Industria plantea explotar 163.000 hectáreas de fincas abandonadas para generar electricidad
La producción se destinaría a las plantas de biomasa autorizadas en Galicia - La superficie equivale a un tercio de Pontevedra

Fincas en la comarca de Deza. // Bernabé
X. A. TABOADA - SANTIAGO
El Gobierno gallego autorizó la pasada legislatura la instalación de doce plantas de biomasa en la comunidad destinadas a la generación de electricidad que utilizarán como combustible restos de maleza y de desbroces de los montes gallegos, pero también plantas leñosas cultivadas específicamente para quemar en las calderas de las centrales térmicas. Un reciente estudio elaborado por el Instituto Enerxético de Galicia, dependiente de la Consellería de Economía e Industria, sostiene que el monte gallego es capaz de garantizar en parte el combustible con la biomasa actual, pero que se necesitan explotar nuevos cultivos energéticos.
Para ello, el Inega propone utilizar superficies agrarias abandonadas o desarboladas y ha identificado 163.486 hectáreas de tierras que se podrían destinar a estos cultivos energéticos. La extensión equivale a una tercera parte de la provincia de Pontevedra. Del total, 67.130 pertenecen al término provincial de Ourense, 35.800 a Lugo, 31.654 a Pontevedra y 28.902 a A Coruña.
Para garantizar el menor impacto, el Inega ha seleccionado tierras improductivas no sujetas a ninguna figura de protección ambiental y excluye la posibilidad de que se pueda realizar un cambio de cultivo en superficies agrarias o forestales. También se dejan al margen los terrenos próximos a núcleos de población para evitar los riesgos de incendios y aquellos con pendientes superiores al 35% porque imposibilitan el trabajo mecánico, lo que hace inviable sacar rendimiento.
"Tras aplicar los criterios anteriores, la superficie potencialmente aprovechable para la implantación de cultivos energéticos leñosos es de 163.486 hectáreas", precisa el Inega en su informe.
Por su parte, la Consellería de Medio Rural tiene en elaboración una orden para regular la creación de grandes plantaciones de árboles y arbustos con los que abastecer las centrales de biomasa. Estos cultivos energéticos podrán alcanzar las 100 hectáreas en el caso de especies foráneas, como el eucalipto o la paulownia.
La propuesta del Inega ha provocado el malestar de la Federación Ecoloxista Galega (FEG), que denuncia el "uso a gran escala de cultivos energéticos" para alimentar la plantas de biomasa. Su rechazo es frontal. "La FEG se opone de forma rotunda a las plantaciones de cultivos energéticos para producir electricidad en las plantas que se están tramitando. Las plantaciones de biomasa no son soluciones para el monte gallego y es necesario apostar por otras alternativas", censuran los ecologistas gallegos.
Este rechazo se sustenta porque los cultivos energéticos se realizan sobre todo con especies alóctonas o invasoras debido a su corte ciclo de explotación que permite sacar una mayor rentabilidad.
"Esta clase de plantaciones necesitan grandes cantidades de abonos, agua y pesticidas, contando además con densidades muy elevadas. De esta forma, estos cultivos resultan muy agresivos con el medio debido a los ciclos de talado reducidos, de tres o cuatro años, degradando así el suelo y eliminando su fertilidad. Y por otra parte, constituyen una paso más en la pérdida de biodiversidad de los montes y en la desaparición de las masas forestales autóctonas", denuncian los ecologistas.
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