"Se vuelve a la España hemipléjica de la alta velocidad ferroviaria que habíamos heredado en 1996 y que tanto esfuerzo costó reconducir, después de dejar sin AVE a Galicia, Asturias, parte de Castilla y León, La Rioja, Navarra, parte de la Comunidad Valenciana, Murcia, parte de Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura, incluido el corredor internacional hasta Lisboa". Con este recuento, el ex ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, hizo ayer en Madrid repaso de "la marcha real de las infraestructuras de comunicaciones en España" minutos antes de recibir la medalla que lo acredita como socio de honor de la Real Sociedad Geográfica.

Las comunicaciones, según dijo, están "retrasadas o paradas desde hace tres años al amparo de la nueva política que, bajo un eslogan rimbombante, recorta y retrasa hasta 2020 las carreteras, los ferrocarriles, los puertos y los aeropuertos previstos para 2010".

Según Álvarez-Cascos, el Principado de Asturias o Galicia son alguna de las comunidades "condenadas hoy de nuevo a la segunda división ferroviaria, ahora bautizada como de altas prestaciones, denominación desconocida en las directivas europeas y las leyes españolas". Además, según aseveró, estas comunidades, como toda España, están siendo sacudidas por una "tormenta política y social" desde marzo de 2004.

"Hace tres años, el terrorismo se cebó cruelmente en Madrid", subrayó el ex ministro popular, "y conmovió los sentimientos más nobles de los ciudadanos de España y del mundo". Una conmoción de la que, sostuvo, se aprovechó el PSOE: "De ella se sirvieron de modo insolidario y sectario para triunfar en unas elecciones los gobernantes actuales, carentes de otros objetivos políticos concretos con los que atraer la confianza de los españoles".

"La operación política y mediática que organizaron entonces fue coherente con su trayectoria", dijo para vincular la matanza del 11-M con la llegada de Zapatero a la Moncloa. Ayer se cumplieron tres años de la victoria socialista.

"La manipulación política y mediática del terrorismo", según añadió Cascos, "no podía perfeccionar mejor un programa político tan primario como miserable, necesitado de mucho maquillaje para ocultar sus limitaciones y de grandes dosis de sedante para ser soportado por la sociedad".