De profesión avogado, fue nombrado alcalde de Vigo tras la destitución del afrancesado Alonso Cayro por el pueblo. Entregó la villa a los franceses y tuvo que jurar el nuevo orden, pero supo socavar el yugo francés desde su puesto y con la ayuda de toda la corporación.

Tras la Reconquista ordenaron prisión para él por colaboracionista, siendo redimido de tal pena y reconociéndosele los esfuerzos realizados.