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X Foro de Educación

«Si el 49% de los jóvenes desconfía del feminismo, eso significa que la otra mitad piensa lo contrario»

La profesora compartirá en el Foro de Educación la importancia de incorporar la igualdad como un factor obligatorio en todos los niveles educativos

«Cuanto más feminista soy, más feliz soy», afirma la experta en coeducación

Marián Moreno Llaneza, experta en coeducación, escritora y docente.

Marián Moreno Llaneza, experta en coeducación, escritora y docente. / ALBA VILLAR

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Marián Moreno Llaneza (León, 1964) lleva más de tres décadas comprometida con la educación desde un prisma feminista y, aunque admite que a su edad pocas cosas la sorprenden, sigue manteniendo intacta la fe en que los niños y las niñas de hoy serán quienes construyan una sociedad mejor mañana.

Educar en igualdad a las nuevas generaciones, para esta docente de Lengua Castellana y Literatura, es una «obligación ética y ciudadana». Por ello, en la actualidad se dedica a formar y asesorar a profesorado e instituciones en materia de coeducación. Su labor fue reconocida en el 2024 con el premio ‘Menina’, una distinción que concenden las delegaciones y subdelegaciones territoriales del Gobierno con motivo del Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer.

Decía Rosalía hace unos meses que no se considera moralmente lo suficientemente perfecta para llamarse «feminista». ¿Cree que, en pleno 2026, la palabra «feminista» se pronuncia menos?

Creo que con la palabra «feminista» hay muchos prejuicios y mucha ignorancia. Y no solamente ahora. Lo que desconoce la gente, en realidad, es lo que significa ese término. El concepto de feminismo no es más que querer la igualdad de derechos, de oportunidades, de vida y de proyectos de vida para mujeres y hombres. El mismo trato en la sociedad, exactamente lo mismo para unas y otros. Entonces, quien dice que no se declara feminista es porque desconoce lo que significa ese término y se deja llevar por prejuicios. A veces se escucha eso de: «Yo no soy machista ni feminista». Y piensas: «Pero, a ver, qué tontería». Es como si dijeras: «No soy racista, pero tampoco soy Martin Luther King». No tiene sentido. Y luego está el caso de Rosalía, que dice que no es lo bastante perfecta. Pero si las feministas no somos perfectas. No somos seres de luz. Somos personas que creen en la igualdad. Ahora bien, si no quiere usar la palabra, tampoco pasa nada. Que no la use. Pero seguirá siendo una persona igualitaria, inclusiva, que cree en una sociedad mejor y trabaja por ello.

Se han cumplido 10 años del caso de La Manada y la gran respuesta feminista que provocó. ¿Cómo ve el movimiento ahora?

El movimiento siempre lo encuentro bien. Cuando hay gente que habla de la división del feminismo, en realidad lo que demuestra es que no conoce bien la historia del movimiento feminista. El feminismo siempre ha sido un movimiento de debate, es nuestra forma de hacer política. El movimiento feminista está fuerte. ¿Sabes en qué se nota? En la cantidad de agresiones que recibe. Cuantas más recibe, sobre todo por parte de la ultraderecha, más claro es que el movimiento tiene fuerza.

Además de fuerte, diría que hoy es incluso más necesario.

Mucho más, porque, además, estamos en un momento en el que la oscuridad acecha. Y cuando la oscuridad está ahí fuera, el movimiento feminista es un movimiento muy clarificador de lo que significa construir un mundo mejor. El feminismo no solo mira por la igualdad entre mujeres y hombres, mira por esa igualdad teniendo, además, conciencia de clase; mirando también hacia muchísimos colectivos; sabiendo que todo esto está atravesado por el capitalismo... Quizá somos un poco el equilibrio frente a la oscuridad que se nos viene encima.

Sin embargo, según el Barómetro de Juventud y Género 2025, el 49,2 % de los jóvenes percibe el feminismo como una herramienta de manipulación política.

Tenemos un nuevo altavoz que antes no existía: las redes sociales. Las redes sociales han democratizado el conocimiento. Eso tiene una parte muy buena, cualquiera puede transmitir ideas positivas., pero también tiene una parte muy mala. Hay determinados sectores de la sociedad con muchísimo dinero que pueden pagar a personas cuya única función es demoler los principios de la democracia. Y lo hacen utilizando las redes y hablando con el lenguaje de la adolescencia. Muchos jóvenes han caído en eso. Esa nueva forma de comunicar es la que tenemos que estudiar para construir estrategias que la equilibren. Yo creo que al final se equilibrará, pero ahora mismo está haciendo mucho daño. Y tampoco podemos olvidar que hay una ultraderecha que está creciendo en todo el mundo. No es un problema exclusivo de España. Vivimos un capitalismo feroz y estamos viendo escenas que pensábamos que no volveríamos a ver nunca. Todo eso hace que una parte de nuestra juventud también adopte determinadas ideologías. Pero hay otra lectura posible de esos datos: si el 49 % piensa eso, significa que la otra mitad piensa justamente lo contrario. Y probablemente, en la época de mi abuelo o incluso de mi padre, que ahora tiene 90 años, ni siquiera existía ese porcentaje de personas que supieran qué era el feminismo.

«La escuela sigue siendo un espacio profundamente sexista, donde siguen funcionando muchísimos estereotipos de género»

Marian Moreno

¿De qué otras formas podemos atraer a los chicos jóvenes hacia la defensa de la igualdad?

Cumpliendo las leyes, así de sencillo. Si el sistema educativo cumpliera las leyes orgánicas que obligan a educar para la igualdad desde los cero años, estaríamos hablando de otra realidad. Pero siempre ha habido una enorme cobardía por parte de las administraciones educativas para hacer obligatorio lo que ya dice la ley que es obligatorio. Se ha dejado en manos de la voluntad de cada centro, de cada docente, y no puede ser. Siempre digo lo mismo: si lleváramos la educación para la igualdad al cien por cien de las aulas, en todas las edades, no significa que desaparecería el machismo o la violencia de género, no soy tan utópica, pero sí estaríamos en un escenario completamente diferente. La única comunidad que apostó por este modelo fue Navarra, con el programa ‘Skolae’.

Mientras preparaba esta entrevista pensaba en que «educar en igualdad de género» debería sonar como una obviedad.

La escuela sigue siendo un espacio profundamente sexista, siguen funcionando muchísimos estereotipos de género. No digo que todo el profesorado sea así, porque hay muchísimas profesoras y profesores formados en igualdad y en feminismo, pero lo que tendría que ser generalizado y sistematizado ahora no es obligatorio. Todavía hay centros donde el patio del colegio está prácticamente reservado para veinte niños jugando al fútbol, mientras el resto del alumnado deambula por la periferia. Y muchas veces ni siquiera se cuestiona.

¿Qué otros ejemplos de estereotipos de género sigue viendo en las escuelas?

Por ejemplo, en los materiales de aula. ¿Cómo es posible que todavía invisibilicen la aportación de las mujeres? Es impresionante que en los libros de texto siga apareciendo prácticamente solo Marie Curie. ¿Dónde está Christine de Pizan? ¿Dónde está María Montessori? ¿Dónde está Rita Levi-Montalcini? ¿Dónde están las grandes matemáticas, las arquitectas, las científicas? Casi ni aparecen las escritoras y, sin embargo, la sociedad vive perfectamente así. Nadie parece echarlo de menos. ¿Cómo es posible? Pues por falta de formación.

«Trabajar la igualdad es trabajar para que nuestro alumnado sea más feliz»

Marian Moreno

Cuando no ponemos la igualdad en el centro de la educación, ¿en manos de quién la estamos dejando?

Cuando abandonamos la igualdad, lo que hacemos es abrir la puerta al machismo, al sexismo, al patriarcado, a la desigualdad, a la discriminación. Damos paso a las personas reaccionarias, al pasado frente al futuro, a la ignorancia frente al conocimiento. Y, sobre todo, damos paso a la infelicidad. Por eso siempre digo que educar para la igualdad es educar para la felicidad. Trabajar la igualdad es trabajar para que nuestro alumnado sea más feliz.

Precisamente su charla del Foro se titula «Educar para la igualdad, educar para la felicidad»: ¿Por qué decidió incluir esa palabra, felicidad?

Porque yo cada vez soy más feliz. Y cuanto más feminista soy, más feliz soy. Creo que también tenemos que abandonar esa imagen del feminismo como un espacio únicamente de sufrimiento o de victimismo. El feminismo también es alegría. Yo le propongo a un hombre que pierda privilegios, sí, pero, a cambio, gana una postura ética mucho más digna respecto a las mujeres, y eso le convierte en mejor persona. Y a una niña le propongo que tenga un proyecto de vida propio, que sea autónoma, que sea independiente económicamente, que viva alejada de la violencia y tenga poder sobre su propia vida… y eso también es felicidad. Las mujeres fuertes somos más felices.

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