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La pesca en el Índico desembarca en el Possumus

El padre de una alumna del centro explica a los escolares las tareas en los barcos gallegos de gran altura por los océanos del mundo

El marinero Ignacio Refojos, padre de una alumna del centro, durante su charla al grupo de 3º de la ESO.

El marinero Ignacio Refojos, padre de una alumna del centro, durante su charla al grupo de 3º de la ESO.

"La piratería es el gran peligro para la pesca en el Índico, mismo en nuestro barco sufrimos dos ataques de los que logramos zafarnos por poco". Así explicaba el marinero Ignacio Refojos, 43 años pescando en barcos de altura en tres océanos del mundo, la vida en el mar. Lo hacía en un coloquio con los alumnos de 3º de ESO del Colegio Possumus, dentro de una iniciativa promovida por el Departamento de Xeografía e Historia para acercar la unidad didáctica de la pesca a los jóvenes.

Ignacio Refojos, padre de una alumna del curso, se avino a departir con los jóvenes sobre el mundo de la pesca de altura. Lo hizo con pasión y una cercanía que cautivó a los jóvenes, a los que transmitió en mensaje ecologista, a la par que educativo: "es importante valorar el colegio y todo lo que tenéis -les aconsejaba-, porque mundo adelante se ve muchísima necesidad, mucha más de la que podéis percibir por televisión, tanto en los marineros enrolados en los barcos como cada vez que llegas a puerto".

El protagonista explicó que su vínculo con el mar llegó de la necesidad. "Mi padre, que era marinero -refirió-, falleció ahogado y su cuerpo apareció 15 días después en una playa de Vilagarcía de Arousa. En casa éramos seis hermanos y yo, con 9 años, empecé a dejarme caer por el puerto para ayudar a descargar los palangres y ganarme unas pesetas. Un tiempo después, siendo todavía un adolescente empecé a embarcarme".

Su vida en el mar fueron, ahí es nada, 7 años faenando en barcos en el Atlántico, 3 en el Caribe, 5 en Pacífico "y los últimos 30 en las Seychelles y la costa africana". Hoy, retirado, valora aún una oferta de su empresa para irse tres meses a Madagascar para formar a marineros en el procesamiento de pescado. "Me lo estoy pensando -admite-, porque en el fondo el mar ha sido siempre mi vida, y en parte lo sigue siendo".

Sobrepesca

En cuanto a la sobrepesca, que había sido uno de los problemas trabajados por los alumnos en el aula, Ignacio Refojos explicaba que "hemos mejorado mucho gracias a una legislación de la Unión Europea que es más respetuosa con el mar". "Hace años -explicaba- esquilmábamos el mar, pescando con redes de hasta dos kilómetros, y todo el pescado que llegaba a la red servía a los armadores con tal de hacer carga y dinero. Hoy, en cambio, la normativa y la vigilancia es tal que mismo en el barco debemos tener cámara de vigilancia en cubierta y en bodega, cámaras que están operativas las 24 horas y que se manejan por control remoto, y que permiten a los servicios de vigilancia comprobar en todo momento si estamos cumpliendo con las capturas y los tamaños fijados por la ley". Refojos precisó que la UE pretende bajar el tope capturas por barco hasta un máximo de 10.000 toneladas al año, "cuando ahora estamos pescando 14.000, pero es una medida buena en pro de evitar la sobreexplotación del mar".

"Otro aspecto en el que se ha mejorado mucho es la seguridad -apuntaba Refojos a preguntas de los alumnos-. Antes, yo trabajaba en cubierta en bañador y poco más, porque es esas latitudes hace mucho calor, no había controles médicos y moría mucha gente en el mar". "En cambio -añadía-, hoy se trabaja con casco, gomas de seguridad, chaleco salvavidas€ y los controles médicos son exhaustivos, cualquier anomalía en esos controles, mismo el colesterol un poco alto en una analítica, te impide embarcar". Cierto que la muerte por enfermedad, aunque ya menos frecuente, sigue presente en el mar: "recuerdo como hace tres años -refería Ignacio Refojos-, aprovechando que regresábamos a puerto, trasladamos a nuestro barco a un marinero que llevaba días enfermo. El hombre se nos murió a las dos horas, y tuvimos que meterlo en la cámara frigorífica, mismo donde guardábamos los alimentos -añadió ante la perplejidad de los alumnos-, porque había que mantener el cadáver hasta la llegada a puerto".

Temporales y piratas

Los temporales en la zona monzónica y la piratería son los grandes riesgos de la costa índica. "Los piratas -refería el protagonista- llegan en lanchas rápidas y provistos de armamento pesado. Para contrarrestarlo los barcos tienen ahora un protocolo de actuación: cuando suenan las sirenas, se cursa aviso a los militares, nos vamos todos abajo, y cerramos compuertas para convertir aquello en un pequeño bunker. Además cada barco va equipado con cinco o seis miembros de seguridad contratados por el armador, que van armados hasta los dientes y que están entrenados para repeler los ataques". "En mi vida -añadía- fuimos atacados en dos ocasiones, incluso nos dispararon, pero logramos zafar porque estábamos recogiendo y pudimos evitarlos".

A preguntas de los alumnos hablaba también de las dificultades sociales de la vida a bordo, donde la convivencia y la ausencia de la familia "es lo que peor se lleva, sobre todo al principio". "Estuve en barcos en el que éramos 15 nacionalidades diferentes -explicaba-, y con religiones muy distintas. Cuando uno es joven al principio chocas en ocasiones, pero con la experiencia lo acabas llevando bien". En cuanto a la lejanía admite que "internet ha sido un gran avance. Antes contactabas poco porque una llamada vía satélite costaba 2.000 pesetas, esto es, 12 euros ¡por minuto!, hoy hablas por skipe y dispones de una hora al día para ello".

Refojos apuntaba además una de las claves del barco: "el capitán sí, pero el alma del barco es el cocinero, porque un buen cocinero que pone un buen plato de comida en la mesa te hace la vida mucha más fácil. En los barcos hoy se come muy bien, cualquier cocinero dura poco". Aun con estas mejora Ignacio Refojos que consideraba que "el marinero, con todos los riesgos y el estar lejos de la familia, sigue estando hoy muy mal pagado".

*Profesor

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