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Iago Fonseca y María Pacín, codirectores de Litus Caleo: «Potenciar el talento no debe entenderse como conceder privilegios a determinados alumnos»

Los profesionales de este centro vigués, especializado en identificación e intervención con personas con AACC y talentos, ofrecerán en el Foro de Educación herramientas y estrategias para profesores y educadores adaptadas a estos perfiles de estudiantado

Iago Fonseca, pedagogo experto en altas capacidades, y María Pacín, psicóloga clínica y educativa.

Iago Fonseca, pedagogo experto en altas capacidades, y María Pacín, psicóloga clínica y educativa. / FdV

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¿Cuáles son los principales indicadores de las altas capacidades?

Los indicadores deben entenderse de forma amplia y multidimensional. No existe un único comportamiento que permita identificar a un niño con altas capacidades, ni basta con observar que tiene buenas notas o un CI elevado. Tampoco se definen exclusivamente por una puntuación elevada en un test de inteligencia, sino por un conjunto de rasgos cognitivos, creativos y socioemocionales. Los indicadores sirven para detectar, no para diagnosticar por sí solos.

Algunos de los principales son las capacidades de razonamiento superior, rapidez y profundidad en el aprendizaje, curiosidad intelectual intensa y apertura a la experiencia o creatividad y pensamiento divergente desarrollados, entre otros. Pero es muy importante aclarar que ningún niño o niña presenta todos estos indicadores al mismo tiempo ni con la misma intensidad. La clave es que la combinación de una alta capacidad de razonamiento, una gran curiosidad y una marcada intensidad emocional es la señal de alerta fundamental para iniciar una evaluación psicopedagógica orientada a enriquecer su entorno educativo.

Comentaban hace unos meses para FARO EDUCA que la edad más recomendable para realizar una evaluación sería a partir de los 8 años.

No sería adecuado decir «hay que esperar hasta los 6, 7 u 8 años para evaluar». Lo que sí es recomendable es distinguir el propósito de la evaluación. En edades tempranas es observar, detectar, estimular y realizar una evaluación multidimensional, evitando conclusiones excesivamente definitivas. A medida que avanza el desarrollo, reunir más evidencias y comprobar si el perfil de capacidad se mantiene, se amplía o cambia. Es decir, cuanto menor es el niño, más importante resulta hablar de potencial, indicadores y seguimiento, y no interpretar una única puntuación como una característica fija e inmutable.Independientemente de la edad, conviene evaluar a un niño cuando existen indicios razonables de un potencial significativamente superior, porque identificar ese potencial permite ajustar la respuesta educativa y socioemocional y evitar que sus necesidades pasen inadvertidas. La capacidad de las pruebas psicométricas para identificar de forma estable y completa las altas capacidades es más limitada en cuanto menor es la edad.

¿Consideran que se da una respuesta adecuada a un estudiante de altas capacidades dentro del contexto ordinario del aula?

No, pero es cierto que, por la demanda de formación que recibimos en Caleo, percibimos un incremento significativo de docentes conscientes de que el alumnado de altas capacidades tiene unas necesidades educativas concretas. No obstante, en términos generales, todavía no puede afirmarse que el sistema educativo esté ofreciendo una respuesta suficientemente adecuada y sistemática a este perfil de alumnado. El problema no es tanto que no existan estrategias eficaces, sino que su aplicación sigue siendo desigual y, en muchos casos, insuficiente.

«La evidencia no apunta a que la solución sea necesariamente sacar al alumno del aula ordinaria»

El aula ordinaria podría ser un espacio de desarrollo del talento si aplicásemos modelos que ya están funcionando en otros lugares, como el modelo de Enriquecimiento para toda la escuela (SEM) de Renzulli. Resumiéndolo mucho, plantea tres grandes vías: desarrollar los talentos, proporcionar experiencias de enriquecimiento avanzado y ofrecer oportunidades de profundización según los intereses y fortalezas de cada estudiante. Existen modelos, estrategias y experiencias que han demostrado ser eficaces, pero su aplicación depende en gran medida de la formación del profesorado, de los recursos disponibles, de la capacidad de los centros para flexibilizar el currículo y, sobre todo, de la concepción que se tenga de las altas capacidades.

¿Qué otras estrategias podrían aplicarse desde ya, teniendo en cuenta los recursos disponibles?

En nuestras formaciones a docentes, generalmente, proponemos iniciar por una metodología DUA complementada con una adaptación del portfolio del talento. Si queremos una inclusión real de todo el alumnado en el aula ordinaria debemos ser capaces de generar para el alumnado de altas capacidades un nivel de desafío, profundidad y ritmo coherente con su potencial. La respuesta educativa adecuada debe pasar de una lógica de «más actividades» a una lógica de «mejores y más ajustadas oportunidades de aprendizaje». La evidencia no apunta a que la solución sea necesariamente sacar al alumno del aula ordinaria, sino transformar la respuesta educativa dentro de ella mediante diferenciación, enriquecimiento, flexibilización y, cuando proceda, aceleración.

«La escuela del futuro no debería limitarse a detectar quién tiene más capacidad, sino crear las condiciones para que el potencial de estudiante pueda desarrollarse»

Y pensando en demandas para un futuro mejor, ¿cuáles son imprescindibles para lograr el desarrollo integral del alumnado?

Es necesario repensar el sistema educativo en su totalidad. Necesitamos realizar una pedagogía comparada que nos permita aprender de lo que está funcionando en otros países. La escuela del futuro no debería limitarse a detectar quién tiene más capacidad, sino crear las condiciones para que el potencial de estudiante pueda desarrollarse.

Atendiendo a las investigaciones y marcos teóricos más relevantes en este campo, las demandas ineludibles se articulan en cinco ejes estructurales: desmantelar la "dictadura de la edad" (Javier y Marta Tourón), transitar de "consumidores de lecciones" a creadores de conocimiento (Joseph Renzulli), dar atención prioritaria a la identidad y la salud socioemocional (Steven Pfeiffer), formación docente obligatoria y desmotificación (Rosabel Rodríguez) y evaluación multidimensional, proactiva y continua (propuesta también de Steven Pfeiffer).

¿Por qué potenciar el talento de los y las estudiantes debe ser un objetivo del profesorado?

Porque educar no consiste únicamente en transmitir unos contenidos comunes, sino en crear las condiciones para que cada estudiante pueda desarrollar al máximo sus capacidades, intereses y potencial. Potenciar el talento no debe entenderse como conceder privilegios a determinados alumnos. Si uno necesita apoyo para superar una dificultad, proporcionárselo es una medida de equidad. Del mismo modo, si otro necesita mayor profunidad, complejidad o ritmo de aprendizaje para desarrollar su potencial, proporcionárselo también lo es.

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