L. Costas / A Coruña

El Servicio Galego de Saúde (Sergas) tendrá que indemnizar con 300.000 euros a un matrimonio por la deficiente asistencia a la mujer durante un parto de gemelos en el que uno de los niños nació muerto y el otro sufrió asfixia neonatal e hipoxia (falta de oxígeno en el cerebro), por lo que padece parálisis cerebral infantil y retraso en todas las áreas de desarrollo. El Tribunal Superior acaba de condenar a la Administración sanitaria por no haber detectado a tiempo un síndrome de transfusión feto-fetal, o lo que es lo mismo que la sangre pasaba directamente de uno de los fetos al otro, lo que provocó primero un desarrollo discordante de los fetos y luego, la muerte de uno de ellos. El tribunal considera además que las lesiones provocadas al bebé que sobrevivió se pudieron haber evitado si la madre hubiera sido sometida a una ecografía cuando ingresó en el hospital. El fallo acusa al Materno de mala praxis y de no haber adoptado las medidas necesarias para salvar la vida del feto muerto o, al menos, haber extraído sin secuelas a su hermana.

El parto se produjo el 18 de marzo de 1997, dos días después de que la madre ingresase en el Materno con amenaza de parto prematuro. La paciente fue explorada con un auscultador, tras lo que los médicos concluyeron que los dos fetos estaban vivos. La mujer presentaba además hipertensión y los fetos un ritmo cardíaco anómalo, pero los médicos tardaron en someter a su paciente a una ecografía. La prueba reveló que uno de los fetos, de unas 30 semanas de gestación y 1,9 kilos de peso, estaba muerto, mientras que el otro pesaba 3,6 kilos y tenía gran cantidad de líquido amniótico.Los médicos programaron la cesárea para el día 18, pero acabaron por hacerla de madrugada tras constatar "sufrimiento fetal agudo".

La sentencia dice que en este caso se produjeron una serie de errores médicos que provocaron la muerte del primer feto y secuelas en el segundo. La madre de los niños fue sometida a un control médico el 12 de febrero de 1997, cuando estaba embarazada de 30 semanas. La ecografía ya reveló entonces un "crecimiento discordante" de los fetos, lo que según el tribunal, aconsejaba repetir la prueba en una o dos semanas y controlar la situación hemodinámica de los fetos".