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Foro de Educación

Manuel Isorna, psicólogo: «El afecto es el terreno de cultivo de la educación: los hijos necesitan sentirse queridos»

El doctor en Psicología y profesor de la UVigo participará en el Foro de Educación para abordar la importancia del vínculo afectivo, la regulación emocional y el acompañamiento familiar durante la adolescencia

Manuel Isorna.

Manuel Isorna. / FdV

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Vigo

La adolescencia es una etapa marcada por intensos cambios emocionales y sociales. La necesidad de ganar autonomía, la influencia del entorno y una mayor sensibilidad afectiva convierten el acompañamiento familiar en un elemento fundamental. La forma en que madres, padres y educadores se relacionan con los adolescentes puede favorecer su bienestar emocional y prevenir conductas de riesgo. En la décima edición del Foro de Educación, Manuel Isorna, doctor en Psicología y profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación y Trabajo Social del campus de Ourense de la Universidad de Vigo, ofrecerá la ponencia «Parentalidad positiva, vínculo y regulación emocional: claves desde los estilos educativos», en la que abordará la importancia del vínculo afectivo, la regulación de las emociones y los diferentes modelos educativos durante esta etapa.

¿Por qué la adolescencia es una etapa de mayor sensibilidad emocional?

La adolescencia coincide con una etapa muy concreta del desarrollo del sistema nervioso, que no termina de completarse hasta aproximadamente los 25 años. Al llegar a los 12, 13 o 14 años, el sistema límbico adquiere un protagonismo especial y se producen importantes cambios hormonales. Sin embargo, la corteza prefrontal, responsable del autocontrol, la planificación, la toma de decisiones y el control de los impulsos, todavía no está plenamente desarrollada ni conectada con las áreas emocionales. Se genera así un desequilibrio entre la intensidad con la que se viven las emociones y la capacidad para regularlas. Además, todos estos cambios se producen dentro de un contexto familiar determinado, por lo que la adolescencia es un fenómeno complejo que no puede explicarse únicamente a partir del comportamiento del menor.

¿Se tiende a demonizar la adolescencia?

Sí. Se utilizan expresiones como «la edad del pavo» o «la edad de la tontería», cuando en realidad la adolescencia es una de las etapas más bonitas de la vida, marcada por el descubrimiento y las primeras experiencias. En lugar de demonizarla, debemos acompañar a los adolescentes y enseñarles a regular todo lo que están viviendo. Para ello, es fundamental dotarlos, desde antes de llegar a esta etapa, de herramientas que les permitan comprender sus emociones y tomar decisiones.

¿A qué llamamos parentalidad positiva?

Es un concepto reconocido por la evidencia científica, el ámbito académico y el propio Consejo de Europa, que plantea que los padres deben ejercer su responsabilidad teniendo siempre como prioridad el interés del menor. Esto implica cuidar, orientar, reconocer a los hijos y establecer límites que favorezcan su desarrollo pleno e integral. La parentalidad positiva reúne, por tanto, una serie de estrategias educativas con respaldo científico. Aplicarlas no garantiza que nuestros hijos nunca vayan a tener problemas, pero sí aumenta sus posibilidades de aprender a convivir, relacionarse y desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja. Educar no es fácil, pero enseñarles a regular sus emociones y ofrecerles herramientas adecuadas puede ayudarles a integrarse mejor y afrontar los riesgos con mayor preparación.

¿Crees que abunda esta parentalidad positiva o todavía falta mucho que aprender?

Hay familias que funcionan francamente bien; otras quieren hacerlo bien, pero no siempre disponen de los recursos necesarios por cuestiones laborales, personales o económicas; y también existe un grupo importante de padres que están muy perdidos. En todos los casos, lo fundamental es la transmisión del afecto. El afecto es el terreno de cultivo de la educación: los hijos necesitan sentirse queridos. Eso no significa que vaya a comportarse siempre bien, pero tendrá muchas más posibilidades de escuchar, reparar el daño y aprender. Ahora bien, el afecto no está reñido con las normas; también es necesario establecer rutinas, límites y consecuencias claras.

¿Qué es la regulación emocional?

La regulación emocional es el conjunto de procesos mentales que nos permite identificar una emoción, comprender qué estado nos genera, decidir cómo expresarla y aprender a controlarla. Regularse emocionalmente consiste en reconocer el enfado, controlarlo y explicar qué conducta nos molesta sin atacar a la persona. Además, los adultos deben enseñar con su propio ejemplo. No basta con pedirle a un adolescente que se calme; hay que demostrarle que, ante una situación difícil, es posible reaccionar sin insultar ni menospreciar. Regularse también implica elegir el momento adecuado para hablar, explicar qué nos ha molestado y reconocer cuándo la otra persona no se encuentra en condiciones de mantener esa conversación.

Defiende que el modelo parental democrático es el más efectivo, pero ¿es el mayoritario?

No soy muy partidario de utilizar la palabra «democrático», porque puede generar confusión y dar a entender que todas las decisiones se votan en casa. Los padres deben asumir determinadas decisiones y establecer límites, por lo que prefiero hablar de un modelo asertivo: un estilo educativo en el que existen normas claras, pero se transmiten con afecto, respeto y una buena comunicación. La evidencia científica demuestra que es el modelo más eficaz, ya que favorece una mejor salud mental y unas pautas de comportamiento más adaptativas. Vivimos en una sociedad muy compleja y los hijos necesitan herramientas para desenvolverse en ella.

¿Cuáles son los errores más frecuentes en la relación entre adultos y adolescentes?

Uno de los principales problemas es la comunicación. Nos equivocamos si consideramos al adolescente un adulto pequeño como si continuamos tratándolo como un niño. También es importante el afecto: aunque pueda rechazar ciertas muestras de cariño, especialmente en público, necesita saber que sus padres están ahí. Por eso hay que respetar su intimidad, dejarle claro que puede contar con nosotros y concederle cierto espacio de libertad, sin renunciar a aquellas normas que son innegociables. Además, es imprescindible pasar tiempo con los hijos. No basta con estar juntos delante de una pantalla o viendo una película; tiene que haber interacción cara a cara y conversaciones sobre sus preocupaciones, sus intereses y también sobre aquello que inquieta a los padres.

El consumo habitual entre jóvenes de 15 a 24 años ha bajado del 43,8 % al 17,9 %. ¿Cómo valora este descenso?

El problema es que partíamos de unos niveles de consumo inaceptables en cualquier sociedad civilizada. Llegamos a tener porcentajes elevadísimos de menores que reconocían consumir alcohol y casi la mitad afirmaba haberse emborrachado. Eso representa un problema gravísimo de salud pública. Aunque durante mucho tiempo el debate se centró más en el orden público asociados al botellón —como el ruido, los daños en el mobiliario o las molestias a los vecinos—, la principal preocupación debería haber sido que los menores estaban consumiendo alcohol. Es una alegría inmensa que, especialmente después de la pandemia, se haya reducido paulatinamente el consumo de diferentes sustancias, en particular el alcohol y el tabaco. Sin embargo, los niveles siguen siendo muy altos y no podemos considerar que el problema esté resuelto.

¿Qué ha sustituido ese consumo?

Están apareciendo otras adicciones que tampoco son beneficiosas para los jóvenes. El problema de las apuestas entre los chicos es demoledor, y el impacto de las redes sociales entre las chicas es especialmente preocupante. Mientras bajan algunas conductas, aparecen otras adicciones relacionadas con el juego, las pantallas y las redes sociales.

¿Qué consejo considera imprescindible para las familias?

Asistir al Foro de Educación. Es importante que las familias se formen y participen en este tipo de espacios de debate, porque permiten dotar a padres y madres de competencias y habilidades. La formación parental debería ser obligatoria en los centros educativos, ya que educar también requiere aprendizaje y el acompañamiento de buenos profesionales que proporcionen pautas basadas en la evidencia científica. En definitiva, la educación exige tiempo, formación, reflexión y diálogo.

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