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Excursiones escolares: una «auténtica herramienta pedagógica» que enfrenta retos

Las salidas escolares siguen siendo clave para el aprendizaje, pero el coste, la responsabilidad docente y el comportamiento del alumnado se han convertido en algunos de los principales desafíos en el contexto educativo actual

Alumnos de 1º y 2º en Baiona.

Alumnos de 1º y 2º en Baiona. / FdV

Vigo

En un contexto en el que la creciente complejidad en las aulas y la paulatina pérdida de autoridad del docente han llevado a que cada vez más profesores se planteen si realmente compensa asumir la responsabilidad de salir de excursión con su alumnado, las salidas escolares se sitúan en el centro del debate educativo.

«Non se pode educar entre catro paredes. De vez en cando a educación ten que salir ao mundo». Con esta afirmación, el docente Xavier Estévez resume una idea compartida por buena parte del profesorado: las excursiones escolares no son un complemento, sino una extensión imprescindible del aprendizaje.

Tutor de 5º de Primaria, lleva tres décadas acompañando a su alumnado fuera del aula. A lo largo de este tiempo ha participado en innumerables salidas, tanto con estudiantes de Primaria como de la ESO, incluso en viajes al extranjero. En su centro, el Colexio Divino Salvador, las excursiones forman parte estructural del proyecto educativo: desde experiencias como la semana en Cantabria en 6º de Primaria hasta distintas salidas culturales y de convivencia en cursos superiores. «Para min, como para o resto do profesorado, son días de moito traballo e pouco durmir, pero vale a pena. Hai cousas que só poden aprender fóra da aula».

Esa experiencia encuentra respaldo en el ámbito pedagógico. Sonia Camino Mata, pedagoga y orientadora educativa, subraya que estas salidas «favorecen la convivencia, el desarrollo de habilidades sociales, la autonomía personal y la creación de vínculos entre iguales y con el profesorado».

«La escuela actúa como un espacio de equidad, acercando oportunidades que no siempre están al alcance de todos»

Sonia Camino

— Pedagoga

Una idea que se concreta en el día a día de los centros y que conecta también con la mirada de Teresa Lemos, quien destaca que estas experiencias permiten al alumnado aprender cuestiones tan cotidianas como «cuidar sus cosas fuera del cole, ir a comprar un helado, hacer preguntas a los guías, compartir comida o gestionarse».

Pero, más allá de lo práctico, pone el foco en el vínculo: «Para los profes es una manera diferente de conectar con los niños, otra forma de convivencia». Y añade: «¡Nos gusta verlos disfrutar!».

Camino insiste en que las excursiones permiten observar al alumnado en contextos distintos, donde aflora su espontaneidad y se fortalecen los lazos. «Son auténticas herramientas pedagógicas», afirma, con impacto directo en el bienestar emocional y en el clima de aula. Un valor que también se proyecta en el recuerdo: «son experiencias que suelen vivirse con ilusión y que generan recuerdos compartidos muy significativos dentro de la trayectoria escolar».

Alumnado de 4º del Sagrado Corazón en Silleda- Fervenzaventura.  | // FDV

Alumnado de 4º del Sagrado Corazón en Silleda- Fervenzaventura. | // FDV

En la práctica, estas ideas toman forma en experiencias concretas como las que describe Lorena Márquez, docente en el Amor de Dios, quien señala que cada salida se diseña con un objetivo claro: «que sexa, ademais de recreativa, significativa», de modo que el alumnado conecte lo aprendido con su propia experiencia. Ese planteamiento se materializa en iniciativas como el Proxecto Cans, para 3º de Secundaria, una propuesta interdisciplinar en la aldea de Cans (O Porriño) donde, a través de dinámicas como el geocaching, entrevistas o carreras de orientación, el alumnado aplica conocimientos mientras se acerca al entorno, la cultura y la historia del lugar. Una actividad que se repite cada año porque, como destaca, «é divertida e interesante para o alumnado», favorece la convivencia y contribuye a «valorar a lingua, a cultura e a paisaxe», dejando una huella que los estudiantes recuerdan «con agarimo».

Esa dimensión emocional y social enlaza con el valor que expertos como Román Marín atribuyen a las excursiones, al considerarlas «una oportunidad perfecta para fomentar la interacción social con iguales y conocer mejor la cultura de otros lugares». En su opinión, son parte esencial del proceso educativo porque «proporcionan experiencias, reales, donde poder aprender e implementar lo ya aprendido», algo que se hace especialmente visible en los viajes, donde incluso «es posible poner en práctica el aprendizaje de un idioma».

Alumnos del Colegio Amor de Dios.  | // FDV

Alumnos del Colegio Amor de Dios. | // FDV

En esa misma línea se sitúa también la experiencia de Eva , profesora del Sagrado Corazón de Pontevedra, donde las excursiones se organizan de forma progresiva a lo largo de toda la escolaridad. Las salidas se adaptan a cada etapa y combinan convivencia, aprendizaje y autonomía, desde las primeras noches fuera hasta viajes más completos. En cursos superiores, destacan propuestas como el viaje a Madrid en 6º de Primaria o itinerarios en Secundaria con destinos como Barcelona, el Camino de Santiago, Cantabria o Francia.

Un planteamiento que también comparte Lemos en el Bouza Brey, donde cada excursión se concibe como un equilibrio entre aprendizaje y ocio. Las mañanas se dedican a visitas vinculadas al temario, mientras que las tardes se reservan para la convivencia en espacios abiertos. Recuerda, por ejemplo, la visita a la Isla de San Simón o las salidas a Cangas, Baiona o las Cíes, adaptadas a cada etapa educativa, en las que aprender y convivir forman parte de una misma experiencia.

Además, Camino señala que las excursiones cumplen además una función «compensadora», ya que permiten que todos los niños y niñas, independientemente de su contexto, accedan a experiencias que de otro modo resultarían difíciles. En ese sentido, «la escuela actúa como un espacio de equidad, acercando oportunidades que no siempre están al alcance de todos».

Alumnos  de 1º y 2º  de Primaria,  en Baiona.   | // FDV

Alumnos de 1º y 2º de Primaria, en Baiona. | // FDV

Desigualdades

En la práctica, el coste de estas actividades puede convertirse en una barrera para muchas familias que no pueden permitírselo. La pedagoga advierte que el alumnado ante esta situación puede «sentirse excluido, diferente o incluso avergonzado». Estas situaciones, señala, pueden afectar a su autoestima y a su integración en el grupo, por lo que insiste en la importancia de «prevenirlas y gestionarlas con discreción y sensibilidad, evitando cualquier tipo de estigmatización».

Para hacer frente a esta realidad, los centros educativos han ido desarrollando distintas estrategias que permitan garantizar la participación sin señalar diferencias. Así, es habitual recurrir a iniciativas colectivas como «la venta de productos, rifas o iniciativas como la lotería de Navidad», junto con una planificación cuidadosa. «La clave está en la planificación»: anticipar las actividades, facilitar pagos fraccionados o buscar apoyos externos. En esa misma línea, Marín propone «organizar salidas con distintos rangos de precio a lo largo de la etapa educativa, dar la posibilidad de vender rifas u otros artículos o crear becas internas para financiar a familias con menos recursos».

Un desafío

Si al inicio del reportaje se apuntaba a la creciente complejidad en las aulas y a la pérdida de autoridad del docente como telón de fondo, es precisamente en las excursiones donde esta realidad se hace más visible. Las salidas escolares enfrentan hoy un desafío creciente: el comportamiento. Tal y como señala Sonia, «resulta paradójico que, siendo las excursiones y salidas escolares una de las herramientas educativas más valiosas, cada vez resulte más difícil llevarlas a cabo». No se trata de una falta de voluntad del profesorado, sino del aumento de la responsabilidad que implican y de la dificultad de gestionarlas con grupos que, en ocasiones, presentan «escasa interiorización de normas básicas de convivencia». Esta situación ha llevado a algunos centros a apoyarse en monitores externos.

«Eu seguirei indo. Se quitas o fermoso da profesión, o que queda non ten moito sentido»

Xabier Estévez

— Docente

Con todo, Camino advierte del riesgo de renunciar a estas experiencias: «las normas, el respeto y la responsabilidad no se adquieren solo dentro del aula, también se educan practicándolos fuera de ella». Por eso, más que cuestionarlas, plantea la necesidad de reforzarlas y de preguntarse «qué apoyo necesita hoy el profesorado» y qué trabajo previo de convivencia requiere el alumnado para aprovecharlas.

Una reflexión que conecta con la experiencia del propio Xavier Estévez, quien admite que «moitos docentes dirán que non, que non lles compensa», pero reivindica el sentido vocacional de estas salidas: «Eu seguirei indo. Se quitas o fermoso da profesión, o que queda non ten moito sentido».

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