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Miguel Lois, orientador: «Para acompañar adecuadamente a una persona autista es fundamental comprender cómo percibe y procesa el entorno»

El profesional participará en el Foro de Educación con un taller teórico-práctico que ofrecerá una mirada clara, actual y respetuosa sobre el autismo, así como herramientas para avanzar hacia una inclusión real

Miguel Lois.

Miguel Lois. / FdV

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Vigo

«El autismo es una manera diferente de procesar el mundo». Así lo explica Miguel Lois, doctor en Psicología y orientador. Comprender esta realidad permite mirar más allá de determinadas conductas, reconocer la diversidad de perfiles y necesidades de apoyo y ofrecer un acompañamiento más respetuoso. Aunque el conocimiento sobre el autismo ha aumentado en los últimos años, todavía persisten estereotipos que pueden condicionar la forma de interpretar y atender las necesidades de las personas autistas. Sobre estas y otras cuestiones irá el taller «Entender el autismo es cambiar la mirada. Cuando cambia la mirada, cambia la práctica. Comprender para acompañar. Acompañar para incluir», que impartirá en la décima edición del Foro de Educación.

¿Por qué es importante entender el autismo para cambiar nuestra manera de acompañar a las personas autistas?

Porque para acompañar adecuadamente a una persona autista es fundamental comprender cómo percibe y procesa el entorno. En los últimos años se está profundizando mucho más en el perfil sensorial y en la integración sensorial, es decir, en cómo la persona registra los estímulos que recibe, cómo reacciona ante ellos y cómo esas sensaciones influyen después en su comportamiento. Por eso, cuanto más adaptemos el entorno a su perfil, más incluida se sentirá la persona, mayor será su bienestar y mejor predisposición tendrá para aprender. Forzar el aprendizaje no funciona con el alumnado autista. Adaptarnos al perfil del alumnado autista no es solo una cuestión de sensibilidad o de ética, sino también una obligación profesional.

¿Es más correcto hablar de grados de autismo o de diferentes necesidades de apoyo?

Los grados tienen que ver con las necesidades de apoyo que presenta cada persona. Existen los grados 1, 2 y 3. En el grado 1 hablamos de personas autistas que tienen lenguaje y que no presentan discapacidad intelectual. El ámbito en el que suelen encontrar mayores dificultades es el de la socialización, aunque también presentan algún tipo de conducta repetitiva o restringida. El grado 2 requiere un apoyo considerable. Pueden existir dificultades relacionadas con las habilidades sociales, la comunicación, el mantenimiento de las amistades o la gestión de la frustración. En este grado puede haber una mayor o menor capacidad de lenguaje. En el grado 3, las necesidades de apoyo son ya muy notables y las dificultades pueden ser muy amplias. Puede existir discapacidad intelectual. Asimismo, puede haber ausencia total de lenguaje o ausencia de lenguaje funcional. También pueden aparecer grandes dificultades para gestionar la frustración, registrar el entorno y controlar las propias reacciones.

¿Se mantienen todavía muchos mitos y prejuicios alrededor del autismo?

Sí, todavía existen muchos mitos y prejuicios relacionados tanto con la conducta como con el lenguaje. Sin embargo, en los últimos años se está empezando a escuchar más la voz de la propia comunidad autista. Las personas diagnosticadas dentro del grado 1 están adquiriendo mayor visibilidad. Gracias a ello, están explicando cómo viven el autismo y cómo quieren que se hable de ellas. La mayor parte de la comunidad autista prefiere que se utilice la expresión «personas autistas». En cambio, entre los profesionales, el profesorado, los psicólogos y las familias todavía existe una mayor tendencia a hablar de «personas con autismo», aunque cada vez son más quienes emplean también el término «autista». El autismo no es algo que una persona pueda separar de sí misma o elegir, sino que forma parte de su manera de ser y de procesar el mundo. Por eso, debemos escuchar a la comunidad autista y, al menos, hablar de sus integrantes como ellos mismos nos están pidiendo.

¿Están preparados los centros y los docentes para atender adecuadamente esta diversidad?

En términos generales, los centros todavía no están preparados para atender adecuadamente esta diversidad. No se trata de criticar la labor de los centros o del profesorado, sino de reconocer que todavía queda mucho trabajo por hacer y que la formación debe ser continua y adaptarse a la enorme diversidad que existe dentro del propio autismo.

Más allá de que el alumnado autista esté físicamente presente en el aula, ¿qué implica una inclusión real?

Una inclusión real implica, en primer lugar, comprender que el alumnado autista no va a rendir siempre al cien por cien ni de la misma manera durante toda la jornada. Por eso, es necesario prestar atención a numerosos factores y recordar que una persona autista no es igual a otra, ya que existe una enorme variabilidad dentro del propio espectro. Los profesionales debemos estar abiertos a buscar nuevas estrategias, recurrir al ensayo y error y replantearnos nuestra labor docente constantemente. No se trata de adaptarlo todo, sino de ser más sensibles a la manera en la que cada persona autista percibe y procesa el mundo. Para ello, debemos tener en cuenta aspectos como la iluminación, la temperatura y el color de las luces, los perfumes o colonias que utilizan los profesionales, la forma en la que nos comunicamos, las palabras que empleamos y los apoyos visuales que ofrecemos. También es importante revisar cómo está organizado el espacio y estructurada el aula, así como las transiciones entre una clase y otra o entre el aula, el recreo y el comedor. Incluso elementos como las sirenas, los sonidos del centro, la luminosidad de las ventanas o el brillo del suelo pueden influir en el bienestar del alumnado autista. Todo ello forma parte de la accesibilidad cognitiva. Si queremos que una persona esté predispuesta para aprender, debemos plantearnos también cómo es el entorno en el que pretendemos que lo haga.

En ocasiones se afirma que la inclusión puede impedir que el resto del alumnado avance al mismo ritmo. ¿Qué piensa sobre esta afirmación?

Es un falso mito. Se están realizando grandes progresos en materia de inclusión y ese debe ser siempre el objetivo, pero todavía queda mucho camino por recorrer. No podemos afirmar que un alumno impida que otro avance o retrase al resto de la clase. Si se produce una situación complicada en el aula, nunca debemos culpabilizar al estudiante que presenta dificultades de aprendizaje. Estaríamos responsabilizando a una persona que no puede defenderse, que es menor de edad y que no puede cambiar por sí sola su situación. Además, es una posición injusta tanto para el alumnado como para el profesorado, que debe gestionar la realidad y las necesidades que encuentra dentro del aula. Lo que hay que hacer es seguir intentándolo y buscar nuevas estrategias. Solo con una actitud favorable hacia la inclusión ya se gana muchísimo. Herramientas como el ‘diseño universal’ para el aprendizaje, aunque no sean una solución absoluta, ofrecen pautas para adaptar y presentar los contenidos a través de diferentes vías. De este modo, puede acceder al aprendizaje tanto el alumnado autista como, por ejemplo, el alumnado con altas capacidades.

¿Es importante que exista coordinación entre la escuela y la familia?

Sí,por supuesto. La familia está formada por las personas que probablemente pasan más tiempo con el niño o la niña y, por tanto, constituye la primera fuente de información para los profesionales del centro educativo. Las primeras observaciones deben partir de una reunión con la familia para conocer cómo es esa persona y cuáles son sus necesidades. Es importante saber cómo aprende, a qué hora se acuesta, cómo come, cómo duerme, qué situaciones hacen que pierda los nervios y qué le ayuda a recuperar la calma. Toda esta información permite comprender mejor a cada niño o niña y ofrecerle un acompañamiento adaptado a su perfil. Como no existen dos personas autistas iguales, la comunicación y la coordinación entre la familia y la escuela son fundamentales.

¿Qué consejo considera imprescindible para las familias?

El primer consejo es formarse, investigar y buscar una preparación rigurosa, actualizada e impartida por profesionales sensibles y conocedores del autismo. El segundo es revisar nuestra propia mirada: eliminar estereotipos, dejar a un lado las expectativas previas y tratar de conocer de verdad al niño o a la niña, comprendiendo sus necesidades, sus particularidades y su manera de relacionarse con el entorno. n

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