Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Paula Carreiro, docente y miembro de AGAMPI: «Un entorno sensorialmente amable favorece el aprendizaje de todos»

AGAMPI ofrecerá en el Foro de Educación claves prácticas para adaptar el aula a las distintas necesidades sensoriales del alumnado

Parte del equipo de AGAMPI, con Paula Carreiro en el centro de la imagen.

Parte del equipo de AGAMPI, con Paula Carreiro en el centro de la imagen. / FdV

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Vigo

En una misma clase conviven alumnos con necesidades muy diferentes. ¿Es posible crear un entorno que responda a todos ellos?

Es complicado conseguir que todo sirva para todos, porque cada persona tiene sus propias necesidades individuales, tenga o no necesidades educativas especiales o alguna discapacidad. Sin embargo, sí podemos crear entornos favorecedores y más amables para todo el mundo. Eso es lo que deberíamos intentar conseguir en los centros educativos: espacios más accesibles, tanto sensorial como cognitivamente, que permitan que todo el alumnado participe en el aprendizaje desde la calma.

¿Cómo pueden influir el ruido, la iluminación o determinados estímulos en la atención y el aprendizaje de un niño?

En la escuela estamos muy acostumbrados a sobrecargar las paredes, tener muchos materiales a la vista y sobreestimular los espacios. Lo que a unas personas simplemente puede despistarlas un poco, a otras les genera una carga excesiva de información. Cuando recibes demasiada información al mismo tiempo, resulta más difícil centrarte en una explicación. Si reducimos esa sobrecarga en el colegio, favorecemos la participación y el aprendizaje de todo el alumnado.

¿Qué señales pueden indicar que un alumno está sufriendo una sobrecarga sensorial?

Depende de cada persona. Hay alumnado que se despista más cuando existe mucha sobrecarga sensorial y tiene dificultades para fijar la atención. En otros casos pueden aumentar las estereotipias, aparecer la necesidad de salir y airearse o producirse dolores de cabeza. También hay alumnos que simplemente aguantan el malestar y, en ocasiones, no somos capaces de detectarlo. Existen profesionales, como los terapeutas ocupacionales, que realizan perfiles sensoriales, y desde los centros educativos deberíamos trabajar mano a mano con ellos cuando existe una situación concreta.

¿Se confunden a veces estas situaciones con falta de atención o mal comportamiento?

Sí. En el ámbito de las neurodivergencias ocurre con frecuencia. Determinados comportamientos, reacciones ante ciertos estímulos o formas de comunicarse pueden dar lugar a equívocos y hacer pensar que se trata de mala educación o falta de límites. La mayor parte de las veces no es así, sino que ese comportamiento deriva de algo.

Proponen convertir el aula en un «refugio». ¿Cómo se puede conseguir?

Lo primero es analizar el impacto que tiene el entorno físico y sensorial sobre el alumnado de esa clase. Con la ayuda de otros profesionales y de los perfiles sensoriales, debemos intentar identificar las diferentes necesidades que conviven en el aula. Una vez que tenemos esa información, se trata de convertir la clase en un lugar tranquilo, que transmita calma y en el que el alumnado pueda recuperar y mantener la tranquilidad.

¿Qué es un «rincón de sintonización» y cómo puede incorporarse al día a día de un centro educativo?

El rincón de sintonización tiene un carácter más individual. Permite que un alumno con autismo, TDAH, altas capacidades o una especial sensibilidad pueda recuperar el equilibrio sin tener que abandonar la clase. Para ello, cuenta con elementos que le ayudan a autorregularse, y su configuración dependerá de las necesidades del alumnado que tengamos en el aula.

«Tendemos a asociar la infancia con el color, el movimiento y el ruido, pero los niños también necesitan momentos de calma»

¿Las adaptaciones sensoriales benefician únicamente al alumnado con necesidades específicas o pueden mejorar el aprendizaje de toda la clase?

Benefician a toda la clase y también al profesorado. Un entorno sensorialmente amable favorece el aprendizaje de todos, porque un espacio cálido y visualmente limpio ayuda a concentrarse y reduce el cansancio, incluso en personas sin necesidades específicas. Además, como los centros acogen actividades extraescolares, campamentos y otras propuestas, cuanto más adaptable sea el espacio, mayor será el beneficio para toda la comunidad educativa.

¿Qué consejo daría a las familias y a los docentes?

El principal consejo es recordar que menos es más. Tendemos a asociar la infancia con el color, el movimiento y el ruido, pero los niños también necesitan momentos de calma. No se trata de eliminar los estímulos, sino de reducir su intensidad y ofrecer momentos de descanso que eviten la sobrecarga. Una escuela que sintoniza con los sentidos y con la forma de percibir de su alumnado garantiza el derecho a aprender en calma y también a enseñar en calma, porque el entorno influye igualmente en el profesorado.

TEMAS

Tracking Pixel Contents