Sonia Camino y Rocío Paramá, educadoras: «El reto no es aprender a encontrar información, sino aprender a dudar de ella»
En su taller del X Foro de Educación, las especialistas en desarrollo del pensamiento crítico en la infancia y la juventud abordarán la alfabetización mediática y el impacto de las redes en los menores

Rocío Paramá y Sonia Camino. / FdV
¿Han percibido ya las consecuencias de la desinformación y los bulos de la era digital en los centros educativos?
Sí, a diario, tanto en las aulas como en la convivencia escolar. El alumnado vive expuesto a un volumen enorme de contenido que recibe a través de las redes sociales, principalmente. En los debates en el aula emplean en ocasiones argumentos que resultan poco creíbles y cuando les preguntamos de dónde sale esa información, es común que respondan que la han visto en redes o que algún influencer la ha difundido. Lo preocupante no es que puedan encontrarse con información falsa, sino que muchas veces la reproducen sin cuestionar su veracidad o quién está detrás. Esa falta de filtro también se traslada a lo académico. De ahí la importancia de la alfabetización mediática y digital. El verdadero reto no es aprender a encontrar información, sino aprender a dudar de ella.
¿Cuáles son los riesgos a largo plazo de una juventud que no distingue la verdad de la mentira?
El principal, formar a futuros adultos vulnerables, con dificultades para tomar decisiones autónomas y fundamentadas. Cuando una persona no posee herramientas para distinguir entre la verdad y la mentira puede acabar tomando decisiones basadas en percepciones erróneas. Y eso puede afectar a su rendimiento académico, a sus relaciones personales y por supuesto a su forma de interpretar la realidad y participar en la sociedad. Una sociedad que no contrasta las fuentes y acepta la información de forma acrítica es mucho más vulnerable a la manipulación y a la polarización. Por eso, educar hoy en el análisis crítico no es solo una tarea pedagógica, es una condición fundamental para formar ciudadanos libres, responsables y capaces de participar activamente en la sociedad.
¿Está siendo la población adulta un buen ejemplo?
Rotundamente no. El alumnado observa a diario cómo consumimos y difundimos información de una manera muy parecida a la que criticamos en ellos. Reenviamos contenidos de Whatsapp, compartimos titulares llamativos o difundimos vídeos en redes sin comprobar su veracidad o la fiabilidad de la fuente. Tampoco conviene olvidar que una gran parte de los creadores de contenido que los jóvenes siguen son adultos. Por tanto, sería muy injusto plantear el problema como una cuestión generacional.
¿Se habla lo suficiente del impacto de las redes en la salud emocional infantojuvenil?
Quizá no lo suficiente. Sí se abren debates sobre el tiempo de uso, la pérdida de atención, la falta de sueño en el alumnado, pero la dimensión emocional sigue quedando relegada a un segundo plano. Y es ahí donde también pueden producirse efectos profundos; en su autoestima, en la percepción de su propio cuerpo y en la forma de construir vínculos. Las redes sociales exponen constantemente a nuestros menores al éxito, la belleza y la felicidad y vidas aparentemente perfectas que muchas veces ni siquiera son reales. Esta comparación constante puede generar gran frustración, inseguridad y una sensación de no estar a la altura. A esto hay que sumar la necesitad de aprobación mediante los «likes», algo que podría llevar a que la felicidad de los menores esté cada vez más supeditada a la respuesta que reciben de los demás.
Estas semanas se habla de la “caída de los influencers”, una polémica que tal vez se olvide cuando esta entrevista se publique, pero ¿creéis que las redes sociales como las concebimos ahora tienen los días contados?
No, en absoluto. Las redes sociales no van a desaparecer, pero sí estamos presenciando una metamorfosis en su modelo y en nuestra relación con ellas. Han dejado de ser plataformas destinadas únicamente a conectar a las personas para convertirse en auténticos escaparates donde convergen el entretenimiento, el consumo publicitario y la construcción de opinión pública. Ahí vuelve a aparecer el papel de la educación. El reto es lograr que los menores pasen de ser consumidores pasivos a usuarios más críticos, capaces de diferenciar entre mero entretenimiento, opinión, publicidad encubierta e información rigurosa.
¿Estamos a tiempo de esquivar las consecuencias más graves del uso de la IA sobre los menores?
Sí, pero hay que actuar ya. La IA no es una amenaza futura, es una realidad que está impactando de lleno en las aulas y que está transformacion la forma en que los menores crean, buscan información y se relacionan con los contenidos digitales. Uno de los riesgos más preocupantes es la facilidad con la que se pueden generar imágenes y vídeos falsos, especialmente los llamados «deepfakes», de los que hablaremos en el taller. Se usan para manipular y difundir fotos de compañeras con fines explícitos. Existe el grave riesgo de que estas prácticas se normalicen bajo la falsa excusa de que como es una imagen creada con IA no es real, pero la humillación, el acoso y la huella en la salud mental de la víctima son dolorosamente reales. Otro riesgo menos visible de la IA es delegar paulatinamente en ella procesos que deberían seguir siendo nuestros, como pensar, crear o decidir.
¿Cuál sería el primer consejo que darían a las familias preocupadas por todos estos asuntos? Además de que asistan a su taller, claro (risas).
¡Ese es, sin duda, el número uno y la mejor inversión de tiempo que pueden hacer! (risas). En el taller no queremos quedarnos en la teoría, queremos ofrecer un «kit de supervivencia digital», con herramientas sencillas y dinámicas prácticas para llevarse a casa. Pero para empezar desde hoy mismo, nuestro principal consejo es frentar el impulso y cultivar la duda saludable. Tenemos que enseñar a nuestros hijos (y aplicárnoslo primero a nosotros mismos) a no dar por cierta una información solo por el hecho de que la hemos visto repetida muchas veces o porque procede de alguien en el que confiamos, o bien porque coincide con nuestras ideas previas.
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