Del «cole de mayores» a la jubilación: el final de curso en Galicia que cierra etapas vitales
Mientras cientos de estudiantes esperan con ansia el verano para afrontar, ya llegado septiembre, otro nuevo año escolar, para otros tantos este mes de junio supone el cierre de una etapa. Y lo mismo ocurre para muchas familias y docentes

De izda. a dcha.: Julio Picatoste y sus hermanas, Ariana Comesaña, Mateo Brea y su madre, Eva Martínez, Luzía Lores y Juan Carlos Abalde. / FDV
Vacaciones de verano a la vuelta de la esquina. Atrás quedan los madrugones diarios, las tareas y las actividades. Hablamos de ese fin de curso escolar que tanto disfrutan los niños y jóvenes y, a veces, sufren un poco más los adultos.
Pero más allá de los problemas de conciliación o la readaptación tras nueve meses de rutina, el final de curso significa también para muchos el final de una etapa con todas sus letras (y no tiene por qué ser amargo).
Al cole de mayores
Empecemos por los más pequeños de todo, como es el caso del vigués Julio Picatoste. Su madre, Carmen González García, nos cuenta que este mes será el último del niño en la Escuela Infantil Abrente. Ha terminado el primer ciclo de infantil y después del verano, ingresará en «el cole de mayores», del que ya le han hablado sus hermanas mayores, Lola y Guada.
«Es un cambio muy drástico, en la escuela infantil estás acostumbrado como padre a que te digan hasta cuántas veces ha defecado tu hijo y pasas al cole y no es así», admite Carmen, que tras la experiencia de sus dos hijas mayores sabe que «todo va a ir bien» y que los profes de la segunda etapa de Infantil y de Educación Primaria, precisamente por esto, son siempre muy atentos y cuidadosos con las familias.
«Le estamos animando mogollón porque los cambios son buenos, los fortalece»
Además, destaca la labor de Abrente durante estos tres últimos años. «Los preparan para ser súper autónomos y se nota. Julio es consciente del cambio, se lo estamos diciendo y le estamos animando mogollón porque los cambios son buenos, los fortalece. No hay que fomentarles el miedo», opina la viguesa.
Por eso, en casa le están contando al pequeño todo lo bueno que tiene el colegio y los nuevos amigos hará. Y Carmen, admite, siente especial pena por cerrar esta etapa, que define como «maravillosa»: después de pasar los últimos seis años llevando a sus niños a Abrente cada mañana, a partir de septiembre no volverá más.
Más estudio, pero tranquilo
Luca Lumbreras es un poco más mayor que Julio. Está a punto de terminar la etapa de Educación Infantil y empezará Primaria en septiembre. Lo hará en el mismo centro que hasta ahora, por lo que podrá seguir con los mismos amigos con los que lleva desde los tres años, pero el cambio no acaba de etapa no acaba de convencerlo.
«Sentimos mucha nostalgia, ya que cerramos definitivamente una etapa porque no vamos a tener más niños»
«Sabe que tiene que estudiar porque tiene una hermana mayor y se lo dice. Eso no le gusta nada. Además, le dijeron que solo van a tener un patio, motivo por el cual se quiere quedar en infantil», reconoce su madre, Carla Sánchez. Lo más difícil será dejar atrás «las partes tan lúdicas» que había hasta ahora en clase, pero desde tratan de reforzar que «aunque haya que estudiar, también sigue habiendo tiempo para jugar y disfrutar».
La familia no es indiferente al cambio, afirma Carla: «Sentimos mucha nostalgia, ya que cerramos definitivamente una etapa porque no vamos a tener más niños».
Miedo por «los partes»
«Me da pena dejar atrás algunos momentos y actividades que hemos vivido durante estos años en Primaria, porque han sido etapas muy especiales. Hemos vivido excursiones, fiestas, actividades y muchos recuerdos que no voy a olvidar», explica a FARO Mateo Brea, quien empezará la ESO en septiembre en el Colegio Sagrado Corazón Jesuitinas, donde estudia ahora.

Mateo Brea y su madre, Eva Martínez. / FdV
Recibe la nueva etapa con cierta calma, porque estará rodeado de caras conocidas y, sobre todo, con ilusión por «conocer gente nueva y hacer nuevos amigos»; por las excursiones de fin de curso, «que son muy chulas», y hasta por las asignaturas nuevas, «como Historia y Tecnología». ¿Sus temores? El nivel de exigencia superior y «los partes».
«Cuesta darse cuenta de lo rápido que pasa el tiempo»
La madre de Mateo, Eva Martínez, siente una mezcla de ilusión y nostalgia: «Parece que fue ayer cuando empezó Infantil y cuesta darse cuenta de lo rápido que pasa el tiempo». Al orgullo que siente como madre se le junta el shock de que ella, al ser profesora de Primaria en el mismo centro, tendrá que asumir que el niño deja un entorno que conoce muy bien «para pasar a otro en el que ya no estaré tan presente en su día a día».
La ilusión por el futuro de una recién graduada
La viguesa Luzía Lores tiene por delante su primer verano como graduada en Educación Primaria, que define como «la profesión de mis sueños». «Al entrar en la carrera, esa vocación no ha hecho más que crecer», asegura, tan solo unos días después de entregar su TFG, centrado en la educación especial.

Luzía Lores, viguesa recién graduada en Educación Primaria. / FdV
Lo mejor de estos cuatro años que deja atrás es, «sin duda», las prácticas. «Observar cambios en su comportamiento, motivación o rendimiento fue una de las experiencias más satisfactorias, porque me permitió comprobar el impacto que podemos tener los docentes en el desarrollo de los alumnos», cuenta. Su principal objetivo ahora es empezar a trabajar y adquirir más experiencia, aunque no descarta preparar unas oposiciones en un futuro.
Para recargar las pilas antes de sumergirse en el mundo laboral, que imagina «lleno de aprendizaje y nuevos retos», Luzía aprovechará el verano para descansar, pero tampoco al 100%. Será monitora en el campamento de A Lanzada, una experiencia que, confiesa, «me hace mucha ilusión y que estoy segura de que será muy enriquecedora tanto a nivel personal como profesional».
El primer curso de una profe «primeriza»
Dando un salto en cuanto a momentos vitales se refiere, para la segoviana afincada en Vigo Arianna Comesaña, el fin de curso 2025/2026 supone el primero que cierra como profesora en un centro educativo. Ha impartido por primera vez clase de Francés en el Colexio Andersen, que empezó como un contrato de sustitución muy puntual y ha acabado abarcando todo el año (y, a priori, continuará tras las vacaciones).

Ariana Comesaña concluye su primer curso como docente en un instituto. / fdv
De hecho, el camino profesional de Arianna ha sufrido varios giros. Estudió un ciclo superior de Turismo, trabajó en un hotel y después, hizo el grado de Traducción, que compaginó con dar clases particulares. Ahí comenzó a picarle el gusanillo de la docencia y, finalmente, cursó el máster de Profesorado y otro sobre bilingüismo para poder ser profesora en institutos.
«La realidad en el aula ha sido como imaginaba, pero también hubo cosas que me sorprendieron», cuenta, «una de ellas fue la gestión del tiempo. Yo venía de trabajar en una academia con grupos pequeños, donde podía dedicar más atención individual a cada alumno. En el instituto los grupos son más numerosos y las clases duran menos tiempo. Muchas veces quería hacer más actividades o profundizar más, pero no era posible».
Tras superar su «bautismo» en el instituto, afronta el próximo año con ganas de aplicar lo aprendido. «Hace poco una alumna me escribió para darme las gracias por el curso y decirme que esperaba volver a tenerme como profesora el año siguiente. Para mí eso tiene muchísimo valor».
Meta final
Hasta el más pequeño de los protagonistas de nuestro reportaje llegará a este punto: la jubilación. Un final de etapa en toda regla que, para los profesores, supone el final de no solo un curso, sino de toda una carrera vital. El director del CEIP de Chans-Bembrive, Juan Carlos Abalde, está a punto de abandonar los pupitres de forma definitiva.
«Tengo sensaciones encontradas. Por un lado, siento un poco de vértigo, tengo la suerte de estar en un claustro agradable, con una dinámica de trabajo bastante bonita. Pero otro, uno ya tiene cierto agotamiento y después de tener tantas responsabilidades en el día a día, pues sí que apetece descansar», declara a FARO Abalde, que también preside la Asociación de Directores de Centros Públicos de Vigo (Adicopuvi).
«Me gustaría seguir de algún modo vinculado al tema de la educación o formándome de alguna forma»
Juan Carlos lleva 20 años en este centro y los últimos 12, en la dirección. Su especialidad es la educación especial y confiesa que, especialmente desde la pandemia, «todo ha cambiado muchísimo en los colegios». Percibe un incremento del alumnado con necesidades y cree que «mientras la realidad va por un lado, la administración va por otro», lo que ha provocado sendas protestas del sector a lo largo de este curso.
El docente se jubila, pero no se retira de reivindicar mejoras para su profesión y tampoco de querer seguir aprendiendo: «Me gustaría seguir de algún modo vinculado al tema de la educación o formándome de alguna forma. Al final y al cabo, durante 40 años he estado preocupado por la educación en general, y es muy difícil desmarcarse de aquello que te interesa y de lo que algo, aunque sea poquito, sabes».
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