Sobrevivir al 'baby clash', la potencial crisis de pareja que desata el nacimiento de un hijo
Según la psicóloga Isabel Fernández, ser padres exige una adaptación en la pareja, pero si la relación ya presenta problemas previos, estos pueden intensificarse al asumir la paternidad

El nacimiento de un hijo puede remover los cimientos de una pareja. / Envato
Los padres primerizos reciben a su bebé con una mezcla de temor e ilusión por la enorme responsabilidad que conlleva la crianza. Sus vidas se transforman para siempre y con ello, ámbitos como su relación de pareja también cambian. Y el proceso puede ser complejo.
La psicóloga Isabel Fernández, del gabinete vigués Amaranta ( especializado en terapia de pareja y perinatalidad, entre otras cuestiones), define el nacimiento de un hijo como «un estresor». «Es una palabra dura, pero es así: es una experiencia muy transformadora, tanto a nivel individual como de pareja», aclara.
Incluso existe un término que describe esa «crisis» que puede atravesar una pareja a raíz de este motivo, el llamado baby clash. La falta de sueño, los cambios hormonales y emocionales, la reducción del tiempo de intimidad o el desequilibrio en la distribución de responsabilidades en el hogar son factores determinantes para que estalle ese fenómeno.
Isabel Fernández subraya que una pareja debe valorar bien en qué estado se encuentra la relación antes de embarcarse en la paternidad. «Si el vínculo es sólido, tiene una buena base y ambos estamos alineados, en principio la llegada del bebé no debería suponer una crisis, aunque sí una adaptación», detalla, «sin embargo, cuando aparece una crisis, suele ser porque ya había problemas antes. Quizá no se percibían o estaban normalizados dentro de la rutina, pero cuando aparece este tercer miembro, ese estresor, todo eso se hace mucho más visible».

Una pareja con su bebé en una imagen de archivo. / Envato
Cuando Bárbara (nombre ficticio) y su pareja, Héctor, decidieron ser padres por primera vez, llevaban juntos nueve años. «Nos conocíamos muy bien y habíamos vivido situaciones que considerábamos estresantes o límite», cuenta esta viguesa a FARO. «Pero claro, aunque conozcas bien a tu pareja, cuando se convierte en madre o en padre cambia, y te tienes que ajustar. Yo misma no soy la misma persona que hace tres años».
Una de las cosas que más le costó digerir a Bárbara fue que su marido no cambiase «su vida» durante el embarazo. La psicóloga Isabel Fernández explica que, en general, «muchas mujeres se convierten en madres desde que el test da positivo, mientras que los padres suelen hacerlo cuando el bebé ya está presente o empiezan a relacionarse con él».
Esto crea una brecha que genera en las madres una intensa sensación de soledad e incomprensión. Los hombres, por su parte, también «pueden sentirse desplazados o inseguros» y pensar «no sé hacerlo como ella» o «ya no me hace caso».
«Aunque conozcas bien a tu pareja, cuando se convierte en madre o en padre cambia, y te tienes que ajustar. Yo misma no soy la misma persona que hace tres años»
«Si no se trabaja, sobre todo a través de comunicación asertiva, intentando entender al otro aunque no estemos en su cabeza, esa distancia crece», matiza la terapeuta. Cuando se cronifica, cuando las discusiones son constantes y «se pierde la confianza como equipo», es recomendable pedir ayuda profesional.
Por otro lado, cabe recordar que de esta "crisis" se puede salir siempre reforzado «como equipo». «Hoy es el nacimiento de un hijo, pero todo lo que aprendemos como pareja y a la hora de comunicarnos y no sentirnos solos nos ayudarán cuando el día de mañana vengan otras situaciones, como un ascenso o la muerte de un ser querido», reflexiona la experta.
Las tareas invisibles
En muchas parejas el problema nace de algo tan cotidiano como el trabajo doméstico. Para Bárbara, y también para gran parte de las mujeres que pasan por el gabinete Amaranta Psicología, la limpieza, el orden y la organización de la casa son el foco de conflicto que más le cuesta afrontar, a pesar de que Héctor y ella, que ya tienen dos hijos, han entrenado al máximo eso de la comunicación asertiva.
«Ellos consideran que ya han hecho mucho con cuidar al niño un rato, y entonces ya no tienen que hacer más. Y nosotras siempre exigimos más. Yo planifico las comidas, las cocino, las dejo hechas… y él las saca, las calienta y se las da al niño. Ese es el reparto», expresa, «si no lo acepto, es una discusión constante. Y hay veces que prefiero callarme y tragar, y enfadarme conmigo misma».
«Muchas mujeres se convierten en madres desde que el test da positivo, mientras que los padres suelen hacerlo cuando el bebé ya está presente»
Fernández reconoce que es«difícil», porque hablamos de una «injusticia», de unas «tareas invisibles» que terminan asignadas sin saber muy bien cómo ni por qué. La psicóloga también recomienda reposar el enfado antes de comunicarlo o intentar plasmarlo por escrito en una carta para nuestra pareja.
Cuando llegan padres a consulta en estos casos, lo primero es hacerles ver que son «el resultado de una educación que no ha sido igualitaria» y las consecuencias que esto tiene sobre su relación. Después siempre es más sencillo que tomen conciencia al respecto y cambien, desde la comprensión mutua y la flexibilidad.
Espacio para la intimidad
El tiempo a solas disminuye con la llegada de un bebé, lo que puede contribuir al distanciamiento de la pareja. La psicóloga Isabel Fernández recuerda casi como un mantra a sus pacientes que este momento de «cansancio y sobreesfuerzo» es «finito» y no dura «para siempre». «El tener esto presente reduce un montón la presión», declara.
Lo «ideal» sería encontrar un equilibrio entre «tres tiempos»: el individual, el tiempo en familia y el tiempo en pareja. Siempre teniendo en cuenta, por supuesto, las necesidades, deseos y posibilidades materiales de ambos miembros.
Bárbara relata que con el nacimiento de su primer hijo esos planes "de dos" desaparecieron por completo (no se sentía preparada para separarse del bebé hasta que cumplió dos años) y hacer colecho, inevitablemente, «resintió la vida sexual», sumado a los cambios hormonales. «Cuando dejamos al niño con mis padres por primera vez una noche y nos fuimos los dos a cenar por ahí a un sitio precioso dijimos 'joder, sí que echábamos de menos esto'. Pero como vas tan acelerado y te metes tanto en la rutina ni siquiera notas que necesitas otra cosa».
«Hace falta momentos en pareja, pero creo también que sobrevalorábamos determinadas cosas e infravalorábamos otras que sí que podemos tener a nuestro alcance y que son mucho más fáciles de conseguir», reconoce la viguesa. Por ejemplo, ahora que ya son padres de dos criaturas, han decidido reservar las noches de los viernes para cenar juntos en casa, aunque sea con un bebé en el regazo. De esta forma, «conversamos, vemos una película o estamos un rato sentados y recuperamos un poco nuestro tiempo».
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