"Lo que ocurre en esta zona es increíble", manifestaban consternados los vecinos de las casas próximas a la urbanización en construcción donde se halló el explosivo. Todavía pálidos y asustados por lo ocurrido, los residentes del barrio nigranense de Cotros salieron de sus viviendas en torno a las cinco de la tarde en busca de explicaciones. "¿Se sabe por qué fue?", preguntaban a los periodistas en cuanto tuvieron permiso de los efectivos policiales para pisar la calle.

Ninguno quería dar su nombre por miedo. "Vete a saber lo que puede ocurrir", alegaban. El hombre que ocupaba una de las viviendas frente al complejo residencial contaba que la explosión le había pillado durmiendo. "Oí un ruido fuerte, pero como me había quedado traspuesto en el sofá, pensé que el viento había cerrado una puerta de golpe", explicaba. Ni siquiera salió a la ventana para comprobar qué ocurría en el momento. Poco después, salió de la casa como cada día y un guardia civil le dijo que volviese y se quedase dentro. "Pregunté qué pasaba pero no me dieron respuesta", explicaba a su hija, que llegaba de trabajar cuando se encontró que no podía acceder a su casa.

Junto a él se encontraba un vecino del barrio de A Cabreira, a un kilómetro de distancia. Quería saber más sobre lo ocurrido. En el momento del estallido, también estaba en su casa. "Pensé que era una bomba de palenque y me acerqué a ver qué celebraban aquí. Entonces ya me encontré con todo esto", indicaba este otro nigranense. El ruido de la explosión se oyó incluso en lugares situados a cinco kilómetros de distancia.

Ante la vivienda contigua, se agrupaban otros vecinos que iban más allá. "Esto tiene que ser algo relacionado con los problemas urbanísticos, pero nosotros no tenemos nada que ver", comentaban. Estos residentes recordaban la presentación de las firmas en el ayuntamiento para exigir que la rebaja de la altura de los chalés, que les restaban vistas a sus viviendas. "Eso fue hace un año. Lo extraño es que ahora ocurra esto", apuntaban.

Cien metros calle abajo, grupos de curiosos también aventuraban conjeturas e incluso bromeaban con los conflictos urbanísticos del municipio. "Cualquier día revienta todo y aquí no queda nadie", decían.

Durante las cuatro horas que la calle Francisca Lago permaneció cortada para evitar el acceso al lugar de los hechos, se iba sucediendo la llegada de personas con preguntas sobre lo ocurrido. Muchas de ellas pretendían acceder con sus vehículos, pero se encontraban con agentes de la Policía Local, que los obligaban a continuar. Así, el hallazgo del artefacto dejó sin almuerzo a más de un vecino del barrio de Cotros después de su jornada laboral.