OPINIÓN
Me colé en el despacho de la directora

La banda del patio. / Disney
Mi primer día en Infantil fue tan dramático para mis padres y mi abuela como excitante para mí. Con tres años recién estrenados, esperaba impaciente a que dijeran mi nombre para poder entrar. Era el Colegio Rúa Palencia, hoy convertido en la sede de la Fundación Igualarte en Vigo.
Cuando por fin escuché la llamada, fui enfilada hasta la puerta y, sin dudar, pregunté: «¿Puedo ir a ver el despacho del director?». La influencia de La Banda del Patio en aquellos años 2000 era inmensa. La profe Amalia, que era precisamente la directora, me sonrió con gracia y me dijo que, por supuesto, podría. Detrás de mí, mi familia intentaba disimular las lágrimas.
Afortunadamente, no vi muchos despachos de dirección a lo largo de mi vida académica, que transcurrió sin sobresaltos, como la de cualquier alumna responsable y con ambición de sacar buenas notas. Pero siempre pensaba en ellos. ¿Qué se hablaría tras esas puertas? ¿Qué comentarían los profesores en su sala de descanso? ¿Cómo sería ponerse al otro lado de la clase?
Cuando llegó el momento de escoger carrera universitaria, Periodismo era mi vocación indudable. Las siguientes opciones que marqué en aquella documentación interminable: Lengua Española y Literatura, Educación Primaria, Magisterio. En otra rama de la higuera de Sylvia Plath estoy formando parte de un claustro de evaluación de bachillerato; enseño los colores a través de canciones, escucho a diario la imaginación desbordante de un niño de cinco años y, seguramente, pierdo de vez en cuando la paciencia en el encerado.
En esta, me ha tocado la suerte de poder saciar mi curiosidad y mis ganas de aprender preguntando a otras personas, entre ellas, a los docentes; o escuchando a tantos y tantas profesionales que reclaman (y trabajan por) el cuidado de la infancia, de la inclusividad, del bienestar social, que en realidad es cosa de todos.
En parte, siendo periodista he podido cumplir ese deseo de saber cómo es estar en el despacho de un director o directora o qué comenta en la intimidad un profesor. Y puedo afirmar lo siguiente: escribir un suplemento de Educación no es cosa menor, porque la educación no es cosa menor, es el futuro. ¡Feliz verano!
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