2026, un año para observar el espacio exterior
El eclipse solar y la misión Artemis II protagonizan la agenda espacial actual

La superficie de la luna con cráteres en el espacio exterior. / Envato
El calendario astronómico de este año 2026 se perfila como un año para levantar la vista al cielo con dos grandes protagonistas: un eclipse solar total visible desde gran parte de la península ibérica y el renovado impulso de la exploración lunar con la misión Artemis II. Dos fenómenos distintos -uno natural y otro tecnológico- que convergen en una misma idea: la fascinación persistente del ser humano por contemplar el universo.
Ese interés no es casual. Desde la Asociación Astronómica de Vigo, su representante, César González Crespán, explica que la astronomía conecta con algo esencial: «Permite la contemplación de la naturaleza y su grandeza, de una forma natural y ante los cuales la gente disfruta».
El eclipse, al descubierto
El próximo 12 de agosto, al caer la tarde, el cielo ofrecerá uno de los espectáculos más esperados de los últimos años. Un eclipse solar total permitirá observar cómo la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol, ocultando por completo el disco solar en determinadas zonas. González Crespán, lo explica con claridad: «Es un evento astronómico que sucede varias veces al año, aunque sólo es visible desde ciertos lugares, en el que la Luna se interpone visualmente entre la Tierra y el Sol, provocando la ocultación, parcial o total, de este astro».
Pero este no será un eclipse cualquiera. Su singularidad radica en su alcance geográfico. «Es un eclipse solar que tendrá una ocultación total del disco solar desde muchos lugares de la península Ibérica. Desde otros lugares sólo se ocultará parcialmente», señala.
Más allá de su impacto visual, el fenómeno permite comprender principios fundamentales del sistema solar. «Es un acontecimiento que explica la misma mecánica de movimiento de los cuerpos celestes, conocida y explicada su periodicidad desde tiempos antiguos», afirma González Crespán, quien subraya que también ofrece «indicios de la posición relativa de los astros».
Cómo observar sin riesgos
La expectación que genera un eclipse va acompañada de una advertencia clave: la seguridad. La observación directa del Sol requiere precauciones estrictas.
«Una observación segura requiere la utilización de gafas especiales homologadas de protección solar», recuerda el experto. Estas deben utilizarse de forma intermitente, excepto en un breve momento excepcional: «Durante la totalidad del eclipse, que dura poco tiempo, se observa sin gafas, para ver la cromosfera que rodea al sol, y algunas estrellas y planetas cercanos».
Para disfrutarlo plenamente, la recomendación es clara: buscar un lugar con buena visibilidad hacia el oeste y prepararse con antelación antes de las ocho de la tarde.
Regresar a la órbita lunar
La misión Artemis II representa un nuevo capítulo en la exploración espacial tripulada, aunque con diferencias notables respecto al pasado.
«Consistió en el sobrevuelo de la Luna por una nave tripulada, realizando una órbita alrededor del satélite terrestre», explica González Crespán. A diferencia de las históricas misiones Apolo, en esta ocasión no se contempla el alunizaje. «Las misiones Apolo realizaron el aterrizaje en la Luna. En este caso se realizó un sobrevuelo», matiza. El objetivo de fondo, sin embargo, sigue siendo ambicioso: «Volver a pisar la Luna».
Pese al entusiasmo que despiertan estas misiones, desde Astrovigo se introduce una reflexión que trasciende la carrera espacial. «La Luna es desértica, sin atmósfera, y no es habitable para el ser humano. Esta es una realidad que debemos conocer», afirma González Crespán. Y añade una advertencia: «Lo importante no es volver a la Luna, sino volver a mirar hacia la Tierra, que es nuestro planeta y hay que cuidarlo», concluye.
Despertar el interés por la ciencia
La divulgación científica también encuentra su espacio en las aulas. Asociaciones como Sirio trabajan directamente con el alumnado para fomentar el pensamiento crítico y despertar el interés por la ciencia desde edades tempranas. En un contexto marcado por la sobreinformación, Igor Piñeiro advierte: «Hoy en día es todo demasiado rápido, llega la información muy a borbotones», y subraya la necesidad de ofrecer herramientas que permitan distinguir el conocimiento riguroso. Ese acercamiento temprano a la astronomía no solo prepara a los más jóvenes para comprender fenómenos como el eclipse, sino que también transforma su manera de interpretar el mundo. «La ciencia, las matemáticas, o la física que parecen tan aburridas en el colegio, aplicándola a la vida cotidiana, puedes llegar a explicar casi todo lo que ves», señala Piñeiro.
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