05 de julio de 2012
05.07.2012

Vivir más de un siglo

Los centenarios gallegos señalan cuáles han sido los secretos de su longevidad

06.07.2012 | 20:02
Guillermina Ferreira, Remedios Fernández, Adela González y Rosa Fernández, cuatro residentes de San Telmo de Tui que suman 408 años, en su fiesta de aniversario, el pasado 16 de junio.

Galicia es una de las regiones del mundo donde se da una mayor longevidad. Es la otra cara del envejecimiento poblacional que afecta a nuestra comunidad, donde 635.000 personas tienen más de 65 años, lo que supone el 22,8% del total de la población. Con una media de 82,3 años, la esperanza de vida en Galicia al nacer es algo superior a la media española, que se sitúa en los 82. Los varones gallegos cifran esa esperanza en los 78,9 años y las mujeres en los 85,6. Por otra parte, son más de mil los gallegos que en la actualidad han superado la emblemática cifra de los cien años de existencia. En concreto, a principios de este año había en Galicia 1.102 centenarios, de ellos 855 mujeres y 247 hombres, según datos del Padrón.

¿Y cuáles son los secretos de esa longevidad? Uno de los mayores expertos en Galicia, Jesús Fraiz, director de la Galería da Lonxevidade, apunta los siguientes factores: la genética, la capacidad para superar adversidades, una mentalidad positiva, la actividad diaria y prolongada, hábitos saludables, una defensa inmunológica fuerte y ausencia de factores contaminantes en el ambiente. Un dato significativo es que la gran mayoría de los centenarios gallegos viven en el rural.

La mayoría de los factores enumerados por el doctor Fraiz se dan en la supercentenaria Teresa Galdó, que con 106 años –los cumplió el pasado 23 de abril– es una de las "abuelas de Galicia". En su caso destaca la actividad física que desarrolló durante su vida: en su juventud practicó el piragüismo y también correteó "como un rapaz" en las travesuras con sus amigos o detrás de un balón. "Si fuese hombre, sería árbitro de fútbol", comenta al recordar cómo desde jovencita se preocupó de que los chavales su Camposancos natal pudiesen jugar a fútbol con una pelota de verdad, con ella como árbitro.

Y junto con la actividad física, la capacidad para superar las adversidades, sobre todo durante los dolorosos años de la Guerra Civil, cuando muchos hombres estaban en la prisión de A Pasaxe. Teresa trabajó como telefonista y telegrafista, pero también ejerció de practicante y educadora.

Ahora vive plácidamente en la residencia Paz y Bien de Tui. "Aquí estoy fantástica, no tengo ninguna preocupación. Hay quien está disgustada por ser mayor. Yo no. Estoy en las manos de Dios", se sincera. En su casa comía bastante, sobre todo las paellas que sabía hacer su madre valenciana. Entre sus muchas aficiones, Teresa conserva la de jugar al dominó (casi siempre gana), leer y componer frases, con una actividad mental inusual a sus 106 primaveras. Sigue siendo presumida y le gusta vestir bien. Hasta no hace mucho escribía versos. Recuerda que además de ir en piragua, también llevaba el timón de un bote con el que iba hasta la ribera de Caminha (Portugal) y daba la vuelta alrededor de la isla Canosa, para regresar a Camposancos. No paraba quieta.

También realizó mucho ejercicio físico Rosa Fernández Pousa, que nació en San Campio de Figueiró (Tomiño) hace 105 años y vive en la Residencia San Telmo de Tui. De joven, Rosa iba caminando desde Figueiró a Goián y al mercado de Tomiño. Recuerda como si fuera hoy su vida en familia, con su padre maestro de Figueiró, su madre, una hermana y cuatro hermanos. Trabajaba en labores de casa y en el campo y también cocinaba, entre otras cosas empanadas y cocido. Ahora le gusta hacer labores de ganchillo y vestir bien, con colores alegres. El canto es una de sus aficiones y perteneció al coro de la iglesia. "Cuando salía una canción nueva, enseguida la aprendía", dice. A sus 105 años, Rosa lee los titulares de Faro de Vigo a diario. Come más bien poco: algo de carne, de pescado y verdura. "Las uvas son mi fruta preferida".

Genética

La herencia genética es, sin duda, uno de los factores decisivos en la mayor esperanza de vida. Es el caso de Delia Núñez, de Moraña, que el pasado 24 de abril cumplió 103 años, y también el de Claudina Bejo Carril, la abuela de Catoira, que el 4 de de ese mismo mes alcanzó un siglo de vida. Una prima de Delia falleció recientemente tras haber llegado también a los 103 años, y una hermana de Claudina, Emilia, falleció en agosto de 2011 con 101 años.

Delia Núñez, vecina de A Bouza, en Santa Xusta (Moraña), trabajó en el campo, cuidando animales y vendiendo huevos; una labor diaria en contacto con la naturaleza con una importante actividad física. Delia mantiene "una alimentación normal y está muy bien de cabeza", en palabras de su nieta Justa.

La vida de Claudina, por su parte, transcurrió en la parroquia cambadesa de Coaxe, donde se dedicó a las labores del campo propias de la aldea. Según comentan sus familiares, siempre fue "muy comedida" en cuanto a hábitos alimentarios, a base de productos de la comarca, y también ahora lleva una dieta muy ordenada, apunta una nieta política. El pasado 4 de abril, Claudina celebró la fiesta de su centenario visiblemente emocionada, una celebración en la que recibió un ramo de flores de manos del alcalde de Catoira, Alberto García, y de la edil de Igualdade e Maiores, Natividad Busto.

Mentalidad positiva

Un claro ejemplo de mentalidad positiva lo encontramos en Concepción_Pichel, una lalinense afincada en Silleda que el 11 de mayo pasado alcanzó los 104 años y cuyo secreto es la eterna sonrisa. Concha sigue atendiendo las tareas domésticas y dando de comer a sus gallinas. En todo momento transmite una alegría y una vitalidad contagiosas. Cuando se le pregunta por el secreto de su longevidad, encoge los hombros y comenta: "Será el aire, o el agua", y, mirando al cielo, bromea: "Se olvidaron de mí".

Otra persona que destaca por su optimismo y por hacer frente a las adversidades es Ramón Rey Barrán, el abuelo de Vila de Cruces que el pasado 25 de marzo cumplió 103 años con una salud envidiable. "Hambre no pasé y trabajé mucho, de casero y de carpintero; fui a la guerra y al servicio militar", resume este centenario que resta importancia a las penurias que pasó en los años duros y que ahora se entretiene dando pequeños paseos mientras añora las partidas de brisca que ya no puede jugar porque le falla la vista.
También ha cumplido 103 años la lalinense Celia Gómez Iglesias, que sopló las velas el 18 de febrero. Su vitalidad asombra a todos sus parientes, casi tanto como su memoria para recordar los nombres de familiares a los que apenas ve durante el año.

Adela González, de 102 años, natural de Pontevedra, vive en la Residencia San Telmo de Tui. Se crió en Buenos Aires, donde trabajó "haciendo bolsos". Come muy poco, casi siempre verduras y no aprecia la carne y el pescado. Recuerda que siempre caminó mucho, aunque ahora hay que ayudarla a caminar.

Guillermina Ferreira Rodríguez, de 101 años, natural de Mondariz, explica lo mucho que trabajó para recoger "toxo" y "cavar na leira, en Villasobroso". En su casa tenía que cuidar a las gallinas, al cerdo y a los bueyes, con ayuda de su madre y hermanos. Es soltera, siempre tuvo la misma vida y no se acuerda de cuándo dejó de trabajar. De comer, le gustaba el lomo de cerdo, cuando era la matanza. Comía poco, casi de todo y ahora prefiere la fruta. En las fiestas le gustaba bailar "suelto o agarrado. Era el momento más feliz", recuerda. En la residencia San Telmo, donde vive, habla mucho con las cuidadoras.

Hábitos alimentarios

Juan Rodríguez Puga, natural de Castro Caldelas y que el pasado 1 de junio cumplió cien años, no duda en atribuir su buena salud a una cuidada alimentación. "El ajo es lo que me mantiene así", asegura Juan, que trabajó de peluquero en el barrio vigués de O Calvario. Y es que el desayuno que cada día toma puntualmente a las 9.00 horas está compuesto por dos dientes de ajo con pan, una barra energética de muesli y una fruta de temporada. Juan procura seguir siempre un horario muy metódico. Así, se levanta a las 8.30 horas, se asea, desayuna y lee la prensa "sin gafas", da un paseo de algo más de una hora, como a las 13.30 horas y de nuevo sale a la calle a dar un paseo.

Avelina Figueroa, que entró en el club de los centenarios el pasado 27 de abril, come de todo, "y su vaso de vino que nadie se lo quite", comenta su nieto Amancio. Avelina, natural de la parroquia de Castrelo, en Cambados, fue agricultora y se dedicó también a la venta de pescado a domicilio. La actividad física, con largas caminatas, y una alimentación a base de productos naturales de la zona están, sin duda, detrás de su buena salud y de su longevidad. Todavía da algunos paseos y se entretiene viendo la televisión o jugando a las cartas. Sobre todo a la brisca.

En el club de los centenarios gallegos ingresó el pasado 14 de mayo José María Vázquez Carril, un veterano agricultor de la parroquia estradense de Loimil. Toda su vida ha estado en estrecho contacto con la naturaleza; siempre le gustó caminar y aun hoy en día sigue haciéndolo. "Camina mucho, aunque ahora con más precauciones, como es lógico", comenta su nieta Mónica Vázquez, con la que vive en Os Casares de Loimil. José María come de todo y siempre se alimentó de productos caseros, de ahí su buen estado de salud. También conserva una buena memoria, no para de contar anécdotas de su dilatada vida "y nunca se repite", añade su nieta Mónica.

Son algunos ejemplos de la vitalidad de unos centenarios gallegos que disfrutan como niños cada vez que tienen que soplar las velas de la tarta. ¡Felicidades, abuelos de Galicia!

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