10 de mayo de 2009
10.05.2009
gallegos en la cima / roberto alonso trillo

Un músico para la paz

El violinista vigués imparte clase a israelíes y palestinos en Jerusalén

10.05.2009 | 04:17
El músico vigués Roberto Alonso, ante una panorámica de Jerusalén con la mezquita de Al-Aqsa y el cementerio judio. Al fondo, se encuentra el monte de los olivos.

Comenzó a estudiar a los 7 años en Mayeusis y completó su formación en el Reino Unido, pero también en Croacia, Francia o EE UU. En su web robertoalonsotrillo. com se pueden escuchar grabaciones, además de su colaboración con el grupo indie gallego Nadadora. Ha escrito artículos para la revista de la Barrié "43ºN 8ºW" y en el próximo número relatará sus vivencias en Jerusalén.

Vive a medio camino entre Jerusalén y Belén, "en medio del muro", y cada tarde atraviesa los checkpoints, los puntos de control del Ejército que él describe como "una mezcla de cárcel y peaje", para dar clase a jóvenes israelíes y palestinos en el Conservatorio Nacional Edward Said. Su fundador, ya fallecido, lo creó para "unir a la gente a través de la música".
Roberto Alonso (Vigo, 1983) comenzó a tocar el violín en su ciudad natal hasta que a los 17 años dio el salto al Reino Unido bajo la tutela de Lucia Ibragimova. Después completaría un posgrado con una beca Barrié de la Maza y recorrió el mundo para asistir a cursos impartidos por reconocidos músicos como Natasha Boyarskaya, Jaqueline Ross, Isidora Romanoff-Schawarzberg o Boris Garlitsky, además de actuar como solista y en diferentes formaciones internacionales.
Llevaba tres años en Madrid trabajando y preparando su tesis sobre los autores españoles de la Generación del 51, que presentará en la Universidad de Birmingham, cuando decidió trasladarse durante todo un curso a Israel, país del que destaca su gran tradición musical. "Vivir aquí es un poco duro y he estado trabajando si parar. En enero, después de las vacaciones, me pensé bastante lo de volver después de lo de Gaza, pero es una experiencia muy interesante", confiesa.
Admite que sus simpatías siguen estando "del lado palestino", y que os últimos acontecimientos, como la victoria de la derecha "radical" en las elecciones gubernamentales, le han vuelto "más pesimista" respecto al proceso de paz.
Da clases de viola y violín en los centros Edward Said de Belén y Jerusalén, donde es el único español entre un colectivo multicultural de profesores alemanes, italianos, franceses e ingleses. Sus alumnos van desde los 4 a los 25 años y la mayoría son palestinos, aunque también hay israelíes. "Un día una alumna musulmana que también estudia en al Universidad llegó a un examen llorando y nos explicó que no había podido dormir durante la noche porque los militares habían entrado en su campo de refugiados y habían arrestado a un primo pequeño por tirarle piedras", relata.
Pero en la escuela también ha disfrutado de otro tipo de vivencias como varios conciertos o la visita del ex Beatle sir Paul McCartney. "El centro tiene el apoyo de fundaciones de todo el mundo y él estuvo a principios de curso. Tocó con los chavales, pero con el violín no tiene mucho talento", bromea.
También le ha dado tiempo a hacer turismo en una ciudad sagrada para cristianos, judíos y musulmanes. Más que sus símbolos –el Muro de las Lamentaciones, las mezquitas...– lo que de verdad le ha impresionado es el "fanatismo". El ambiente en las calles, dice, "es una mezcla de turistas internacionales de corte religioso, ortodoxos judíos que siempre llaman la atención, musulmanes con sus ropas tradicionales y muchísimos militares".
En un par de semanas, Roberto viajará a Birmingham para acudir a un curso. Durante su estancia en Israel apenas ha tenido tiempo de trabajar en su tesis sobre las obras para violín de la Generación del 51, "los primeros autores españoles de vanguardia". Graba sus composiciones y las analiza "con herramientas de la era digital". "Los jóvenes los consideran de la vieja escuela y como muchos se desarrollaron bajo el régimen están muy estigmatizados, pero en el arte contemporáneo hay mucha apariencia y poca calidad", defiende.
Aprovechará el viaje para pasar unos días de Vigo, ya que empieza a pesarle la morriña: "El otro día me comí unas mejillones, pero eran de Nueva Zelanda y verdes".

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