La misma razón que provocó el polémico noviazgo de Caixanova con Caixa Galicia, un entorno económico complicadísimo y los efectos de la crisis en los resultados del sector, es, precisamente, el principal enemigo del proyecto. El plan de integración, con más de 16.000 millones de euros en desinversiones y un arranque del negocio en este 2010 y el próximo 2011 muy ajustado, es la prueba más clara de que, como reconoció el líder de la entidad viguesa y primer presidente de la caja única, la operación nace en el peor momento posible. Por eso la "orientación estratégica" con la que la cúpula quiere "iniciar la andadura" es una mezcla de la apuesta por el territorio con una larga lista de condicionantes para "alcanzar el éxito en el proceso". En la documentación que las entidades acaban de enviar a la Xunta y al Parlamento para conseguir la autorización definitiva a la caja única vinculan ese triunfo a, entre otras cosas, que la integración se ejecute con "rapidez" y se mantenga "una intensa acción comercial".

Es decir, que el encaje interno no se convierta en un obstáculo con las dos diferentes trayectorias que acumula cada caja y fidelizar a la clientela ante las incertidumbres que planean sobre la unión en Galicia y, en general, sobre todo el conjunto de cajas por el trasfondo de la reestructuración. Sobre la inestabilidad de sus cuentas. El proyecto de fusión de Caixanova y Caixa Galicia que la pasada semana recibió el respaldo de sus respectivas asambleas apuesta por una "unificación operativa", una "estructura organizativa eficiente" y la "homogeneización" de las dos culturas corporativas de la que vienen bajo los criterios de "racionalidad", "eficacia", "optimización técnica" y "competitividad".

Una buena parte de los principios que inspiran el nacimiento de la caja fusionada a partir del inmediato 1 de diciembre recuerdan el decálogo que Julio Fernández Gayoso esbozó la pasada semana durante la entrega del premio al directivo del año que le concedieron los empresarios gallegos afincados en Madrid. Él puso el acento en la importancia de que la entidad siga siendo una caja de ahorros, a la vista de las posibilidades que la reforma de la ley del sector permite para privatizar el negocio, y la estrategia pasa por seguir esa filosofía, con el importante matiz, eso sí, "del respeto a la profesionalidad de la gestión".

La fusión quiere "intensificar" la integración con Galicia, incluidos los emigrantes, mediante la colaboración con instituciones públicas y privadas, organizaciones sociales y profesionales "y cooperando con las administraciones públicas desde la óptica de una mayor fortaleza financiera y capacidad de actuación". Un mensaje tanto para la obra social como para la fluidez del crédito en el tejido empresarial gallego.

De que los fondos no sean un problema para reforzar el apego a la comunidad tendrá mucho que ver la evolución del negocio. "Asegurar la capacidad de servicio a la comunidad gallega en general", señalan las entidades. Una "actividad financiera y crediticia de tipo universal –añaden–, complementada con las necesarias especialidades". La cúpula directiva que llevará las riendas asume que el reto pasa por una oferta de productos y servicios "más amplia y completa" sin perder de vista "la máxima satisfacción posible a las demandas de sus clientes".