a otras tragedias: el uso de tecnología 3G acompañó hasta el final a muchas víctimas. Algunos efectivos de rescate confesaron -horrorizados- cómo el tono incesante de las llamadas siguió sonando en los móviles de algunos fallecidos. Hasta cuarenta y ocho después, incluso más, algunos aparatos estuvieron encendidos.

"Vengo a ver si han encontrado unas llaves", explicó ayer en la entrada el familiar de unos supervivientes. "Traigo una nota de agradecimiento a la Policía, porque gracias a su labor lo hemos recuperado casi todo...", aseguró cerca de la comisaría en Santiago otro de los que ayer asistió de nuevo al pabellón. A su salida, contento, aseguró que los propios agentes facilitaron más objetos de sus familiares, identificados, con los que ya no contaba.

Más de una decena de esos móviles -muchos de los que no dejaron de sonar la noche del 24 de julio para horror de quienes llamaban sin respuesta- se almacenan aún en el polideportivo del instituto Rosalía de Castro de Santiago. Algunos están rotos, con la pantalla hecha añicos o apagados. Pero para sorpresa de los que asisten a buscar el rastro de los suyos, la Policía ha logrado reunir y conservar, además de los equipajes, numerosos efectivos personales. Llaves, documentos de identidad, consolas de niños y hasta algún peluche.

En momentos de shock, los niños preguntan por su consola... y hasta los propietarios de un gato, por su mascota. "El compañero de habitación de mi madre preguntaba continuamente por su videojuego", explica uno de los que ayer se acercó hasta el almacén.

La Policía Científica y los servicios de emergencias recuperaron entre la madrugada y el día del jueves todos los efectos que quedaron en los trenes o en las vías y en las horas siguientes intentaron identificarlos. Utilizaron parte de ellos para buscar documentación que permitiese saber quiénes eran las víctimas. Un familiar de supervivientes relata cómo los efectivos policiales tenían las manos ensangrentadas tras la búsqueda de elementos personales de las víctimas. O por hacerse daño, o por estar en contacto con el desolador estado de muchas maletas.

"Creemos que es el polvillo de las cámaras de televisión del tren, cuyos cristales se clavan de una forma, como si fuesen purpurina y de modoa que los heridos pasan varios días quitándosela se clavaron en la gente.

Maletas destrozadas, manchadas de barro y algunas calcinadas esperaban en las gradas del pabellón, algunas muy maltrechas. La imagen despierta los fantasmas de la fatídica tarde noche del viernes y para muchos es muy pronto para acumular más recuerdos. Quizás por eso, haya quien voluntariamente no asista. Derecho al olvido, podrían proclamar.

Los primeros días el tránsito al pabellón del instituto Rosalía de Castro de Santiago fue de decenas de pasajeros y, fundamentalmente, de sus familiares. Pero varias decenas más no dieron el paso y las gradas siguen llenas de equipaje. "Todavía quedan bastantes", señalaron fuentes policiales. La agencia Efe aseguró anteayer que ya habían sido reclamados el 60% de los efectos recuperados del Alvia Madrid-Ferrol siniestrado.

Parece que para el resto se ha complicado la vuelta a casa. El viaje de sus dueños terminó a apenas cuatro kilómetros de la capital gallega y el suyo, de momento, en un pabellón deportivo situado tras la Comisaría local.