X. A. Taboada / Santiago

El Gobierno ya ha cerrado con Repsol el plan para enviar una misión al fondo del mar con el objeto de inspeccionar los restos del Prestige. Un robot por control remoto bajará a comprobar el estado del pecio entre los meses de junio y septiembre de este año, que es el periodo en que se espera que las condiciones meteorológicos y del mar faciliten la tarea.

El informe de la operación será elevado hoy al Consejo de Ministros para que el Gobierno conozca los detalles del plan de actuación acordado entre la Vicepresidencia primera y la compañía petrolífera Repsol, que también fue la encargada de extraer el fuel que quedaba en los tanques cuando se hundió el Prestige, en noviembre de 2002.

Al margen de los detalles, Vicepresidencia del Gobierno confirmó ayer que "se bajará al pecio entre los meses de junio y septiembre", y dentro de este plazo, "en el momento en que el tiempo sea más favorable y lo permita". La inspección de los restos del Prestige, hundido a 3.800 metros de profundidad y a unos 260 kilómetros de la costa gallega, se realizará mediante un robot submarino teledirigido, que puede ser similar a los empleados para extraer el fuel de los tanques, con brazo articulado, o uno más pequeño y equipado sólo con cámaras de televisión para realizar una comprobación visual de las fugas.

Las alarmas saltaron tras el verano del pasado año, cuando se conoció que desde marzo, hace ahora un año, de los tanques del Prestige seguían emanando vertidos de fuel que llegaban a la superficie en forma de irisaciones. Una expedición a la zona del hundimiento del petrolero, organizada por el Oceanográfico de Vigo entre los días 29 de octubre y 3 noviembre, confirmó que los restos de hidrocarburos procedían del Prestige.

En consecuencia, el Gobierno se comprometió a realizar un seguimiento continuo en superficie para evaluar el alcance de las irisaciones, aunque desde el primer momento se dijo que nunca llegarían a la costa y que sus reducidas dimensiones no significaban ningún impacto para el medio ambiente.

Demanda unísona

Estas medidas no fueron suficientes para amplios sectores de la población de Galicia, que entonces levantaron sus voces para reclamar al Gobierno que enviara un robot al fondo del mar para inspeccionar el pecio. La demanda la apoyaban, entre otros, científicos, cofradías de pescadores, el PP, el BNG y la Vicepresidencia de la Xunta, en manos nacionalistas. En un primer momento, el presidente del Gobierno gallego, Emilio Pérez Touriño, se conformó con un dispositivo de vigilancia, pero posteriormente envió una carta a la vipresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, en la que le pedía que considerase la opción de inspeccionar el casco del petrolero.

Pese la presión ejercida desde Galicia, el Gobierno se negó a una misión submarina, pero el día 2 de diciembre, durante una visita oficial de tres días a la comunidad gallega, Fernández de la Vega rectificó su postura y anunció que a lo largo de 2007 se iba a bajar al fondo del mar para inspeccionar el pecio y que la operación se había encargado a Repsol.

La vicepresidenta explicó que el riesgo de un gran vertido era remoto y que incluso con la decisión de inspeccionar el buque se estaban adoptando más medios que los recomendados por los científicos.

Y hasta ayer no se le puso fecha a la operación para comprobar el estado del casco de Prestige, que se realizará, según la previsión oficial, durante el próximo verano y cuando la condiciones climatológicas lo permitan.