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Religión: una materia «herida»

El debilitamiento de su presencia institucional, la pérdida de peso académico y el descenso de alumnado preocupan a un profesorado que denuncia inestabilidad laboral y falta de reconocimiento

Alberto Leira Varela.

Alberto Leira Varela. / FdV

Vigo

La asignatura de Religión atraviesa un momento delicado en el sistema educativo. Las estadísticas más recientes del Ministerio de Educación, correspondientes al curso 2023-2024, confirman el descenso continuado del alumnado que cursa Religión en Primaria, donde el porcentaje está ya cerca de caer por debajo del 50% por primera vez. En Secundaria Obligatoria (ESO) y Bachillerato la tendencia también es descendente, aunque de forma más gradual. En la ESO, el porcentaje ronda el 58%, ligeramente por encima del de Primaria, con un retroceso menos acusado en los últimos cinco años.

En este contexto, Galicia destaca como la comunidad en la que más ha disminuido esta elección: en dos décadas, se ha pasado del 90,9% en el curso 2003-2004 al 53,5% actual.

¿Qué está ocurriendo?

La respuesta, según el profesor Alberto Leira Varela, es compleja. Docente de Religión católica en ESO y Bachillerato desde 1992 y actualmente en el IES Concepción Arenal de Ferrol, sostiene que la materia se encuentra en un proceso de cambio profundo. «La asignatura de Religión suele aparecer en el debate educativo rodeada de tópicos, simplificaciones y prejuicios», explica, y advierte de que muchas veces se habla de ella «sin conocer realmente lo que ocurre en las aulas».

Para entender su situación actual, insiste, es necesario diferenciar entre su reconocimiento legal y su realidad diaria: «existe una brecha importante» entre ambos planos.

El foco recae en dos actores principales: el alumnado, cuya elección de la materia ha disminuido, y el profesorado, que vive una creciente incertidumbre laboral. Según Leira, el descenso de estudiantes ha obligado a muchos docentes a reducir su carga horaria e incluso a trabajar en varios centros para completar su jornada, lo que genera «una situación de inestabilidad profesional».

«La asignatura de Religión suele aparecer en el debate educativo rodeada de tópicos, simplificaciones y prejuicios»

Alberto Leira Varela

Al mismo tiempo, el profesor subraya que se trata de un colectivo poco visible, pese a formar parte del sistema educativo en igualdad de condiciones. Desde el sindicato SIPPREGA, del que es delegado en A Coruña desde 2012, reclama que «la Religión debería recibir el mismo respeto y reconocimiento» que el resto de materias y que los docentes sean considerados «profesionales de pleno derecho en la organización interna de los colegios e institutos».

Una asignatura en reinvención

Uno de los elementos clave es su transformación pedagógica. Leira explica que la materia ha dejado atrás un enfoque centrado exclusivamente en la doctrina para orientarse hacia una perspectiva más humanística. «Ya no se busca solo el “catecismo”, sino que se enfoca como una materia de humanidades», señala.

En este nuevo enfoque, la asignatura trabaja contenidos vinculados a la cultura religiosa, el arte, la historia y el análisis del hecho religioso como fenómeno social, además de fomentar el debate ético y la educación en valores como la solidaridad, la ecología o los derechos humanos.

También se ha abierto a una mayor pluralidad, incorporando el estudio de otras religiones y promoviendo el diálogo interreligioso. Este cambio, según el profesor, responde a la necesidad de adaptarse a una sociedad cada vez más diversa y secularizada.

«Institucionalmente es una asignatura 'herida', pero pedagógicamente intenta posicionarse como un complemento ético y cultural necesario para una formación integral»

Alberto Leira Varela

El punto de inflexión más reciente se sitúa en la aplicación de la LOMLOE, la última reforma educativa, cuyos efectos se reflejan en la actualidad. Es en este contexto -especialmente en comunidades como Galicia- donde se observa con mayor claridad la pérdida de alumnado y la redefinición de la asignatura dentro del sistema educativo.

Leira identifica varias causas. La principal es la pérdida de valor académico de la materia: «No cuenta para la nota media», lo que hace que deje de ser una opción estratégica para muchos estudiantes.

A esto se suma la eliminación de una asignatura alternativa evaluable, lo que provoca que algunos alumnos opten por no cursarla y disponer de tiempo libre o de estudio. También influyen factores sociales más amplios, como la secularización, el cambio generacional en las familias o el descenso de la natalidad.

El propio profesor resume esta situación con una imagen clara: «Institucionalmente es una asignatura 'herida', pero pedagógicamente intenta posicionarse como un complemento ético y cultural necesario para una formación integral».

El valor de Religión

A pesar de esta pérdida de presencia, la asignatura busca redefinir su utilidad. Según Leira, ofrece algo que otras materias no abordan: un espacio para reflexionar sobre cuestiones personales y existenciales. «Con frecuencia las preguntas de los alumnos no tienen que ver con el libro, sino con la vida», afirma.

«Ser hoy analfabeto religioso es ser analfabeto cultural»

Alberto Leira Varela

En ese sentido, la clase de Religión se convierte en un lugar donde los estudiantes pueden hablar sobre el sufrimiento, la muerte, los conflictos o sus propias experiencias, trabajando dimensiones emocionales y de sentido que forman parte de la vida humana.

El profesor también reivindica su valor cultural: «Ser hoy analfabeto religioso es ser analfabeto cultural», sostiene, al considerar que el conocimiento del hecho religioso resulta clave para entender la historia, el arte o las tradiciones.

Además, defiende que la materia contribuye al pensamiento crítico, la educación en valores y el diálogo en sociedades diversas. Desde su perspectiva, no se trata de «rellenar un hueco en el horario», sino de aportar una mirada que complemente la formación académica más técnica.

Padres ante la materia

La decisión de cursar o no Religión ya no responde únicamente a la tradición familiar. En muchos casos, depende del tipo de centro, del enfoque de la asignatura o de su utilidad académica.

Sandra lleva a sus hijas al Colegio San José de Cluny de Vigo, lo que significa que la materia de religión es obligatoria y el enfoque es completamente dedicado al catolicismo.

En el caso de Miriam Pardellas, madre de tres hijas en distintas etapas educativas. Las dos pequeñas estudian en un colegio concertado, donde la asignatura es obligatoria. «Les enseñan más la católica, pero también otras religiones. Sobre todo trabajan valores como la amistad, la empatía o la sinceridad», explica. Sin embargo, el cambio llega con el paso a la enseñanza pública. Su hija mayor, que ahora cursa Bachillerato en un instituto, decidió no elegir la asignatura. «Como es público, la asignatura de Religión es optativa y ella no la eligió, ya que prefirió refuerzo de inglés, porque le venía muy bien; y este curso ha optado por refuerzo de química», resume.

«La asignatura está en un momento de reinvención»

Alberto Leira Varela

En el caso de Arantxa Plasencia, sus hijos han cursado toda su escolarización en centros públicos. En Primaria, explica, la asignatura de Religión era optativa y contaban con varias alternativas. «Había tres opciones: valores, religión católica y otra casilla de “otras”, que yo entiendo que era para otras religiones», señala. Por el contrario, al llegar al instituto, el escenario cambia. Según relata, las opciones se reducen y la alternativa pierde contenido académico. En Bachillerato, esa alternativa se convierte directamente en «libre disposición», que, en la práctica, según describe, «se traduce en que no hacen 'nada'».

En conjunto, la enseñanza de Religión se encuentra en una etapa de transición. Ha pasado de ser una materia con mayor peso académico a una opción voluntaria que debe justificar su lugar dentro del currículo. «La asignatura está en un momento de reinvención», resume Leira, que insiste en que, lejos de desaparecer, trata de adaptarse a un nuevo contexto educativo y social en el que busca mantener su relevancia desde una perspectiva cultural, ética y humanística.

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