X FORO DE EDUCACIÓN
Antonio Rial Boubeta, psicólogo: «El uso seguro y saludable de la tecnología es una aspiración a la que no debemos renunciar»
El profesor de la Facultad de Psicología de la USC se incorpora al Foro de Educación para reflexionar sobre la importancia de educar en la relación de niños y adolescentes con las pantallas

ANTONIO RIAL BOUBETA EN LA FACULTAD DE PSICOLOXIA DE LA USC. / FdV
En la décima edición del Foro de Educación, que recupera algunas de las voces más destacadas de estos años, Antonio Rial Boubeta suma una mirada imprescindible sobre uno de los grandes desafíos educativos de nuestro tiempo: el bienestar digital de niños y adolescentes. El psicólogo gallego participará con la conferencia «Como promover un uso seguro e saudable da tecnoloxía desde a escola e desde casa? Manual para ‘profes’, nais e pais realmente preocupados». Sobre este desafío conversa con FARO.
¿Por qué es importante hablar de tecnología?
Aunque parezca un tópico, es evidente que la tecnología está presente en el día a día de las nuevas generaciones. Los niños, desde que nacen, ya están en contacto con las pantallas. Y están en una etapa especialmente crítica, modulable y moldeable. Además, cuando hablamos de tecnología hablamos de algo muy amplio y muy complejo: hablamos del uso de pantallas, de dispositivos digitales, de un móvil, de una tablet, de una consola, de un videojuego o de las propias redes sociales. No es una sola cosa, sino muchas realidades distintas que atraviesan la vida cotidiana de los menores. Y si hay algo que la evidencia científica ha demostrado —desde la pediatría, la psicología, la educación e incluso el ámbito jurídico— es que todo esto tiene un impacto grande a muchos niveles. Por tanto, hablar de tecnología, infancia y adolescencia pone en el centro de la escena a la educación, la salud pública y al futuro de la sociedad. Aunque parezca un ‘topicazo’, sigue siendo uno de los grandes problemas que tenemos hoy como sociedad.
¿Cree que estamos llegando tarde como sociedad a este debate sobre el bienestar digital de niños y adolescentes?
Sin duda. Estamos llegando muy tarde. Las instituciones son muy lentas y, a veces, también muy torpes. Y eso beneficia claramente a alguien: a la industria tecnológica. La OMS ya advirtió en 2014 de que esto era un problema de salud pública y estamos en 2026. Entonces, ¿estamos llegando tarde? Sí. Pero nunca es demasiado tarde cuando el problema es tan grande.
El título de su conferencia habla de «profes, nais e pais realmente preocupados». ¿Cree que los padres están preocupados de verdad por la tecnología o todavía no lo suficiente?
Cada vez hay más familias y más sectores de la sociedad que están tomando conciencia del problema de la tecnología, pero todavía no lo suficiente. Aún no nos damos el tiempo necesario para reflexionar sobre qué papel está ocupando en la vida de nuestros hijos y también en la nuestra. También creo que hay padres que, ante esa preocupación, a veces se van al otro extremo. Y ahí aparece la tentación de prohibirlo todo, como si quitando el móvil o prohibiendo una red social resolviéramos el problema. Pero no funciona así. Prohibir puede ser necesario en determinados momentos, incluso oportuno coyunturalmente, pero es absolutamente insuficiente si no va acompañado de educación, presencia, escucha y acompañamiento. Por tanto, sí: hay más preocupación que antes, pero todavía falta mucha conciencia real. Y, sobre todo, falta traducir esa preocupación en la agenda diaria. Porque este no es un tema que se resuelva con una prohibición ni con una charla puntual. Es un trabajo continuado, sostenido, que tiene que formar parte de la educación cotidiana de nuestros hijos.
Una de las grandes dudas de las familias es el primer móvil. ¿A qué edad debería llegar y con qué condiciones?
Es una pregunta muy interesante, porque no hay una respuesta única. En España, la edad media de llegada del primer móvil está en torno a los diez años y medio. Y ahí creo que hay un margen muy importante de mejora. Si conseguimos retrasar esa llegada de los diez a los trece años, aunque esos años sean difíciles y haya presión social, merece la pena. Yo animo, invito, reto y desafío a las familias a intentar aguantar hasta los trece. No hay ningún estudio que diga que a partir de los trece años ya no hay problema. No funciona así. Depende del niño, de su madurez, de su contexto y de su familia. Pero lo que sí está claro es que no se trata de comprarle el móvil y ya está. Hay que asumir que, cuando llega el móvil, tiene que haber acompañamiento. Porque muchos niños están demasiadas horas solos con la tecnología. Tampoco se trata de que la tecnología desaparezca de la vida del niño, sino de retrasar y graduar su uso. Porque la evidencia nos dice que retrasar esa llegada puede reducir mucho los problemas: las conductas de riesgo online, el contacto con desconocidos, el sexting, las posibles adicciones relacionadas con videojuegos, redes sociales o juego online, los conflictos familiares, la violencia filio-parental o el ciberacoso. Los problemas pueden reducirse casi a la mitad. Por tanto, merece la pena.
Cuando hablamos de un uso saludable de las pantallas, ¿a qué nos referimos exactamente? ¿Cómo sería una relación sana con la tecnología?
El uso seguro y saludable de la tecnología por parte de los menores es una aspiración a la que no debemos renunciar. Cuando hablamos de un uso saludable de las pantallas hablamos, sobre todo, de responsabilidad compartida. Para mí, esa relación sana pasa por lo que resumo con el acrónimo HAPE, que señala a los cuatro grandes responsables. La H es la higiene digital que deben trabajar las familias: establecer normas y rutinas en casa, como no dormir con el móvil en la habitación, no llevarlo al baño o no usarlo mientras se come o se cena juntos. La A es la alfabetización digital, que corresponde al sistema educativo: enseñar competencias digitales y dejar claro lo que no está bien cara a cara tampoco está bien en el entorno digital. La P es la protección digital, que corresponde a las administraciones: crear un marco regulatorio y de garantías para proteger a los menores. Y la E es la ética digital, que debe exigirse a la industria, para que deje de tratar a niños y adolescentes como un nicho de mercado. Por tanto, una relación sana con la tecnología no consiste en que desaparezca de la vida de los niños, sino en graduar su presencia, acompañar su uso y evitar que lo ocupe todo.
¿Dónde está el equilibrio entre prohibir y acompañar?
Prohibir puede ser oportuno en un momento determinado, pero es absolutamente insuficiente. No se trata solo de prohibir, sino de acompañar, educar, escuchar y hacer contrapeso. Hay que trabajar con las familias, con la escuela, con las instituciones y también exigir responsabilidad a la industria.
Los adultos muchas veces no damos ejemplo...
El gran error es olvidar que educamos más con lo que hacemos que con lo que decimos. Además, se pierde autoridad moral. La autoridad no puede basarse solo en la imposición, sino en el ejemplo diario. Por eso el modelado es tan importante: los niños reproducen lo que ven todos los días.
¿Qué papel debe tener la escuela: enseñar a usar la tecnología, poner límites o ambas cosas?
Ambas cosas, pero sobre todo tiene que asumir que la tecnología forma parte de la educación. La vida online y la vida offline no son dos mundos separados: forman parte de una realidad construida entre ambas. Por eso este tema tiene que estar dentro del proyecto educativo de los centros. La escuela debe enseñar a usar la tecnología, pero también ayudar a establecer límites, criterios y valores.
Para cerrar, ¿qué papel cumplen eventos como este Foro? ¿Qué pueden aportar a profesores, familias y a la sociedad en general?
Eventos como este sirven para llegar a la gente y crear conciencia. Y, en ese sentido, me parece muy valioso que detrás esté el Faro de Vigo. El Faro tiene una solera, una credibilidad y un enganche indudables. Los que somos de las Rías Baixas no leemos el periódico: leemos el Faro. Que esa conexión con la población se aproveche para un fin social como este me parece fantástico. Y lo importante es que de estos espacios salgan reflexión, escucha y recordarnos que estamos juntos en esto.
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