Xan Salgueiro / VILA DE CRUCES

Toma once parroquias y haz lo que puedas. Algo similar le dijo no ha mucho monseñor Julián Barrio a José Manuel Galego García, párroco de Vila de Cruces desde hace 18 años, que se ha visto obligado -"en contra de mi voluntad", confiesa- a "cargar" con once parroquias civiles, el récord de toda la Archidiócesis de Santiago de Compostela. Aunque a efectos eclesiásticos algunas han sido suprimidas, José Manuel Galego ha de multiplicarse los domingos para poder mantener las misas en seis parroquias, eso sí, con la imprescindible ayuda del cura retirado Ramón Montero. Además de Vila de Cruces, tiene a su cargo Cumeiro, Duxame y Portodemouros (ésta unida a la anterior para la liturgia dominical) y las unidades pastorales que forman Oirós, Besexos, Bodaño y Asorei (ésta anexada a Oirós, en donde hay misas todos los domingos, mientras que Bodaño y Besexos se turnan) y Larazo, Loño y Arnego (con oficios en domingos alternos en las dos primeras y algún sábado en Arnego).

Domingo 18 de marzo -víspera de San José, patrón de las vocaciones religiosas-, 9.20 horas. Galego llega con diez minutos de antelación a su primera cita litúrgica de una intensa mañana. Es su debut en Bodaño y departe en el atrio con varios feligreses, extrañados por la presencia de una fotógrafa y un redactor. "Antes a misa era ás 12 e agora ás 9.30, por iso non estamos acostumados, senón había máis xente", justifica Erundina la baja asistencia, que es unas 40 personas en una parroquia de 175 habitantes. A los lugareños no les hace mucha gracia tener misa cada quince días, pero la plantilla no da para más y se resignan: "Estabamos máis aquelados coa misa permanente aquí, coma antes, pero... iremos a Oirós", comenta José. "Eu prefiro ir ao Corpiño", replica Manuel. "Si, é cerquiña e hai máis ambiente", acepta el primero. Jaime, más pragmático, esboza una solución con una sonrisa: "Hai que rogarlle ao Señor que mande pastores para a súa igrexa".

Ya en el templo de San Mamede, una joya patrimonial de 1759, con más luz y menos humedad de lo habitual en las viejas iglesias de piedra, el cura utiliza la breve homilía de que dispone para explicar a los fieles cómo serán las cosas a partir de ahora. Alaba a sus feligreses de Bodaño, a los que hace merecedores de "un sobresaliente por su piedad y su asistencia a los oficios", y, como a los de las demás parroquias, les pide resignación y que recen para que surjan vocaciones. De hecho, en dos décadas no se recuerda la ordenación de un sacerdote cruceño. Muestra de la apatía por lo divino es que nadie se anima a leer las lecturas. Es el cuarto domingo del recatado tiempo de la Cuaresma y un clásico protagoniza la del Evangelio, versión San Lucas: La parábola del hijo pródigo.

A la salida del templo, muy acorde con los tiempos que corren, el cura reparte tarjetas entre los vecinos y les insta a que "non dubiden en chamar para o que necesiten". Pero no se entretiene. Son las 10.00 y enfila el camino a Oirós, a un kilómetro, a bordo de su moderno Renault Megane Scenic, color negro suave.

A diferencia del resto de los mortales, Galego, que reside en su casa natal de O Corpiño, se levanta los domingos media hora antes de lo habitual, hacia las 7.30. Ingiere un "desayuno normal" -el ayuno para comulgar se ha reducido a una hora-, reza el breviario y ultima detalles de las misas de la jornada; la homilía le recomiendan prepararla con ocho días de antelación. Es preciso salir bien alimentado de casa para aguantar más de tres horas de alocuciones, ya que entre misa y misa "non da tempo nin para un café", advierte.

Boicot en Oirós

La cita en Oirós es a las 10.15, pero el oficio se inicia con 10 inevitables minutos de retraso. Fuera de la iglesia de Santa María, con el imponente pazo que es la rectoral de fondo, presidiendo los dominios eclesiásticos, el pedáneo, Manuel Conde, atestigua el malestar que hay en el pueblo por el adelanto de la misa en 45 minutos: "Comprendo que [os curas] non dan feito, pero os labradores están ordeñando a esta hora e tamén teñen que atender o seu. Claro, non vai cambiar a de Cruces, é lóxico que a teña ás 12". Y apostilla: "Tiñan que poñer a carreira de cura en catro ou cinco anos; entón habería máis". Dentro, entre la treintena de asistentes (de 165 vecinos y 61 de Asorei), se palpa la tensión, sobre todo a la hora de hablar de la "axenda semanal" y de la imposibilidad de prestar un servicio más completo. Habla, en realidad, para los ausentes, un colectivo de mujeres que boicotea la liturgia por las diferencias. La división que vive la parroquia también se deja sentir en el traslado de las confirmaciones a Cumeiro, el 15 de abril, aprovechando la visita pastoral del arzobispo, "un artículo de lujo", repite el cura Galego.

"Tes que andar rápido", apunta Galego, mientras conduce lentamente, con precaución propia de un cura, por siete kilómetros de pistas entre Oirós y Cumeiro. En esta parroquia, de 252 habitantes, hay mucha mayor concurrencia y animación; unas 80 personas llenan el remozado templo de San Pedro, con notable presencia juvenil. Una vecina intenta negociar una novena exprés en la sacristía, mientras el cura se viste. "Non pode ser, ata despois de Semana Santa, nada", sentencia éste. En la homilía habla del arreglo de la iglesia y del constante "apoio do alcalde". "Non é facer política, constato un feito e teño que dicilo, honradamente", aclara ante los feligreses de Cumeiro, en donde rige una coral, su ojito derecho.