Miticultura
Manolo Castro Paz, medio siglo entre bateas y un llamamiento a la unidad frente al chorito
Ya jubilado, este productor de A Illa alerta sobre la importación de mejillón chileno
Opmega rinde homenaje a aquel niño que empezó en la batea con su padre en 1973

Imagen de archivo de Manuel Castro durante una visita de la exconselleira de Mar, Rosa Quintana. / Noé Parga

Manuel Castro Paz, popularmente conocido como Manolo Pescador, es un vecino de A Illa de Arousa que se inició en el cultivo de mejillón siendo un niño, hace más de medio siglo, participando activamente durante tres décadas en diferentes juntas directivas de entidades mejilloneras y convirtiéndose en un firme defensor de los intereses pesqueros, marisqueros y acuícolas de su pueblo.
Fue uno de los más fervientes defensores de mejoras portuarias en la localidad, reuniéndose con Rosa Quintana, Carmen Gallego y demás conselleiros que pasaron por la Xunta, así como con dirigentes de Portos de Galicia y todo tipo de autoridades ante las que reivindicó mejoras para los puertos y el sector mejillonero, sobre todo en su condición de presidente de la Asociación de Mejilloneros de A Illa (AMI).
Ahora ha llegado el momento de homenajearlo y agradecerle los servicios prestados. Al menos eso cree la Organización de Productores de Mejillón de Galicia (Opmega), que mañana lo convertirá en protagonista de la jornada de debate «Miticultura en clave europea», a desplegar en el edificio Mexillón de Galicia (Vilagarcía).

Imagen de archivo del homenajeado (en el centro de la imagen) durante una visita institucional al puerto de A Illa. / Iñaki Abella
Ricardo Herbón, presidente de la entidad mayoritaria del sector, será el encargado de entregar la distinción correspondiente a Manolo Pescador, que empezó a faenar en 1973, cuando solo tenía 14 años, acompañando a su padre.
Explican en la organización bateeira que el isleño «pasó siete u ocho años combinando pesca y mejillón, dedicándose después al cultivo en batea y jubilándose a los sesenta años, si bien nunca llegó a desconectar del todo».
Este reconocimiento es, por tanto, una manera de «poner en valor su trayectoria, la de un mejillonero que pasó por todas las fases del oficio, que vio cómo se organizaba un sector que durante décadas funcionó sin estructura y que ahora, ya jubilado, mantiene intacta su apuesta por el asociacionismo y su preocupación por un oficio que es más que un trabajo».
Ante este homenaje, Manolo Castro Paz resalta que, en base a su experiencia, los peores momentos del trabajo en la batea se vivían hace un cuarto de siglo, cuando el sector «no estaba estructurado». A diferencia de entonces, «ahora estamos organizados, y el único problema son las biotoxinas; pero siempre las hubo, y épocas malas, también».

Manuel Castro, el bateeiro que Opmega homenajeará mañana. / FdV
A pesar de los malos momentos, Manolo O Pescador, con dos hijos varones y una hija estrechamente vinculados al sector miticultor, hace un balance positivo de su paso por el sector: «Lo mejor fue todo, no tengo queja», proclama.
Con el relevo generacional asegurado, este conocido bateeiro no deja de pensar en el futuro. Tanto en el suyo como en el de sus descendientes. De ahí que no oculte su preocupación por las amenazas que pesan sobre el «oro negro» de batea.
En este sentido, el isleño remarca: «Lo que me preocupa es lo que viene de fuera». Se refiere al chorito, que es como se conoce al mejillón que se cultiva en Chile y se importa en Galicia.
Una inquietud que en Opmega dicen compartir, dado que las importaciones de chorito «marcan desde hace años los precios del mejillón procesado en el mercado europeo y operan con costes de producción muy por debajo de los gallegos», lo cual encierra «una presión que erosiona la rentabilidad del cultivo en las Rías Baixas».
Es para hacer frente a estas y otras amenazas que Castro Paz apela a la unidad del sector productor gallego. «Debemos lograr que nuestro producto tenga un precio adecuado, y para eso debe unirse toda la gente del mar, dado que la unión hace la fuerza».
Un mensaje que en Opmega hacen suyo, pues si bien «no es una frase nueva en el sector, cuando sale de la boca de un bateeiro con treinta años de actividad asociativa suena rotunda».
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