Crecer entre varios idiomas: «Sin duda hay muchas más ventajas que inconvenientes»
Analizamos cómo influye el plurilingüismo desde la infancia en el desarrollo de los más pequeños y qué beneficios y desafíos puede conllevar

Plurilingüismo e la infancia. / Envato
Felipe Sanmartín ha vivido el plurilingüísmo desde la infancia. Nació en Brasil, donde comenzó hablando portugués; a los dos años se trasladó con su familia a Estados Unidos y aprendió inglés; y a los cinco llegó a España, donde incorporó el español y ha vivido desde entonces. Su historia refleja una realidad cada vez más habitual: la de niños que crecen entre varias lenguas desde edades tempranas. Pero, ¿cómo influye realmente el plurilingüismo en su desarrollo?
En casa de Felipe, los idiomas convivían con total naturalidad. Sus padres adaptaban el idioma al país en el que vivían para facilitar el aprendizaje, aunque el portugués siguió siendo la base familiar. Con los años, se instaló una dinámica que para ellos era completamente normal: «Lo más curioso es que mis padres nos hablan en portugués y nosotros les contestamos en español».
La experiencia de Felipe permite acercarse a una de las dudas más frecuentes entre las familias: si crecer con varios idiomas puede confundir a los niños o retrasar el habla.
Influencia del plurilingüismo en la infancia
María Bao, logopeda, lingüista, profesora e investigadora de la Universidade da Coruña, lo descarta: «Crecer en un entorno plurilingüe, multilingüe o bilingüe no compromete para nada el desarrollo del lenguaje». Al contrario, considera que puede ser «una experiencia de riqueza tanto para el sistema cognitivo como para el sistema comunicativo del niño».
María Begoña Castro Iglesias, psicóloga educativa y orientadora, coincide en que los primeros años son especialmente importantes. Explica que el cerebro infantil es «extremadamente plástico» y que esa flexibilidad facilita la adquisición del lenguaje. En la etapa de Educación Infantil, señala, el aprendizaje de una segunda lengua puede resultar más natural porque los niños «absorben la entonación y la pronunciación con mayor facilidad que un adulto».
Uno de los temores más extendidos es que aprender varios idiomas retrase la aparición del habla. Bao matiza que pueden observarse diferencias, pero no necesariamente retrasos. «Los hitos fundamentales del desarrollo son los mismos tanto en niños monolingües como en niños bilingües o plurilingües», afirma. Por ejemplo, un menor puede tener menos vocabulario en una lengua concreta que un niño monolingüe, pero eso suele explicarse por el tiempo de exposición a cada idioma. La valoración, insiste, debe hacerse teniendo en cuenta el conjunto de lenguas del niño, no solo una de ellas.
Castro también introduce un matiz: puede aparecer una «confusión lingüística» transitoria, pero advierte de que lo importante es «no confundir esta fase con patologías del habla o el lenguaje». Para la psicóloga educativa, con el tiempo y una exposición adecuada, los niños superan esa etapa. La clave está en distinguir entre un proceso habitual en contextos plurilingües y una dificultad real que necesite evaluación.
La mezcla de idiomas es otra de las cuestiones que más inquietan a padres y educadores. Felipe no recuerda con claridad si mezclaba lenguas de pequeño, aunque cree que probablemente sí. Para Bao, esa alternancia no debe entenderse como un problema. «Es algo de lo más normal y, además, es un comportamiento lingüístico sofisticado», sostiene. Según explica, los niños aprenden muy pronto qué lengua utiliza cada interlocutor y se adaptan a ella, una muestra de «conciencia sociolingüística temprana».
Donde las especialistas introducen matices es en la forma de organizar los idiomas dentro de casa. Castro considera que, en los primeros años, «cada uno debería usar siempre el mismo idioma independientemente de los contextos» para evitar confusiones. Bao, en cambio, cree que la estrategia de un progenitor, una lengua puede ser útil, pero «no es tampoco ni obligatorio ni necesario».
Para Bao, lo esencial es que el uso de las lenguas sea natural, auténtico y funcional. Por eso, advierte de que ver dibujos o escuchar canciones en otro idioma puede ayudar, pero no sustituye la interacción real. «Los niños necesitan usar las lenguas, interaccionar en ellas, conversar en ellas», explica. Lo importante no es solo cuánto tiempo se escucha una lengua, sino en qué contextos se utiliza y con quién.
Beneficios y desafíos
Felipe considera que crecer entre varios idiomas le ha aportado «una flexibilidad mental y cultural» difícil de explicar para quien no lo ha vivido. También cree que le ha ayudado social y profesionalmente: «Conectas con mucha más gente y profesionalmente es una ventaja clara y directa».
Bao coincide en que los beneficios comunicativos son evidentes: «Cuando tú sabes más lenguas, tienes más posibilidades de comunicarte en más entornos». Castro añade que el plurilingüismo «amplía las oportunidades educativas, personales y profesionales» y fomenta el contacto con otras culturas.
Ambas coinciden en que crecer con varias lenguas no implica solo aprender palabras nuevas, sino adquirir recursos para comunicarse, relacionarse y moverse en entornos distintos. Castro añade que esta experiencia puede favorecer capacidades como la atención selectiva, la memoria, la concentración o la habilidad para alternar entre tareas.
Eso no significa que no haya desafíos. Felipe recuerda que en el colegio le daba vergüenza hablar inglés porque notaba su acento: «Me exponía a que los demás lo notaran también. Todavía hoy me pasa a veces». También tuvo algunos problemas fonéticos al principio con el español.
Para Bao, estas situaciones no derivan de las lenguas en sí, sino de las condiciones en las que se usan. «No hay ninguna dificultad en sí por la exposición a varias lenguas, sino por las condiciones en las que se están utilizando», afirma. La exposición desequilibrada, la falta de hablantes competentes o los prejuicios hacia una lengua pueden influir en la experiencia del menor.
La familia y la escuela son, por tanto, decisivas. Castro recuerda que la familia es «el vínculo directo de apego» y el primer contexto de comunicación del niño, mientras que la escuela cumple una función más pedagógica. Bao insiste en que uno de los errores más frecuentes es abandonar la lengua familiar por otra considerada más útil o prestigiosa. «La lengua de la familia hay que potenciarla siempre», defiende, porque en ella se construyen muchos vínculos afectivos y experiencias cotidianas.
Después de haber crecido entre tres idiomas, Felipe no duda al hacer balance. «Sin duda muchas más ventajas. Las dificultades fueron pasajeras; lo que te queda para siempre es mucho más valioso».
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