Palabras que «rentan» saber para «estar en la onda»
El auge de términos como «six seven» evidencia cómo el lenguaje juvenil evoluciona con el entorno digital y funciona como una señal de identidad y pertenencia entre generaciones

En plataformas como Instagram, YouTube o X, donde cada día se generan expresiones que saltan de un vídeo a un patio de colegio en cuestión de horas. / Envato
El pasado mes de febrero, Iago Aspas firmaba un doblete con el RC Celta de Vigo en un partido ante el RCD Mallorca. Más allá del resultado, lo que realmente llamó la atención fue otro detalle: tras uno de los goles, levantó las manos y repitió un gesto que lleva meses circulando por TikTok, patios de colegio y redes sociales: «six-seven».
La expresión no aparece en ningún diccionario ni tiene una traducción clara: «No tiene un significado fijo», dicen quienes la utilizan. Ni el propio Aspas lo tenía del todo claro. «Mis hijos me decían que lo hiciera… no lo entiendo mucho», admitía después. Y, sin embargo, ahí estaba: un referente de otra generación reproduciendo, casi por contagio, un código nacido en la cultura digital de los más jóvenes.
Porque el lenguaje de las nuevas generaciones ya no se aprende en libros, sino en pantallas. En plataformas como Instagram, YouTube o X, donde cada día se generan expresiones que saltan de un vídeo a un patio de colegio en cuestión de horas.
Palabras como cringe, NPC o facto marcan esa progresiva distancia entre las generaciones Z y Alfa y el resto de los mortales. Términos que llegan, en su mayoría, del inglés y que se cuelan en el lenguaje sin traducción ni filtro.
Cringe resume en una sola sílaba la vergüenza ajena; NPC -tomado del mundo de los videojuegos- sirve para describir a alguien sin personalidad aparente; facto funciona como una validación inmediata, casi incuestionable. Otras expresiones, como stalquear o funar, describen prácticas propias de la vida digital que hace apenas unos años ni siquiera tenían nombre en español: observar sin interactuar, señalar públicamente, exponer.
Lo que para los jóvenes es natural, para muchos adultos se asemeja a un idioma paralelo. Pero, lejos de ser una simple moda, responde a dinámicas más profundas.
El psicólogo Ricardo Fandiño, especializado en infancia, adolescencia y nuevas tecnologías, lo explica con claridad: «funcionan un poco como marcas generacionales, que a ellos les permite identificarse como miembros de un grupo, son señales de pertenencia». Es decir, no se trata solo de palabras, sino de códigos que delimitan quién está dentro y quién se queda fuera.
En realidad, no es un fenómeno nuevo. Cada generación ha construido su propio lenguaje para reconocerse: lo que antes era «estar en la onda», hoy pasa por «six-seven» o entender cuándo algo «te renta». Cambian las palabras, se renuevan las expresiones, pero la lógica permanece intacta: identificar a quienes comparten el mismo código y distinguirlos de quienes quedan al margen de la conversación.
De hecho, el uso de estos términos no es intercambiable entre generaciones. «Si un adulto como yo se acerca a un adolescente y hace la broma, el chiste, usa la palabra del six seven, queda totalmente ridículo», señala. «Para ellos también, no soy reconocible como uno de ellos, pero entre ellos sí».
Esa lógica de grupo explica también por qué estos códigos se expanden cada vez a edades más tempranas. Fandiño habla de una «adolescentización cultural»: «los adolescentes y el funcionamiento de los adolescentes se ha convertido muy central socialmente». En ese contexto, añade, «los niños quieren ser adolescentes, y quieren ser adolescentes pronto».
Por eso no resulta extraño que incluso niños muy pequeños empiecen a utilizar expresiones como «six-seven». En su caso, explica el psicólogo, «es un juego de imitación», mientras que en la adolescencia «se corresponde más con una especie de signo de identificación».
El fenómeno, además, está ligado a una transformación más amplia. «La cuestión de la popularidad es una cuestión muy contemporánea, muy actual», apunta Fandiño, que conecta esta búsqueda constante de reconocimiento con el auge de ciertos términos. No es casualidad que uno de los insultos más habituales entre adolescentes sea precisamente NPC: «un NPC es un irrelevante», advierte, «y eso es lo peor, que ellos sienten que pueden ser irrelevantes».
Pero, lo que hoy es «six-seven», mañana será otra palabra. Otro gesto que los adultos no terminarán de entender.