La PAU para mayores de 25 y 45 años abre puertas a la reinvención profesional en Galicia: «Los sueños no se pueden dejar escapar»
Hablamos con cuatro gallegos que decidieron presentarse a las pruebas de acceso a la univerdidad para mayores de 25 años. Coinciden en una idea: nunca es tarde para estudiar y perseguir un objetivo

Alba Villar
Aunque la selectividad suele asociarse a estudiantes recién salidos de Bachillerato, cada año decenas de personas mayores de 25 se presentan a unas pruebas de acceso específicas diseñadas para quienes, por diferentes circunstancias, no se presentaron en su momento. En la última década, casi 900 gallegos se matricularon en estas pruebas, gestionadas por la Comisión Interuniversitaria de Galicia (CiUG): 579 en la modalidad para mayores de 25 años y 304 en la destinada a mayores de 45.
Durante la última década, más de 380 personas consiguieron acceder a las universidades gallegas por esta vía, que además reserva un porcentaje específico de plazas en los grados universitarios. Para muchos, se trata de una segunda oportunidad académica; para otros, la llave que les permite reinventarse profesionalmente o cumplir una vocación que había quedado pendiente durante años.
Cuatro historias con un mismo objetivo

Lorena López, Ángela Martínez y Oliver Carballada. / Alba Villar / FdV
La vida de Lorena López Álvarez quedó marcada por la pérdida de su hermano en un accidente de tráfico. Esta experiencia personal y la «mala atención médica en momentos tan trágicos» la llevó a querer estudiar Psicología: «Quise prepararme para poder ayudar a otros en esa misma situación», explica. Actualmente trabaja como Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería y, tras presentarse a la PAU este año con 37 años, empezará la carrera que le apasiona en la UNED.
Volver a estudiar después de tantos años no es fácil. Lorena, aunque reconoce que el mayor obstáculo fue su propio miedo, encontró un apoyo fundamental en los profesores de la academia, Academia Universitaria en Vigo, que la acompañaron desde el primer momento: «Antes estudiaba por obligación y sin motivación. Ahora es porque quiero y porque hay un motivo». Compaginó el estudio con el trabajo sacando pequeños huecos cada día para llevar el temario al día y, pese a los momentos de duda en los que pensó en dejarlo, asegura que una de las mayores satisfacciones de esta etapa fue «callar muchas bocas, incluso la mía, y subir la autoestima al ver que sí podía a pesar de decirme muchas veces que no».
«Antes estudiaba por obligación y sin motivación. Ahora es porque quiero y porque hay un motivo»
«Yo sabía desde la cuna que quería ser profesora». Con esa vocación clara desde pequeña, Ángela Martínez Regueiro trabajaba como educadora infantil, cuando decidió que quería «crecer dentro del mundo de la educación». Para conseguirlo, se presentó durante varios años consecutivos a las pruebas de acceso a la universidad hasta que logró superar la PAU en 2017, cuando tenía 33 años. Ese paso le permitió cursar el Grado en Maestra de Educación Primaria con mención en Pedagogía Terapéutica en la Universidad Católica de Ávila, estudios que ya ha finalizado. Actualmente, con 42 años, prepara oposiciones para seguir desarrollando su carrera docente.
Lo más duro para Ángela fue compaginar la preparación de las pruebas con su vida familiar. Madre de varios hijos y muy exigente consigo misma, reconoce que «el tener que perderme tardes o fines de semana de poder salir y disfrutar de mis hijos por tener que quedarme en casa estudiando me mataba por dentro». Para sacar adelante sus estudios, encontró en las horas de descanso su mejor aliada: «Las noches eran mis mejores amigas». Sin embargo, todo el esfuerzo tuvo recompensa. El primer gran momento llegó cuando obtuvo el apto en la prueba de acceso; el segundo, años después, al graduarse rodeada de su familia: «era algo con lo que siempre soñé».
La vocación por la enseñanza es también el hilo conductor de la historia de Leticia. Madre joven y con una trayectoria formativa siempre vinculada al ámbito educativo, decidió no renunciar a su sueño de convertirse en maestra. Tras haberse presentado en dos ocasiones anteriores a la prueba de acceso sin lograr superarla, en 2023 volvió a intentarlo, esta vez con preparación y a los 37 años. «Era el momento y había decidido que cualquier cosa que se interpusiera, la iba a dejar de lado e iba primero estudiar antes que nada», recuerda. El esfuerzo dio sus frutos y le permitió acceder al Grado de Magisterio que actualmente cursa a distancia en la Universidad Católica de Ávila.
«De chaval estudias muchas veces por obligación, por inercia y sin saber muy bien para qué te va a servir lo que memorizas. Ahora estudias con un objetivo entre ceja y ceja. Hay una madurez y un enfoque práctico que antes no tenía»
Para ella, volver a estudiar no ha sido solo una oportunidad académica, sino la posibilidad de retomar un sueño que había quedado aparcado durante años. Ahora, ya en tercero de carrera, asegura que afronta los estudios de una forma muy distinta a como lo habría hecho años atrás. «Mi sueño durante tanto tiempo fue ser profesora que yo creo que te implicas más en ello», explica. Quizá por eso disfruta especialmente de las asignaturas relacionadas con la Educación Especial y recuerda con orgullo haber superado materias que siempre se le habían resistido, como Inglés.
Oliver Carballada Bautista decidió presentarse a la PAU en 2026 después de quedarse desempleado tras años trabajando en el sector de la logística del automóvil terminado. Lejos de verlo como un revés, convirtió esa situación en una oportunidad para reinventarse profesionalmente. «Al verme en desempleo con 44 años, te das cuenta de que el mercado laboral es más exigente que 25 años atrás y que necesitas mejores armas para competir», explica. Su objetivo era obtener la titulación necesaria para acceder a oposiciones y optar a una mayor estabilidad laboral.
Más allá del reto académico, Oliver destaca que volver a estudiar a una edad más madura le permitió afrontar el aprendizaje de una forma completamente distinta. «De chaval estudias muchas veces por obligación, por inercia y sin saber muy bien para qué te va a servir lo que memorizas. Ahora estudias con un objetivo entre ceja y ceja. Hay una madurez y un enfoque práctico que antes no tenía», reflexiona.
Aunque reconoce que los primeros meses fueron complicados y que recuperar hábitos de estudio exigió esfuerzo y disciplina, asegura que comprobar cómo mejoraban sus resultados fue una inyección de confianza. Convencido de que la edad aporta resiliencia, organización y una visión más clara de las metas, rechaza la idea de que exista una edad límite para formarse: «el simple hecho de haberme matriculado y plantado en el aula ya fue una victoria personal contra el desánimo».
Un llamamiento para atreverse
Todos comparten el mismo denominador común: la convicción de que nunca es tarde para empezar de nuevo y de que la edad no supone ningún límite cuando existe un objetivo claro. Por eso, si algo quieren transmitir a quienes hoy dudan si dar el paso, es que merece la pena intentarlo. «Que se lancen. El no ya lo tenemos, y atreviéndose todo son ventajas aún suspendiendo porque siempre te llevas algún aprendizaje. La vida es eso, un comenzar y recomenzar constante», reflexiona Lorena.
«Si realmente sueñan por conseguir o ser algo, que lo intenten y que no dejen de intentarlo, porque los sueños no se pueden dejar escapar»
Oliver, por su parte, recuerda que el miedo inicial forma parte del proceso y que no debe convertirse en un freno: «Es normal que el miedo al ridículo o al fracaso te frene al principio». Sin embargo, asegura que, una vez superada esa barrera, el camino resulta mucho más llevadero de lo que parece. Un mensaje que también comparte Ángela, que anima a no renunciar a las metas personales pese a los obstáculos: «Si realmente sueñan por conseguir o ser algo, que lo intenten y que no dejen de intentarlo, porque los sueños no se pueden dejar escapar». Al fin y al cabo, sus historias demuestran que nunca es tarde para volver a empezar.
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